Bien, pero con problemas

Por Luis de Sebastián, profesor honorario de Esade (EL PERIÓDICO, 22/11/06):

Lejos de mí dudar de que “España vive el mejor momento de su historia contemporánea”. Pero es quizá inevitable para un profesor de Economía, al oír un análisis tan selectivo y optimista de la economía española como el que hizo el lunes el presidente del Gobierno en Tribuna Barcelona, recorrer mentalmente una lista de argumentos para matizar lo que estaba oyendo. Es lo que me pasó el otro día.
No se puede negar que la economía española lleva creciendo varios años a un ritmo mayor que la de los otros miembros de la Unión Monetaria. Eso es así y es un motivo para alegrarse. Pero también hay que reconocer que los miembros de la Unión Europea están creciendo poco, a un ritmo por debajo del crecimiento promedio de la economía mundial (en torno al 4,5%). A fin de cuentas, un crecimiento promedio del 3% durante los últimos 11 meses deja a la economía española bastante retrasada con respecto a los países emergentes –unos competidores que no debemos despreciar–, los cuales están creciendo con tasas del 7% al 10%. Por lo tanto, es necesaria una llamada a la sobriedad. España todavía tendría que crecer más deprisa para ser más competitiva, absorber el desempleo nativo y la inmigración que no cesa. Y crecer mejor.
Las bases de la bonanza económica son, junto a un turismo masivo en gradual decadencia, la construcción de viviendas y las obras públicas. Aunque estas van a seguir creciendo, el futuro de la construcción de viviendas es más problemático. Por otro lado, el creciente déficit por cuenta corriente, aunque la Unión Monetaria hace posible su financiación, señala una pérdida de competitividad en las manufacturas, incluyendo los automó-
viles, que es nuestra primera exportación industrial. Y a pesar de las tasas de crecimiento de las patentes y otros indicadores de innovación, que mencionó el presidente con orgullo, la verdad es que los niveles absolutos de innovación tecnológica en que se mueven la industria y los servicios son todavía muy bajos. Cuando Zapatero mencionó que el superávit fiscal español (1% del PIB) prueba que España tiene unas finanzas públicas más sanas que las de Japón y Estados Unidos (con déficits del 8% y 6% del PIB, respectivamente), también podría haber dicho que nuestro déficit por cuenta corriente (estimado en el 8% del PIB para el 2006) es mayor que el de Estados Unidos (6,6% del PIB), lo cual es un triste récord.

¿A QUÉ SE DEBE el crecimiento español de estos años? Zapatero respondió de una manera curiosa, recordando que el lunes hacía 31 años de la muerte de Franco, como dando a entender que el crecimiento económico había sido mérito de la democracia, los esfuerzos de los ciudadanos y los gobiernos democráticos. Pero los primeros años de la democracia fueron duros, por no decir desastrosos, para la economía –no por impericia de los gobernantes, sino por la coyuntura internacional–, de manera que algunos llegaron a dudar de que la democracia fuera mejor que la dictadura a efectos económicos. Luego vinieron la entrada en Europa, en 1986, el euro, en 1999 y una coyuntura favorable de la economía mundial que el proceso de globalización trajo de la mano. En los países industriales se contuvieron la inflación y el alza de los costes laborales, en gran medida por la competencia ejercida desde lejos por la fuerza de trabajo, abundante y barata, de los países emergentes. Los precios de las manufacturas bajaron. Bajó el precio del petróleo por un masivo aumento de la oferta. La liberalización de los mercados de capitales generó una abundancia de liquidez que propició la caída de los tipos de interés reales a niveles próximos a cero o incluso negativos en algunos países (Japón). Esta coyuntura, obviamente, favoreció tanto a la democracia española como a las dictaduras china y vietnamita.
Zapatero, como Aznar antes que él, ha sabido navegar con viento favorable (con la mano de Pedro Solbes al timón). El mérito de la gestión económica de Zapatero ha estado en saber poner bien las velas contra el viento para avanzar. Pero hay que reconocer que el papel de la coyuntura internacional en su singladura ha sido muy prominente. Me sorprendió que, al hablar del futuro, Zapatero no mencionara las consecuencias que podría tener para una sociedad tan endeudada como la española un cambio de coyuntura, por una elevación sustancialmente de los tipos reales de interés, por ejemplo. En parte lo entiendo, porque es poco lo que el Gobierno español podría hacer para evitar las consecuencias de un choque macroeconómico, como no fuera redistribuir equitativamente la carga del ajuste que sería necesario.

EL PRESIDENTE pasó con excesiva alegría sobre el problema de la acumulación de capital humano a largo plazo, que concierne a la educación, la ciencia y la tecnología. Debería haber dado al tema toda la importancia que se merece, después de hacer un diagnóstico pesimista, como corresponde a la situación de España dentro de la OCDE, con altas tasas de abandono escolar, escasa formación científica, contadas vocaciones investigadoras y una imparable fuga de cerebros.
En resumen: España va bien, señor presidente, pero no se duerma en los laureles, porque a la economía española le acechan muchas y serias dificultades.