Betancur, el espa√Īol irredento

El fallecimiento del expresidente colombiano Belisario Betancur Cuartas a los 95 a√Īos abre paso a una nueva √©poca. En este momento, seg√ļn una consolidada tradici√≥n hisp√°nica, todo son parabienes, pues nos cuesta mucho mirar de frente a la muerte. En la niebla que esconde el encuentro del personaje con su final en este mundo, escondemos los hilos conductores de las biograf√≠as. Necrol√≥gicas y obituarios, salvo notables excepciones de escritores educados en otras latitudes, constituyen formas de autocomplacencia muy nuestras. Nada de cr√≠ticas por lo general, informativas, poco atentas a los detalles personales. Incluso connotados guerrilleros izquierdistas que combatieron con denuedo y hasta con las armas en la mano el civilismo pacifista de Belisario Betancur, basado en s√≥lidas ra√≠ces morales y cristianas, hablan hoy de √©l como si hubieran perdido un abuelo preferido o un vecino patriarcal con el que coincid√≠an en la escalera.

Betancur, el espa√Īol irredentoFue un excelente cuentero o cuentista, as√≠ que suministraba con inteligencia emocional lo que el oyente esperaba escucharle. En estos √ļltimos a√Īos, en los cuales no descuid√≥ sus deberes como presidente del patronato de la Fundaci√≥n Carolina en Colombia, a la que defendi√≥ con coraje, se apoyaba en su memoria de provinciano prodigioso para hablar, casi al mismo tiempo, de la sabidur√≠a ret√≥rica de los griegos antiguos y la sabidur√≠a de la transici√≥n espa√Īola a la democracia. Entregarle el micr√≥fono en un acto p√ļblico constitu√≠a tanto una necesidad como un riesgo. Se remontaba con la facilidad de quienes estudiaron un buen bachillerato a los griegos Jenofonte y Herodoto, seguro amigos y compa√Īeros suyos de tertulia, pero el siguiente p√°rrafo de su discurso remit√≠a siempre a los lugares originales de sus carencias. La primera era su origen, pues naci√≥ en una vereda de lo que era entonces un peque√Īo pueblo antioque√Īo, Amag√°, en 1923. Alg√ļn polit√≥logo avezado, partidario de las met√°foras discordantes, dir√≠a que el presidente Betancur -as√≠ lo llamaban los colombianos, pues los presidentes no dejan de serlo jam√°s en las rep√ļblicas serias, ni se convierten en jarrones chinos- proced√≠a del sur del sur. De un lugar remoto en la monta√Īa m√°s brava de Colombia. Lejos de ocultar su origen monta√Īero, lo celebraba con la sabidur√≠a de un pol√≠tico avezado y consciente de que detr√°s de sus connacionales habita siempre un campesino.

Hijo de familia humilde, sigui√≥ el conocido itinerario de la meritocracia fomentada en instituciones eclesi√°sticas. Tras emigrar a Medell√≠n, ¬ępara poder sobrevivir¬Ľ, logr√≥ una beca para cursar Derecho en la Universidad Pontificia bolivariana, magn√≠fica entonces y ahora. Con el paso del tiempo, all√≠ quedar√≠a depositada su biblioteca, abundante en ediciones y estudios del Quijote, que muestran a los visitantes con √©nfasis en lo extraordinario del legado libresco. A los 28 a√Īos, Belisario Betancur fue elegido representante a la C√°mara por Antioquia, por el partido conservador. Entre 1953 y 1957 fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente, donde se convirti√≥ en uno de los cr√≠ticos del general Gustavo Rojas Pinilla, el √ļnico y breve dictador militar del que los colombianos tengan recuerdo. El pacto de las elites concretado en Sitges (Espa√Īa) acab√≥ mediante una huelga general con el gobierno militar y puso en marcha el Frente Nacional. Vigente hasta 1974, fue un sistema bipartidista, liberal-conservador, basado en una s√≥lida opci√≥n civilista y modernizadora, que deb√≠a hacer frente a la sublevaci√≥n golpista permanente de guerrilleros izquierdistas de l√≠nea cubana, sovi√©tica o china, de todo hubo, as√≠ como a la necesidad de sacar a Colombia del subdesarrollo.

