Bush estaba en lo cierto: a veces la guerra vale la pena

Por Mark Steyn, periodista (GEES, 10/11/05, publicado en The Australian, 19 de octubre de 2005):

No oculto a nadie mi desprecio hacia Naciones Unidas y todas sus labores, pero el otro día sí que me acaloré con UNICEF. Hace justo una semana, en la televisión belga, la agencia de la ONU para la infancia estrenaba la primera película para adultos que presenta a los queridos personajes infantiles de dibujos animados (queridos para los belgas, de todos modos) los pitufos. Por ”adultos” no quiero decir que fuera una blue movie[1]. Sólo los personajes eran azules. Pero era una película para adultos en el sentido de que los pitufos eran masacrados durante un ataque aéreo contra su aldea, hasta que sólo queda en la escena final el Bebé Pitufo, llorando solo, rodeado de cadáveres de pitufos por doquier. Es la primera snurf movie[2] de los pitufos.

Bien, pensé, diga lo que quiera acerca de la ONU, pero cualquier organización que quiera bombardear a los pitufos no puede ser mala del todo. No como esos peleles del consejo británico municipal que prohibieron a Piglet el otro día porque algún musulmán lo encontraba ofensivo. ¿Por qué no hicieron simplemente un vídeo de Blockbuster atacando con armas nucleares el Bosque de los Cien Acres y dejando que Pooh muriera en una fosa radiactiva de Heffalump[3]?

Fallo mío. Aparentemente, UNICEF rodó el corto como recaudación de fondos para destacar cómo las principales víctimas de la guerra son los niños. Mientras el Bebé Pitufo se lamenta en medio de ruinas devastadas, vemos las palabras: ‘No deje que la guerra afecte a las vidas de los niños’.

Oh, vale. De la carnicería de pitufos no está claro si su aldea es una jurisdicción soberana — el último estado azul — o si son simplemente alguna desgraciada minoría en el seno de alguna nación multiétnica, los kosovares del Bob Esponja[4] de Slobodan Milosevic. Pero de cualquier manera los aviones de guerra llegan y los miembros de cuerpos azules explotan por toda la aldea.

Buena suerte a UNICEF y demás. Pero no puedo evitar pensar que, si estás así de preocupado por los niños en zonas de guerra, podrías haber hecho algo más parecido a cómo es el conflicto real en esos lugares. En Ruanda, en Sudán y en una gran parte del oeste de África, los ataques aéreos son pocos y contados. El lugar de eso, millones son troceados con machetes hasta morir. Incluso en las fronteras mismas de Eutopía, centenares de miles mueren en los Balcanes de modos rudimentarios y artesanales.

En el 2003, Charles Onyango-Obbo escribía una fascinante columna en el este africano divagando acerca de la reaparición del canibalismo, tras noticias de que los rebeldes respaldados por Uganda en el Congo estaban haciendo que los miembros supervivientes de las familias de sus víctimas se comiesen partes del cadáver de sus seres queridos. ‘Mientras que el colonialismo es malo’, decía, ‘el colonizador que llega en avión, vehículo o barco es mejor — porque tendrá que construir un aeropuerto, una carretera o un muelle — que el que, como el ejército ugandés, llega y se va de la mayor parte del este del Congo a pie’. Precisamente. Si vas a ser atacado, lo mejor es ser atacado por un enemigo relativamente avanzado. En comparación con ser alimentado a la fuerza con los genitales de Papá Pitufo, castigar su aldea en algún ataque aéreo clínico es la opción menos mala para el Bebé Pitufo.

¿Por qué nos mostraría la UNICEF una forma de Pituficidio tan inverosímil? Bien, ya sea intencionadamente o no, están evocando la guerra a la que la mayor parte de su audiencia — en Bélgica y más allá — se opone: la guerra de Irak, donde el invasor sí que tenía en realidad una fuerza aérea. Así es como el ‘progresista’ occidental medio concibe aún la guerra, como algo que el gran Pentágono abusador hace a las débiles víctimas.

Pero esta semana es una semana para recordar que hay cosas peores que la guerra que ‘afecta a las vidas de los niños’. Si yo fuera Papá Pitufo, no querría que el Bebé Pitufo creciese en el Irak de Saddam. No lo digo solamente porque habríamos sido la sitiada minoría del Pitufistán, a ser gaseada y apilada en fosas comunes. Incluso si fuéramos parte de la propia clase aprobada por Saddam residiendo en el Triángulo Pitufín, aún es una vida marcada permanentemente entre el terror y la resignación a que las esperanzas de todos los padres para sus hijos estén subordinadas a los caprichos de un jefe de estado psicópata.

Hoy ese Irak es historia — no a causa de UNICEF o de otras instituciones transnacionales que confieren respetabilidad a dictadores, sino porque América, Gran Bretaña, Australia y algunos otros estuvieron dispuestos a ir a la guerra. Huelga decir que para los gruñones de los medios, la aprobación de la nueva constitución fue sólo el desastre más reciente. ‘Para la administración Bush, la evidente aprobación de la constitución de Irak no es tanto una victoria como otra oportunidad más de posibilitar una solución política que no desemboque en la división sangrienta de Irak’, escribía Glenn Kessler en el Washington Post, lo bastante confundido por las escenas felices de millones votando como para por lo menos hacer su apuesta. No así el querido cómico agorero de Australia, Paul McGeough, cuya crónica post referéndum en el Sydney Morning Herald era titulada apocalípticamente: ‘Experimento iraquí saltándole los puntos’.

Lo que quieras. Ya no cuenta lo que pensemos nosotros los ‘reaccionarios’ o lo que piensen los gruñones de los medios. Aunque pueda ser periférico para las preocupaciones del tumulto ‘de la paz’, al final cuenta el pueblo iraquí. Al contrario de las previsiones de ‘guerra civil’ de la prensa (hoy con dos años y medio de retraso), el calendario americano se ha mantenido al día, normalmente porque a última hora, los díscolos iraquíes logran salir de la apatía por sí mismos y se ponen deacuerdo. 16 de las 18 provincias de Irak — incluyendo las de mayoría sunní — votaron en favor de la constitución más liberal, democrática, federal y pluralista de Oriente Medio. Un desastre para los medios, pero digno del regodeo de todos los demás.

Sea lo que sea lo que la administración Bush pilló mal, una cosa importante la pilló bien: que, si perseverabas, Irak tenía el potencial para funcionar como sociedad libre en una parte del mundo en la que nunca ha existido tal cosa. Eso fue una apuesta arriesgada y bastante despreciada. Pero Washington juzgó correctamente: dada la radicalización del mundo árabe, y la arabización del mundo islámico, y la islamización de gran parte del resto del mundo, acabas teniendo que solucionar el problema en la fuente.

En ocasiones la guerra vale la pena. Y, si crees que no, mira las escenas de apertura de ese vídeo de UNICEF — pitufos cantando, bailando, saltando felizmente — e intenta imaginarte viviendo en un pitufienclave de una provincia que quiere introducir la Sharia.

Notas:

[1] Literalmente película azul, es un género cinematográfico con escenas de sexo explícito, pero que a diferencia del porno corriente, conserva un argumento.

[2] Snuff movie, gore.

[3] El Heffalump es una criatura imaginaria que Piglet y Pooh se pasan el tiempo intentando cazar, pero que nunca aparece ni se sabe cómo es.

[4] Bob Esponja es un personaje infantil, que sirve al autor como ironía: Bob es una esponja, y está hablando de la limpieza étnica de los Balcanes.