Blas infante y la realidad nacional

Por Manuel Ruiz Romero, doctor en Historia Contemporánea y experto en la Formación del Estatuto Andaluz (EL PAÍS, 26/10/06):

El pasado 26 de mayo, en un artículo en EL PAÍS, alerté sobre la existencia de determinados errores u omisiones históricas en el anteproyecto de Estatuto reformado que Andalucía remitía a Cortes. Con idéntica intencionalidad que aquella ocasión y, en previsión de faltas que sólo pueden ser subsanadas desde el rigor histórico, procedo ahora a llamar la atención de sus señorías sobre el anuncio que algún portavoz ha realizado localizando el barajado concepto de «realidad nacional» en la Asamblea Regionalista de Ronda de 1918.

De aquel foro celebrado durante los días 13 y 14 de enero se carecen tanto de actas como de fuentes historiográficas primarias. Sólo las páginas de la revista Andalucía (números 74 y 75) recoge dos editoriales de las que, a modo de crónica, se han derivado todas las interpretaciones posteriores. Una de ellas las del propio Blas Infante a lo largo de toda su vida y obra. La falta de eco en prensa constituye una importante dificultad investigadora, a la vez que deja de manifiesto la ingenuidad publicitaria de una convocatoria que sólo se explica en esta localidad debido al recuerdo del I Congreso Georgista Mundial celebrado en 1913. Ideología economicista de la que muy pronto se aparta el Andalucismo Histórico en favor de una mayor dimensión política para el Ideal.

Se recoge en cambio dicho concepto literalmente en el llamado Manifiesto de la Nacionalidad aparecido el primer día del año 1919 en Córdoba. «Nosotros, por esto, estamos fundidos con aquella expresión de la Asamblea Regionalista de Ronda que proclamó a Andalucía como una realidad nacional, como una patria (patria es un grupo humano que siente las mismas necesidades y ha de trabajar por satisfacerlas en común), como una patria viva en nuestras conciencias».

El texto, inmerso en el escenario del Trienio Bolchevique, representa la maduración de un movimiento que transitó de culturalista o puramente económico a político y, que pasa a definirse como nacionalista mientras invitaba a los andaluces a una sensibilización y una respuesta propia de quienes se sabe singular y protagonista responsable. Único método posible, de otra parte, para la nueva España que el regeneracionismo de la Restauración demandaba.

Entre otras cuestiones, aquel imprescindible texto reclamaba autogobierno para Andalucía con poderes ejecutivos, legislativos y judiciales, además de demandar una serie de medidas sociales como: justicia y educación gratuita, voto femenino, igualdad jurídica entre hombre y mujer,… además de novedosas aspiraciones agrarias, sanitarias y educativas. Fruto de aquella estrategia de las fuerzas progresistas del momento, nacionalistas y socialistas, unirían sus fuerzas en una candidatura al municipio cordobés y, porqué no, uno y otros, acercarán sus posiciones. Ambas ideologías harían de la ciudad califal todo un símbolo de la alternativa descentralizadora que llegará con la vertebración regional de España durante la II República. No en vano, el propio Pablo Iglesias colabora con la revista Andalucía, órgano portavoz del nacionalismo andaluz.

Quede así constancia de una nueva colaboración de este ciudadano a un proyecto de reforma estatutaria que apoya, no sin grandes dudas, con el deseo de que el futuro texto sea un avance y una verdadera aspiración de todos los andaluces de conciencia.