Breviario para decir que no sin que se note mucho

Pongamos que es usted un ciudadano vasco moderadamente nacionalista y progresista, pacifista a ultranza y partidario de la democracia verdadera y completa, no de esta tan defectuosa que padecemos. Por ejemplo, simpatiza usted con Aralar. Y pongamos que se encuentra usted en la tesitura de tener que pronunciarse sobre un asunto peliagudo, sobre eso de la ‘deslegitimación de la violencia de ETA’, esa especie de reflexión y toma de conciencia cultural, social y política que impulsa el actual Gobierno. Usted está contra ETA, faltaba más. Usted es partidario de que acabe, por descontado. Pero no de cualquier forma. No tiene nada claro que deslegitimando a ETA no se acabe deslegitimando un poco (o un bastante, vaya uno a saber) su propio proyecto político. ¿Cómo salir del paso? ¿Cómo decir que no a lo que impulsa el Gobierno sin que parezca por ello que uno está contra la deslegitimación del terrorismo?

Las siguientes líneas le ofrecen, amigo lector, un sucinto pero suficiente breviario de ideas con las que podrá usted construir un sólido discurso para no decir nada pero embrollarlo todo; un brillante argumentario para no avanzar un paso en el proceso de deslegitimación pero dando la imagen, eso sí, de que es usted precisamente el ciudadano vasco más preocupado e interesado en que el terrorismo termine de una vez y para siempre y que la sociedad vasca pase esta página.

1) Exija usted una definición del asunto: empiece por señalar que eso de la deslegitimación del terrorismo es una idea muy vaga y ambigua, que no se sabe exactamente en qué consiste y que puede utilizarse de muchas formas -algunas tendenciosas- si no se precisa mejor. Esa definición que usted reclama, conviene que lo subraye insistentemente, debe ser consensuada, intersubjetiva y transversal. Mientras no se consiga esa definición en la correspondiente ‘mesa’ que habría que formar para ello, usted proclama su honda preocupación y reservas éticas por el asunto. No diga ‘no’, diga ‘bai, baina ez’.

2) Manifieste usted su íntima y dolorida impresión de que el terrorismo de ETA supone un fracaso colectivo de la sociedad y de la política vasca. La responsabilidad por lo sucedido nos atañe a todos, todos somos en algún grado culpables; éste es un argumento de seguro éxito en cualquier audiencia sensible de buen corazón.

3) A renglón seguido, insista usted en la necesidad de un proceso de reconciliación, un concepto muy trabajado por la teoría religiosa y que es también de seguro impacto. Hay que reconciliar a la sociedad vasca consigo misma, y para ello son ingredientes necesarios el perdón y el olvido (mencione también a la ley en este punto, de lo contrario puede haber gestos de duda en el auditorio). ¿Quién va a osar afirmar que él no quiere reconciliarse, o que se opone al perdón?

4) Algo fundamental, generalice las condenas, recurra siempre al máximo común denominador. El lema es: hay que condenar todas las violencias, de todos los tiempos y lugares, de toda clase y condición. Una vez bien sentado en esa cátedra ética, podrá usted señalar como sospechosa cualquier condena particular que se plantee, o por lo menos desviar el asunto hasta un nivel planetario: por ejemplo, es muy sospechoso que quienes no condenan la guerra de Irak sí condenen la violencia de ETA.

5) Apele al sufrimiento humano como rasero de igualación de resultado seguro: no sólo sufren unas víctimas, también sufren otras, y los padres y los amigos y los parientes. El sufrimiento humano es lo más igualitario que existe, y el discurso del patetismo impide cualquier raciocinio objetivo. Nadie puede discutir razonablemente contra un sufrimiento.

6) No cometa el error de enfrentarse directamente a los principios básicos de la democracia, o a una apelación a los derechos humanos. Lo inteligente es sortearlos señalando que están insuficientemente realizados en nuestras sociedades. Libertad, sí, cómo no, pero hay muchas personas sin libertad y unos son más libres que otros, así que cuidado con eso de la libertad. Relativice los principios.

7) Fundamental, plantee usted la duda metódica de todo buen izquierdista: ¿Qui prodest? ¿A quién beneficia? Niéguese a ser ingenuo o cándido, y muestre que las medidas políticas o judiciales benefician a determinados partidos o sectores. Insinúe que todo eso de la deslegitimación, en el fondo, va contra los nacionalistas porque impone una versión sesgada y parcial de la realidad y de la historia. Atención, sin embargo, no se deje atrapar en el argumento, y si alguien le pregunta qué intereses le mueven a usted, proclame de inmediato que hay que ser más sinceros y dialogantes y menos suspicaces.

8 ) Manifiéstese como la persona más preocupada de todas por poner fin al sufrimiento y denuncie, desde esa posición segura, que determinadas estrategias de ‘derrotar a ETA’ pueden provocar un final muy prolongado y confuso en el que todavía habría más víctimas. Para evitarlo lo mejor es un ‘final ordenado’, el cual requiere, cómo no, mucha política y mucho más diálogo.

9) Aproveche y explote a conciencia el triste espectáculo que dan muchos jueces de Madrid con su aplicación de la ley según el momento histórico que ellos interpretan; critique que los jueces metan ahora en la cárcel a quienes ayer consideraban ‘gente de paz’ y laméntese de tanta arbitrariedad. Usted, cómo no, es precisamente un partidario de lo contrario, de una ley objetiva y medida que sea aplicada con rigor.

Puedo garantizarle que, dosificados adecuadamente, todos estos argumentos le harán salir del paso con bien y le permitirán abstenerse de aprobar cualquier medida concreta de deslegitimación de ETA desde una posición de inatacable superioridad moral. Para muchos, será usted incluso un ejemplo viviente de ética aplicada. Y es que, no se olvide, usted vive en Euskadi.

J. M. Ruiz Soroa