Bienvenidos a una nueva era de inestabilidad política

La amarga victoria de Susana Díaz pone de relieve cuál va ser el denominador común de este nuevo ciclo electoral. Desaparecen las mayorías absolutas y se imponen los pactos de gobierno. La presidenta andaluza, la mujer más feliz del mundo en la noche del 22-M, comprueba ahora en carne propia la dificultad de su investidura y el caro precio que tendrá que pagar por obtener los votos que necesita para seguir ocupando el Palacio de San Telmo. Todo apunta a que tendrá que esperar, al menos, dos meses para que se despeje su futuro. Será entonces cuando en ayuntamientos y autonomías se abra una gran ronda para formar gobiernos caracterizados por la inestabilidad.

Hacía tiempo que no mantenía una larga conversación con él. Mi interlocutor, un dirigente socialista con experiencia de gobierno, vive por y para la política. Una vez comenzada la charla, el tiempo no cuenta.

Bienvenidos a una nueva era de inestabilidad política

Por supuesto, hablamos de Andalucía. Admira a Susana Díaz, su “olfato político, su capacidad para conectar con la calle”. Le planteo las dificultades que está encontrando para lograr que otros partidos se abstengan en la sesión de investidura y él no le da demasiada importancia: “Al final habrá acuerdo, seguramente con Podemos. Pero habrá que esperar hasta después de las elecciones del mes de mayo, porque entonces los remilgos que hacen ahora algunos dirigentes de mi partido a pactar con Iglesias desaparecerán. Claro, habrá que hacerlo sobre la base de unas propuestas concretas, pero ellos ya se están moderando, porque lo que quieren ser es un partido socialdemócrata, como nosotros”.

No hace falta decir que mi fuente es un optimista impenitente. Pero, en su análisis hay algo indiscutible. Si algo han tenido de bueno las elecciones de Andalucía es que han puesto a Podemos en su sitio: 15 escaños. Sin duda, ser la tercera fuerza política es importante, pero lejos de las expectativas que auguraban algunas encuestas.

La cara de Teresa Rodríguez (la candidata de Podemos) la noche electoral reflejaba una decepción incomprensible para muchos. La cuestión es fácil de entender: la mayoría de los sondeos le daban cerca de los 25 escaños. No sólo eso, en una encuesta encargada por Carolina Bescansa, Podemos aparecía como primera fuerza con el 29% de los votos, un punto más que el PSOE ¡Y sus compañeros de partido se lo creyeron! Así que, tras comprobar que quedaba muy lejos de ser el primer partido, no es extraño que algunos de sus dirigentes interpretaran la jornada del 22-M como un varapalo electoral.

Lo que no discute mi contertulio es que nos adentramos en una etapa de enorme inestabilidad política. Ayuntamientos y comunidades tendrán que ser gobernados por dos o tres partidos, a veces con políticas muy diferentes, por no decir contrapuestas.

“Más de uno va a echar de menos la etapa del bipartidismo, ahora tan denostada, y lo que yo preveo”, me dice mirándome a los ojos, “es que, tras unos años de gobiernos débiles, incluido el gobierno central, y de coaliciones inestables, volveremos a un esquema parecido al que teníamos hasta ahora, con dos grandes partidos de gobierno y otros dos más pequeños que pueden jugar el papel de bisagra”.

Lo cierto es que, a pesar de las apariencias, el terreno de juego de la política española se sigue disputando en el centro. Los estudios más serios siguen situando al gran grueso de votantes en ese espectro, aunque un poco inclinado hacia la izquierda.

Si se observa con perspectiva lo que ha sucedido en Andalucía en la jornada del 22-M, no se puede deducir que se haya producido un giro histórico hacia la extrema izquierda. En las elecciones de 1994, en los tiempos de la pinza de Aznar y Anguita, Izquierda Unida obtuvo 20 escaños en Andalucía, los mismos que suman ahora IU y Podemos. Es decir, que desde hace muchos años ha habido una alternativa a la izquierda del PSOE con mucha fuerza al sur de Despeñaperros.

Comparto sólo en parte el análisis de mi interlocutor, que nos lleva indefectiblemente hacia un nuevo escenario bipartidista como si nada hubiera pasado. La experiencia de Italia nos debería poner en guardia.

Todo depende de lo que hagan los dos grandes partidos. De si han aprendido la lección, de si han entendido el mensaje que les han lanzado los ciudadanos de forma tan abrupta como necesaria.

La credibilidad no sólo se logra a base de gestión económica, con ser ésta muy importante. Lo que reclaman es honestidad, transparencia, un sistema electoral que permita mayor control por parte de los votantes hacia sus representantes, mayor cercanía, mayor atención respecto a los problemas que viven los millones de personas que han sido castigados por la crisis y que tienen que ver con su calidad de vida, con sus expectativas de futuro.

Y también con una cierta renovación, con un cambio de caras y de estilo.

En este último requerimiento ciudadano es cierto que el PSOE lleva cierta ventaja al PP. Pedro Sánchez representa un cambio respecto a Rubalcaba. Otra cosa es si su propio partido le va a permitir consolidarse en el poder.

Todo hace pensar que las elecciones andaluzas han sido un antídoto contra las aspiraciones de Díaz a convertirse en líder nacional del partido. Aunque algunos socialistas, muy cercanos a la presidenta de Andalucía, no dan aún por descartado que se presente a las primarias del verano. «Ahí, la cuestión clave es su mala relación con Pedro Sánchez. Eso no ha mejorado. Va a tener difícil justificar ahora, después de todo lo que ha dicho en campaña, su salto a la política nacional. Desde luego, hay mucha gente, entre otros Felipe González, que le está diciendo que tiene que quedarse en Andalucía, pero, insisto, yo no descarto que se presente». Si fuera por mi interlocutor, Díaz estaría haciendo ya las maletas para venirse a Madrid. Aunque Sánchez no la vea como “una china en el zapato” (ver entrevista), hoy por hoy, es su gran rival en el PSOE.

Especulaciones al margen, lo que los dos grandes partidos tienen claro es que el poder, a partir de ahora, tendrá que ser compartido. Madrid y Valencia se van a convertir en las dos batallas clave como antesala a las elecciones generales de noviembre.

En ambos territorios, el PSOE podría terminar gobernando, aun perdiendo las elecciones. Mi informador lo resume así: “El mapa el día de las elecciones municipales va a ser de color azul, pero cuando se tengan que constituir los gobiernos autonómicos y locales me temo que el color va a cambiar al rojo”.

¿Por qué se ha producido esa percepción, constatada en las urnas andaluzas, de que el PP no consigue rentabilizar la mejora económica? Un alto cargo del Gobierno confiesa: “Ha sido la corrupción. La corrupción nos ha hecho mucho daño”.

Casimiro García-Abadillo, director de EL MUNDO.

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