Bombas sobre Kiev

Esta semana nuestro billete aparece justo después del bombardeo de Kiev (y otras ciudades) por parte de Rusia en respuesta al atentado contra el puente de Crimea. Una vez acalladas las voces podemitas que buscaban la paz a través de la rendición incondicional de Ucrania, indigna actitud donde las haya, surgen ahora las que reprochan a Europa no buscar la paz con ahínco enfrentándose a los malditos gringos que son los verdaderos culpables. Proponemos una visión un poco más rigurosa y más alejada de Disneylandia. ¿Cómo se alcanza una paz cuando uno de los contendientes no la quiere, o ninguno de los dos?

Pues o bien con la victoria nítida de un solo combatiente (los aliados sobre Alemania y Japón) o con una situación de empate desgastador que hace que ambas partes acepten un alto el fuego casi definitivo con supervisión y acuerdo de grandes potencias. (Las dos Coreas). Veamos la situación sobre lo que sabemos fuera de toda duda y pese a la normal intoxicación y control de la información propios de toda situación bélica. No olvidamos que Rusia rompe la legalidad internacional invadiendo militarmente un país europeo soberano pero sin declararle la guerra.

Cierto es que “Occidente” se pone inmediatamente del lado del país invadido, con los EE.UU a la cabeza, y decide ayudarlo a resistir con armamento, dinero, apoyo logístico, instrucción militar y, muy importante, apoyo tecnológico crucial lo que implica toda la información que proporcionan desde drones hasta satélites. Pero no declara la guerra a Rusia ni permite que las armas cedidas se usen en tierra rusa. De ahí que dejen claro que los atentados que se perpetren en tierra de Putin son obra de los ucranianos. Se puede pensar que “Occidente” pudiese haberse abstenido de una participación activa, como ocurrió cuando la ocupación de Crimea para que hubiera menos víctimas.

Pero no ha sido la decisión porque la lenidad ante la amenaza rusa sobre “ las democracias liberales” y el “Occidente decadente” bien puede llevar a un futuro con muchísimos más sufrimientos para los europeos del futuro. Europa parece haber aprendido de Daladier, Chamberlain y los Sudetes que es menos doloroso parar a un tirano poderoso a tiempo que dejarlo envalentonarse. En la posición tomada, evidentemente, el apoyo militar para la resistencia viene esencialmente de los EE.UU; no olvidemos que Europa es, esencialmente, un protectorado, en el aspecto bélico. Pero la UE ha decidido entrar y apoyar desde la guerra económica y comercial, también el Reino Unido que, además, ha enviado los más sólidos equipos de instrucción y formación. Por supuesto cuando uno entra en una guerra económico-comercial, provoca sacrificios, esperemos que a corto plazo nada más, en su Nación. Eso es lo que hay que explicar muy bien a la ciudadanía.

Pero, volviendo al tema, fundamental, de la paz, no se puede decir plenamente que la actitud de acudir al estrangulamiento económico y ayudar, solamente, a la resistencia en suelo no ruso, sin ayudar a que el duelo artillero se haga transfronterizo por parte de Ucrania, sea favorecer ni potenciar la guerra cruenta. En el presente, Ucrania, aportando una inesperada voluntad de liberación, tiene por objetivo recuperar parte de los territorios invadidos antes de que llegue el invierno, y sobre todo, antes de que Rusia pueda movilizar y formar a sus muy desmovilizados reservistas. ¿Para qué? Para estar en mejor posición en el momento de negociar una paz posible. Para ello necesita que la ayuda occidental no cese, incluso que se incremente. Rusia espera que los sacrificios que se impone Europa acaben minando la ayuda para estar ella en mejor posición negociadora. Europa espera que las sanciones económicas hagan cada vez más mella en la población rusa y aumente la impopularidad de la guerra entre los rusos, debilitando a Putin y a la vez, se prepara para ser menos dependiente del comercio con Rusia lo antes posible para tener mejor relación de fuerzas en las conversaciones de paz, que llegarán. Por eso “Occidente” no puede cesar en su ayuda a Ucrania, sin atacar directamente a Rusia, ciertamente, pero no considerando rusos los territorios anexionados, incluido Crimea.

Son las estrategias posibles y realistas para acercarse a la paz, una paz lo más digna y justa posible. Desgraciadamente el mundo sigue siendo imperfecto y no se obtiene la paz rasgándose las vestiduras ni apelando a hadas buenas que enternezcan a los invasores o sometan a los invadidos.

Dicho lo cual, manifestamos toda nuestra compasión y nuestro indignado dolor ante las víctimas del bombardeo de Kiev, como ante los millares de personas, de uno y otro lado, que han fallecido y fallecen por la invasión rusa de Ucrania.

Coda a modo estrambótico: “El objeto de la guerra es la paz” (Aristóteles)

Por Enrique Calvet Chambon, ex europarlamentario y Presidente de ULIS.

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