Blas de Lezo, no solo un héroe de bronce

C0n demasiada frecuencia, personajes clave para conocer e interpretar la evolución de un país permanecen en el olvido, sepultados en la memoria colectiva. Pocos ejemplos son tan notorios y lacerantes como el de Blas de Lezo y Olavarrieta (1689-1741). Blas de Lezo es un personaje fascinante, que desarrolló una brillante carrera militar a lo largo de 40 años de servicio. Su biografía es la historia de España y de los Virreinatos americanos durante la primera mitad del siglo XVIII. Su victoria más importante, la batalla de Cartagena de Indias (1741), fue la mayor derrota naval de Inglaterra y hoy es un hecho desconocido por los españoles y deliberadamente suprimido de la historia inglesa.

Audaz y valiente, fue ante todo un hombre de armas, y como tal recibió numerosas heridas, algunas muy graves, que le dejaron discapacitado. Lejos de ser un obstáculo, sus limitaciones actuaron como revulsivo para sacar el máximo rendimiento de sus cualidades y ganar en eficacia. Resiliente es el adjetivo que mejor lo define, por su capacidad para superar la adversidad y adaptarse a las tragedias.

Parte de sus logros militares se apoyan no solo en su facultad como estratega, sino también en su capacidad para gestionar los recursos económicos y materiales a su alcance. Emprendedor e inteligente inversor, aplicó su habilidad en la gestión de su economía y en la administración de las propiedades familiares. Estos ingresos extraordinarios completaban el sueldo de un oficial de la Armada de la época, que cobraba tarde y mal, y permitieron que sus hijos no quedaran desamparados tras su muerte.

Magnífico profesional, antepuso su servicio al Estado y a su Rey por encima de sus intereses personales. A su prestigio como militar se unen su valor, fortaleza y espíritu de entrega, que lo convierten en un héroe. Pero Blas de Lezo no es un héroe de bronce sino de carne. Es un personaje real, con virtudes y defectos. No necesitamos adornar su vida con hechos tergiversados porque Blas está dotado de destacadas cualidades, capaces de eclipsar sus defectos, cualidades de las que podemos aprender y escribir su verdadera historia, para descubrir una persona con grandes valores que sirven de ejemplo a una sociedad tan necesitada de referentes como la actual.

Un héroe no es un individuo aislado, sino el resultado de su entorno y de su sociedad. Desde aquí reivindicamos a un Blas de Lezo compañero, padre, esposo y amigo. Un hombre con una personalidad arrolladora, de genio fuerte, tenaz, perseverante e impulsivo, de viva inteligencia y sólidas creencias, que amó a sus seres queridos y buscó su bienestar, aunque la convivencia familiar fue siempre intermitente, interrumpida por las campañas militares. Vivió momentos felices, pero también sufrió los golpes de la vida, como la muerte de su tercer hijo.

Se sintió humillado por las decisiones de sus superiores o frustrado al no alcanzar sus objetivos, y a veces se sintió solo, muy solo, como en su último destino. En Cartagena de Indias vive más de cuatro años, separado de su familia. A pesar de que ejerce con coherencia y responsabilidad las obligaciones de su cargo, siente que su lugar está junto a su mujer y sus seis hijos y eso le provoca un ardiente deseo de volver a España. Y, sin embargo, vence sus sentimientos y saca fuerza y carácter para enfrentarse a una situación límite, desatada por la guerra contra Inglaterra. Asume, entonces, la inminencia del conflicto y queda atrapado con pocas posibilidades de retorno. Sabe que debe preparar la defensa de una plaza con escasos medios materiales y humanos, y cuando cae enfermo es consciente de que nunca volverá a su Patria.

Los vínculos afectivos no solo le unen a su familia, sino también a sus subordinados y compañeros, a quienes siempre demostró un apoyo incondicional y defendió cuando la ocasión lo requirió, ganándose su respeto y admiración. Lezo trató con más dureza a sus superiores, a quienes demandaba la misma lealtad que él ofrecía, que a sus enemigos extranjeros, de los que no esperaba ninguna concesión.

Leal con sus amigos y duro e implacable con sus adversarios, era también orgulloso, y le costaba admitir la intromisión de aquellos que ejercían el poder político en su ámbito de competencia. Luchó contra el poder establecido y denunció los abusos y el nepotismo de los virreyes. Sus superiores, al sentirse cuestionados, en unos casos le sancionan y en otros le acusan de tener un comportamiento apartado de lo exigible a un buen marino. Su creciente indignación le llevó a realizar constantes reclamaciones y denunciar las injusticias.

Blas de Lezo fue silenciado y olvidado desde el mismo momento en que se convierte en un héroe, cuando arriesga su vida en aras del bien común. Es un olvido injusto y mezquino y por eso se está luchando por recuperar su memoria y reivindicar su verdadera historia, pero no porque sea un héroe sino por el reconocimiento a un buen servidor público, leal, honesto, eficaz y eficiente que cumplió con su deber hasta las últimas consecuencias, siempre guiado por unos sólidos principios.

Mariela Beltrán y Carolina Aguado, comisarias de la exposición «Blas de Lezo, el valor de mediohombre»

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