‘Brexit’

El jueves próximo los británicos decidirán si quieren seguir o no en la Unión Europea (UE). Los sondeos están muy igualados, pero gana cierta preponderancia por primera vez, a la hora de escribir el artículo, la posibilidad del Brexit. ¿Cómo se ha llegado a esta situación? El Reino Unido siempre ha sido reticente a la integración europea, no fue un miembro fundador en 1957 y no se unió a la UE hasta 1973 superando el veto del general De Gaulle. Los británicos han tenido una visión económica del proyecto, mientras que para Francia y Alemania era política, un abrazo que evitaba guerras. En efecto, el Reino Unido ha sido un gran defensor del mercado único europeo, de su ampliación, y cree en la competencia como mecanismo eficaz para asignar recursos. La creación del euro y la consiguiente presión para avanzar en una mayor integración política han provocado una fuerte tensión con Gran Bretaña. La crisis y el auge del populismo han hecho el resto, confirmando las peores sospechas sobre los problemas que acarrearía la moneda única. La lista de razones para los partidarios del Brexit es larga, entre ellas recuperar soberanía, y evitar el déficit democrático y la sobrerregulación de la UE. Sin embargo, entre todos los argumentos atizados por el populismo sobresale la inmigración, sobre todo a partir de la entrada de nuevos miembros en la UE. Ello es así porque los partidos tradicionales no han sabido resolver el deterioro de los servicios sociales por falta de inversión en los barrios donde se concentran los inmigrantes. No hay que olvidar tampoco que crece la impresión, y no solamente en el Reino Unido, de que la economía está fallando en Europa. En efecto, tanto en Francia e Italia como en España más del 60% de los encuestados por el centro Pew desaprueban la política económica en la UE.

La sociología de las preferencias de los votantes es muy interesante. Están a favor del Brexit los votantes conservadores (liderados por el anterior alcalde de Londres, Boris Johnson, que aspira a desbancar a David Cameron como líder), los más pobres y las personas de más edad. Por el contrario, los votantes laboristas (que no su histriónico líder), los más ricos y los más jóvenes están a favor de permanecer en la UE. Escocia también quiere quedarse.

Las razones para estar en contra del Brexit son muy poderosas. A corto y medio plazo las consecuencias económicas serían perniciosas, con una economía más cerrada y que recibiría una menor inversión exterior. Cabe destacar que casi el 45% de las exportaciones británicas van al resto de la UE, mientras que solamente el 8% de las exportaciones de la UE van al Reino Unido. Los incentivos de las dos partes no son simétricos y la UE no querría dar facilidades a un miembro del club a salirse y mantener condiciones privilegiadas de comercio. De hecho, si Gran Bretaña quisiera tener un estatus de libre comercio como Noruega en el Área Económica Europea debería contribuir prácticamente lo mismo que contribuye ahora, aproximadamente un 0,35% de su producto interior bruto. Los ahorros potenciales para el presupuesto público que los defensores del Brexit argumentan se esfumarían. Sectores como la investigación ya han advertido, mediante voces muy cualificadas, que el Brexit pondría en peligro la ciencia puntera (que recibe generosos fondos de la UE). La controvertida inmigración ha contribuido, según los estudios, al crecimiento británico. Finalmente, la posición de la City como centro financiero se vería erosionada por la salida británica de la UE debido a que sus bancos perderían el pasaporte para exportar servicios a otros países europeos.

Aun así, nos equivocaríamos si solamente realizáramos un cálculo económico sobre el Brexit. El impacto mayor sería político y podría ser devastador para la UE. No sólo el Brexit implicaría una Europa más débil en términos de defensa, sino también más intervencionista y que, en último término, se adaptaría peor a la globalización. El Brexit podría desestabilizar una UE tocada por la crisis y con falta de horizontes claros, y aumentar la probabilidad de su implosión. El Brexit deja a Alemania la responsabilidad del liderazgo de Europa. Las declaraciones recientes de su ministro de Finanzas, Schäuble, según las cuales no se debe plantear una mayor integración en respuesta al Brexit, indican el vértigo de asumir este liderazgo. Sin embargo, la amenaza del Brexit, o su materialización, puede también representar una oportunidad de reforma para Europa. Esto es así porque pone de manifiesto que la idea de un proceso de mayor integración constante de los países de la UE ha fracasado y que hay que asumirlo. Gran Bretaña nunca estará en este proceso, pero los países de la eurozona deberán integrarse mucho más políticamente o el proyecto no ya de la moneda única sino de la UE también fracasará. Sería nefasto que una decisión en contra del Brexit, como esperan las apuestas y los mercados de predicción, representara la vuelta a la supuesta normalidad del “aquí no ha pasado nada”.

Xavier Vives, profesor del Iese.

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