Betancur fue brevemente ministro de Educaci√≥n en 1960, y en 1963 fue designado ministro de Trabajo y Seguridad Social. Hombre del sistema, Betancur entend√≠a que las necesidades de los colombianos se concretaban en la pr√°ctica de lo que luego se llam√≥ ¬ęconservadurismo compasivo¬Ľ. Vencida la primera carencia, la del provinciano sin fortuna, aceptado en el impenetrable reducto de la elite bogotana, Betancur emprendi√≥ la carrera pol√≠tica a la presidencia de la Rep√ļblica, que en efecto desempe√Ī√≥ en a√Īos tumultuosos, de 1982 a 1986. Justo entre los liberales Julio C√©sar Turbay, autor de la famosa frase ¬ęTenemos que reducir la corrupci√≥n a sus justas proporciones¬Ľ, y Virgilio Barco, un tecn√≥crata preparado y valiente, que empez√≥ el verdadero combate del Estado colombiano contra la plaga del narcotr√°fico.

Tras los sinsabores y dramas de la presidencia, Betancur abandon√≥ la alta pol√≠tica para siempre. Esa fue su tercera carencia. Hoy se le recuerda como el dirigente de un ejecutivo d√©bil, gestor de un proceso de paz fallido, obligado a enfrentar a fines de 1985 la tragedia del Palacio de Justicia y la terrible avalancha de Armero. En el primer caso, un comando de la guerrilla del M-19 asalt√≥ la Corte Suprema y tom√≥ centenares de rehenes, incluso magistrados de las altas cortes. El violento desenlace a cargo de fuerzas armadas y de seguridad produjo centenares de muertos y desaparecidos, as√≠ como la sospecha de que Betancur, en alg√ļn momento, no estuvo al frente de la cadena de mando. En el segundo, el volc√°n nevado del Ruiz entr√≥ en erupci√≥n el mi√©rcoles 13 de noviembre y produjo una avalancha que hizo desaparecer la poblaci√≥n de Armero. Las aproximadamente 31.000 personas muertas y desaparecidas motivaron un agrio debate sobre el retraso en la evacuaci√≥n y la nula prevenci√≥n del desastre. Forzado por las circunstancias, Betancur declin√≥ en un discurso de 99 palabras la celebraci√≥n del Mundial de f√ļtbol de 1986: ¬ęComo preservamos el bien p√ļblico, como sabemos que el desperdicio es imperdonable, anuncio a mis compatriotas que el Mundial de f√ļtbol no se har√° en Colombia, previa consulta democr√°tica sobre cu√°les son nuestras necesidades reales. No se cumpli√≥ la regla de oro, consistente en que el Mundial deber√≠a servir a Colombia y no Colombia a la multinacional del Mundial. Aqu√≠ tenemos otras cosas que hacer, y no hay siquiera tiempo para atender las extravagancias de la FIFA y sus socios. Garc√≠a M√°rquez nos compensa totalmente lo que perdamos de vitrina con el Mundial de f√ļtbol¬Ľ.

Betancur se dedic√≥ con posterioridad a las academias, a sus amigos intelectuales, Gabo entre ellos, y al apoyo a fundaciones y universidades, que ocup√≥ hasta el final de su existencia, pues sab√≠a por experiencia biogr√°fica que solo la educaci√≥n salva a los seres humanos. El encuentro con Espa√Īa tras a√Īos dram√°ticos de vocaci√≥n p√ļblica fue memorable. Betancur recordaba a todo espa√Īol que se cruzase en su camino que hab√≠a sido el √ļltimo embajador de Colombia en Espa√Īa recibido por Franco y el primero acreditado ante el Rey Juan Carlos I, de cuya confianza disfrut√≥, seg√ļn contaba con emoci√≥n, hasta tal grado que le confiaba en ocasiones al entonces Pr√≠ncipe de Asturias, Don Felipe, para un ¬ęviaje de estudios¬Ľ. Reconocido en 2012 como espa√Īol por carta de naturaleza, llevaba a gala ser nacional espa√Īol. Ello le permit√≠a realizar ante auditorios m√°s o menos dispuestos apolog√≠as de la lengua espa√Īola llenas de adjetivos arcaicos, basadas en el poder m√°gico de las palabras. Las mismas que seguir√° entonando, en cadencia perfecta, desde el cielo donde habiten los hombres bondadosos.

Manuel Lucena Giraldo fue agregado de Educaci√≥n de la Embajada de Espa√Īa en Colombia y es miembro de la Real Academia de la Historia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *