Boom inversor en Argelia: ¿hacia un modelo de desarrollo sostenible?

Por Sofiane Khatib, Global Leadership Fellow y responsable para África del Norte en el Foro Económico Mundial (REAL INSTITUTO ELCANO, 22/10/07):

Tema: En este análisis se aboga por dar un mayor peso al sector privado en la economía argelina para poder sostener el ritmo de crecimiento actual y abordar los retos a los que se enfrenta el país. Para ello se insiste en la urgente necesidad de modernizar las instituciones financieras argelinas.

Resumen: Argelia se encuentra en uno de sus mejores momentos en términos económicos, con tasas de crecimiento que no se habían visto en tres décadas. El país vuelve a disfrutar de estabilidad política y la violencia terrorista, aunque todavía presente, está bajo control. Hoy existen la oportunidad y los recursos necesarios para acelerar el ritmo de reformas con vistas a modernizar y diversificar la economía argelina. En la actualidad el sector público constituye casi exclusivamente el motor de desarrollo del país, pero éste no tiene los medios para abordar por sí solo los retos a los que se enfrentará Argelia en las próximas décadas. Para modernizar la economía argelina se debe dar un mayor peso a la iniciativa privada. Sin embargo, el inadecuado sistema financiero argelino ha frenado el desarrollo de un sector privado dinámico y ha limitado el crecimiento del país. Por ello es necesario modernizar las instituciones financieras argelinas y asegurar una regulación más eficaz de estas entidades. Estas medidas son ineludibles si se pretenden aprovechar los beneficios de la eventual integración de Argelia en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de la entrada en vigor del acuerdo de libre cambio entre Argelia y la Unión Europea (UE).

Análisis: Argelia es hoy un país muy distinto al que, en la década de los noventa, padecía una terrible guerra civil, sufría una marcada inestabilidad política y soportaba una situación económica desastrosa. A pesar del recrudecimiento de los ataques terroristas desde abril pasado debido a la creciente actividad del Grupo al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), la violencia está muy lejos de los niveles de la pasada década. Como resultado del efecto conjunto de un proceso de paz, de la incorporación de las corrientes islamistas moderadas en los círculos de poder y de la mayor eficacia de los cuerpos de seguridad,se ha conseguido debilitar de forma significativa la insurgencia islamista.

Gracias a los altos precios alcanzados por los hidrocarburos en los últimos años y a un aumento de su producción de gas, Argelia disfruta desde el año 2002 de una situación económica envidiable. En los cinco últimos años, el PIB real creció una media del 4,9% anual,[2] y se estima que crecerá un 4,8% en 2007 y un 5,7% en 2008. Las balanzas comercial y por cuenta corriente registran un fuerte superávit, las reservas de divisas del país alcanzan más de 70.000 millones de dólares y se espera que lleguen hasta los 80.000 millones en 2008.[3] Una buena disciplina monetaria ha permitido mantener la inflación bajo control a pesar de las fuertes tasas de crecimiento, por lo que el Foro Económico Mundial considera que la situación macroeconómica del país es excelente.[4]

Esta riqueza se está canalizando principalmente a reducir la deuda externa, que ha pasado de 25.900 millones de dólares en 2000 a 6.400 mil millones en 2006 y a financiar un ambicioso programa de infraestructuras públicas y de construcción de vivienda, para el que se prevén inversiones por valor de 60.000 millones de dólares entre 2005 y 2009. Mediante este plan el ejecutivo argelino busca abordar tres grandes retos:[5]

(1) Reducir un nivel de desempleo que, según datos oficiales, alcanzaba en 2005 el 15,3% de la población activa, incluyendo prácticamente la mitad de los jóvenes de entre 15 y 24 años, y también la mitad de la población activa femenina.

(2) Resolver la grave crisis de la vivienda, que coloca a Argelia, con 7,6 habitantes por hogar, entre los países con mayor tasa de ocupación del mundo.

(3) Reducir los desequilibrios regionales enfocando las inversiones en infraestructuras, educación y servicios sanitarios en las regiones más pobres del centro y sur del país.

El sector público argelino ante los retos a los que se enfrenta el país
Los retos a los que se enfrenta el Gobierno para cumplir los objetivos marcados en su plan de desarrollo reflejan cómo la actual estructura de la economía argelina y del sistema administrativo lastra el crecimiento del país. Esto queda patente en cuestiones como el incumplimiento de plazos en los grandes proyectos de infraestructura e inmobiliarios provocado por la limitada oferta de insumos. Asimismo, numerosos proyectos se ven frenados, no por falta de recursos financieros, sino por un sistema administrativo centralizado, poco transparente y burocratizado. A esto se suma la falta de capacidad de la administración para realizar un seguimiento activo de los cientos de proyectos en marcha, tanto por falta de personal cualificado como por la inexistencia de procesos adecuados. Esto tiende a producir un sobre-coste de los proyectos, no favorece el cumplimiento de plazos e incide negativamente en la calidad del trabajo realizado.[6]

Las empresas públicas de construcción están desbordadas, y en muchos grandes proyectos se acaban importando tanto los insumos como la mano de obra, y esto a pesar de la alta tasa de desempleo del país. Esto sin duda reduce la capacidad de arrastre del programa de inversiones sobre el desarrollo de sectores clave de la economía argelina y limita el impacto positivo del plan sobre la sociedad en general, y sobre los niveles de desempleo en particular. El sector privado sólo puede asumir un papel limitado en el plan de desarrollo debido, entre otras razones, al difícil acceso al sistema financiero.

Así pues, el Gobierno está perdiendo la oportunidad de aprovechar la buena coyuntura económica y el boom inversor para dar un fuerte empuje al desarrollo del sector privado. Esto contribuiría a la diversificación de la economía argelina, que en la actualidad sigue dominada por empresas públicas y depende casi totalmente de las exportaciones de hidrocarburos. Una estrategia de desarrollo que diese más espacio a la iniciativa privada sentaría las bases para que un sector privado fuerte y dinámico fuese capaz de contribuir de forma sostenible al crecimiento del país, creando empleo y riqueza en los sectores más competitivos de la economía argelina.

Este es el caso por ejemplo de las industrias intensivas en energía como la siderurgia y las industrias químicas (en particular la fabricación de fertilizantes) que podrían aprovechar dos claras ventajas competitivas de la economía argelina: precios de la energía por debajo de los mercados internacionales y cercanía geográfica a la UE. El sector servicios, particularmente la banca y los seguros, tiene un enorme potencial de desarrollo. Cabe también destacar que, con las medidas adecuadas, la demanda generada por el programa de desarrollo del Gobierno puede beneficiar el crecimiento de empresas privadas de construcción.

El Estado no puede asumir por sí solo los retos que el país deberá afrontar en las próximas décadas. Se estima que la economía argelina tendrá que crecer entre un 6% y un 8% hasta 2020 para absorber la mano de obra que cada año se incorpora al mercado del trabajo. En estos últimos cinco años, gracias principalmente a la creación de empleo público, el desempleo ha pasado de un 30% de la población activa a un 15%. Pero este ritmo de absorción no es sostenible a medio plazo; el Estado está financiando la creación de empleo gracias a los ingentes recursos generados por la venta de hidrocarburos, redistribuyendo así la renta petrolífera entre sus ciudadanos. Pero ni el gas es eterno, ni nadie asegura que su precio se mantendrá en los niveles actuales. Se está perdiendo la oportunidad de crear las condiciones para generar riqueza, en vez de consumirla.[7]

Modernizar el sistema financiero: una necesidad urgente[8]
El Estado debe retirarse paulatinamente de los sectores económicos en los que la iniciativa privada pueda contribuir de forma más significativa al crecimiento de la economía. Las experiencias de otros países árabes aconsejan liberalizar los sectores de servicios, y en particular la banca y el sector asegurador. En efecto, la modernización del sector financiero es la piedra angular del proceso de liberalización de la economía argelina. En la actualidad, según datos del Foro Económico Mundial, la sofisticación del sistema financiero argelino se sitúa a la cola de 128 economías analizadas.

El sector bancario argelino está totalmente dominado por instituciones públicas, y la gran mayoría de los créditos se otorgan a empresas públicas deficitarias, quedando sólo el remanente para la empresa privada. El sistema financiero argelino no cumple con su labor de intermediación financiera; no se canalizan eficazmente fondos a las empresas, que ven su crecimiento frenado por falta de acceso a créditos y a otros servicios financieros. Una encuesta realizada por el Foro Económico Mundial a empresarios argelinos reveló que el difícil acceso al sistema financiero constituye el principal impedimento para hacer negocios en el país.
Así pues, es urgente aumentar el flujo de crédito hacia el sector privado, asegurándose que estos recursos se asignan siguiendo un criterio de rentabilidad económica y no de amiguismo o interés político. Para ello es importante reformar los bancos públicos y los organismos reguladores del sector. También es urgente introducir mejores capacidades de gestión y tecnología en el sistema financiero argelino. Esto implica abrir el capital de los grandes bancos públicos argelinos a socios que puedan aportar las herramientas y los conocimientos necesarios para la modernización del sistema financiero.

Por otro lado, la liberalización del sector asegurador permitirá una mejor gestión del riesgo, incentivando así la inversión a largo plazo del sector privado. Además, con un marco regulatorio adecuado, un sector asegurador liberalizado fomentaría el ahorro y canalizaría los ingresos por primas a oportunidades de inversión en el país. Sin embargo, es de vital importancia que la liberalización del sector financiero venga acompañada de un refuerzo de la capacidad de control de los entes reguladores.

Sin Estado eficaz no habrá un sector privado dinámico y transparente
El descontrol de la administración argelina en materia de regulación de los mercados financieros quedó patente con la quiebra de la mayor empresa privada del país, el Grupo Khalifa, en 2003. A partir de 1998, el Grupo Khalifa se desarrolló de forma fulgurante, abarcando actividades como servicios financieros, transporte aéreo, comercialización de medicamentos, construcción y medios de comunicación. A partir de 2000 el grupo empezó a invertir en Europa, dándose a conocer fuera de las fronteras del país.

Sin embargo, este modelo de crecimiento estaba abocado al fracaso; el banco del grupo comercializó depósitos con unas condiciones extremadamente atractivas, ofreciendo tipos de interés cinco veces más altos que el mercado. Los depósitos, provenientes sobre todo de empresas e instituciones públicas argelinas, se dedicaron a financiar el crecimiento de las otras empresas del grupo en Argelia y Europa, la mayoría no rentables. El banco también realizó préstamos a particulares guiados más por criterios de orden político y mediático que económico, ganándose así simpatías y evitando controles demasiado minuciosos.

La situación se hizo insostenible en 2003, cuando el banco se quedó sin liquidez suficiente para hacer frente a las obligaciones contraídas. En todo este tiempo el Banco Khalifa no sólo no comunicó información financiera fiable, sino que en algunos casos ni siquiera transmitió la información que por ley debía entregar al Banco Central y al Ministerio de Finanzas. Esto fue posible gracias a una red de connivencias con personas clave de los círculos de poder y a la falta de sistemas de control adecuados. La quiebra del Grupo Khalifa costo al Estado argelino cerca de 3.000 millones de dólares, y un sonado escándalo político, con juicio público incluido.[9]

Argelia no es un caso aislado. Las crisis bancarias son fenómenos relativamente frecuentes en las economías que se liberalizan y este “error de juventud” del capitalismo argelino tuvo algunas consecuencias positivas: el Estado reforzó los controles sobre el sector bancario, lo cual llevó al cierre de cinco bancos privados que no contaban con unas cuentas saneadas. Pero la magnitud política del escándalo y el coste económico asumido hicieron que el ejecutivo paralizase bruscamente todo intento de liberalización del sector financiero. La privatización del tercer banco del país, el Crédit Populaire d’Algérie (CPA), que cuenta con el 14% de los depósitos nacionales, lleva retrasándose varios años. Los bancos interesados, entre los cuales figura el Banco Santander, deberán esperar, como mínimo, hasta finales de 2007. Tampoco hay planes para privatizar los otros grandes bancos públicos: Banque de Developpement Locale (BDL), Banque Nationale D’Algerie (BNA), Banque de L’Agriculture et du Développemment Rural (BADR) y Banque Exterieure d’Algerie (BEA).[10]

El escándalo Khalifa redujo a mínimos la confianza del ejecutivo en la propia capacidad del Estado para controlar el proceso de liberalización y, de hecho, reforzó la voluntad del Gobierno de mantener el control sobre el sistema financiero. Las medidas de control impuestas a los bancos redujeron drásticamente el acceso al crédito de las empresas privadas, lo cual está frenando el crecimiento de sectores clave de la economía argelina. Con el fin de evitar situaciones como la del Grupo Khalifa, se han de reforzar los requisitos de transparencia de las empresas, sean estas públicas o privadas. La falta de transparencia constituye un freno al desarrollo de un entorno competitivo sano y reduce la capacidad de control de los entes reguladores. De hecho, los datos del Foro Económico Mundial indican que se deben de modernizar los sistemas de control interno de las empresas argelinas, por ejemplo promoviendo una mejor regulación del funcionamiento de los consejos de administración y mediante la realización de auditorías regulares e independientes.

Cabe también mencionar que 40 años de dominio estatal de la economía argelina han tenido otros efectos que hoy en día también lastran la iniciativa privada y que sólo pueden corregirse paulatinamente. La falta de ejecutivos con conocimientos de gestión actualizados, particularmente en los niveles de responsabilidad media, el uso limitado de tecnologías de la información y la baja sofisticación de las estrategias y operaciones limitan el impacto que el sector privado puede tener en el desarrollo del país. Sin embargo, este panorama está cambiando; a medida que se avance en la liberalización y se abra la economía argelina al exterior, cada vez más ejecutivos argelinos se verán expuestos a nuevas tecnologías y técnicas de gestión. Por otro lado, son cada vez más frecuentes los programas de educación empresarial con participación de escuelas de negocios de primer orden. Un buen ejemplo de ello es la Escuela Superior Argelina de Negocios (ESAA), creada en 2004 con el apoyo de las prestigiosas escuelas de negocios francesas HEC y ESCP. Adicionalmente, a medida que el crecimiento económico y la liberalización ofrezcan nuevas oportunidades es de esperar que cada vez más ejecutivos y cargos intermedios argelinos expatriados vuelvan a su país de origen llevándose de vuelta los conocimientos y las relaciones de negocios que han adquirido en Europa o América del Norte. Según un estudio del Centro Argelino de Investigación en Economía Aplicada para el Desarrollo (CREAD), cerca de 6.000 emigrantes argelinos que volvieron a Argelia en 2006 respondían a este perfil.[11]

La entrada de Argelia en la OMC y el Acuerdo de Asociación con la UE
En caso de confirmarse el ingreso del país en la Organización Mundial del Comercio, el desarrollo de un nuevo modelo de crecimiento económico para Argelia, con mayor participación de la iniciativa privada, será ineluctable. El Gobierno lleva negociando desde 1998 el desmantelamiento progresivo de aranceles y la apertura al capital extranjero del sector industrial y de servicios. Sin embargo, sin un sistema financiero eficaz, el débil sector privado argelino no podrá sobrevivir a la competencia internacional. Por ejemplo, el Gobierno se verá obligado a bajar las tarifas arancelarias de la mayoría de bienes industriales desde el actual 45% de media hasta un 15% como máximo. A día de hoy, los productores de bienes industriales argelinos son en general poco competitivos en los mercados internacionales, y tampoco cuentan con financiación adecuada para modernizar sus procesos de producción y sistemas de gestión. Por ello, sin un sistema financiero moderno, la incipiente industria privada argelina difícilmente sobrevivirá a la apertura del mercado.[12]

Asimismo, la progresiva entrada en vigor de un área de libre cambio con la UE durante los próximos 10 años, según lo previsto en el Acuerdo de Asociación entre Argelia y la UE, firmado en Valencia en 2002, supondrá una mayor exposición de las empresas argelinas a la competencia internacional. Un sistema financiero moderno permitiría a la economía argelina sacar el máximo provecho de esta oportunidad, canalizando los recursos para que los sectores más competitivos de la economía argelina se beneficiende nuevas oportunidades de expansión.

Conclusión: Las reformas preconizadas contribuirán a que el sector financiero se convierta en el pulmón de la iniciativa privada. La disponibilidad de financiación, la existencia de una fuerte demanda nacional, y la posibilidad de acceder a los mercados de la UE,serán elementos claves en el desarrollo de un tejido de pequeñas y medianas empresas y de grupos industriales en los sectores más competitivos de la economía. Gracias al tamaño del mercado argelino, algunas empresas del sector de la construcción y del agroalimentario pueden alcanzar una masa crítica que les permita competir en los mercados internacionales. El bajo coste de la energía también puedefomentar la creación de grandes grupos industriales privados en la rama de la química y la siderurgia, principalmente enfocados a la exportación. Una mayor participaciónde la iniciativa privada en el desarrollo del país permitirá a su vez al Estado liberar recursos y canalizarlos hacia áreas que puedan contribuir a mantener una dinámica de crecimiento como es el desarrollo de las infraestructuras modernas y de un sistema educativo universitario de calidad.

La modernización del sistema financiero argelino implica entre otras medidas, abrir el capital de los grandes bancos públicos argelinos a socios que puedan aportar, sobre todo, tecnología y buena experiencia en gestión. Pero ninguna reforma será eficaz sin una batería de medidas que aumenten la transparencia del sector financiero y doten al Estado de los instrumentos necesarios para una regulación eficaz de la banca. Algunos indicadores permiten ser optimistas: en estos últimos cinco años se han saneado las cuentas de los bancos públicos, se ha producido un aumento significativo del flujo de crédito hacia el sector privado y la calidad de las instituciones argelinas ha mejorado sustancialmente.[13] Hoy existen los recursos económicos y las condiciones políticas para acelerar el ritmo de las reformas. Es de esperar que también exista la suficiente voluntad política para realizarlas.

[1] Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan la posición del Foro Económico Mundial.[2] World Economic Outlook Database, Fondo Monetario Internacional, abril de 2007, www.imf.org/external/pubs/ft/weo/2007/01/data/index.aspx

[3] Algeria Country Reports 2006 y 2007, The Economist Intelligence Unit.

[4] Margareta Drzeniek Hanouz & Tarik Yousef, “Assessing the Competitiveness in the Arab World: Strategies for Sustaining the Growth Momentum”, Arab World Competitiveness Report 2007, World Economic Forum, pp. 3-20.

[5] Programme Complémentaire de Soutien à la Croissance – Plan de Développement 2005-2009, République Algérienne Démocratique et Populaire.

[6] José R. Lopez Calix, “Revue des Dépense Publiques 2005-2006 en Algérie”, Nawafid: La lettre d’information trimestrielle du Groupe de la Banque Mondiale au Maghreb, junio de 2007.

[7] Paul Dyer y Tarek Yousef, “Will the Current Oil Boom Solve the Employment Crisis in the Middle East?”, Arab World Competitiveness Report 2007, World Economic Forum.

[8] Sofiane Khatib, “Algeria: Stability Sets Basis for Transition to Efficiency-Driven Economy”, Arab World Competitiveness Report 2007, World Economic Forum, p. 152.

[9] Ihsane el Kadi, “Khalifa, plus qu’une ‘erreur de jeunesse du capitalisme algérien”, AFKAR/IDEES, verano de 2007.

[10] Chérif Bennaceur, “Libéralisation du secteur bancaire. Les banques françaises favorisées”, Le Soir d’Algérie, 19/III/2007.

[11] Dossier de Prensa del “Réseau des algériens diplômés des grandes écoles françaises”.

[12] Ali Benyahia, “L’accession de l’Algérie à l’OMC retardée d’une année”, El Watan, 31/X/2004.

[13] Governance Matters 2007: Worldwide Governance Indicators 1996-2006, World Bank Policy Research Working Paper 4280, julio de 2007, http://info.worldbank.org/governance/wgi2007/sc_country.asp.

El gráfico al que alude el texto no se incluye por una sencilla razón: es ilegible.