Bush y sus americanos

Por Juan A. Herrero Brasas, profesor de Etica Social en la Universidad del Estado de California (EL MUNDO, 05/11/04):

Los que creían que una vez demostrada la inexistencia de los arsenales de armamento de destrucción masiva -argumento central y fundamental con el que se justificó el ataque a Irak- el presidente de Estados Unidos estaba sentenciado a perder las siguientes elecciones se han llevado una gran sorpresa. Aunque seguramente son muchos más los sorprendidos en Europa, también en Estados Unidos los resultados electorales ha causado perplejidad y amarga decepción en millones de personas, en esa América progresista pero minoritaria.

La otra América -permítaseme, para abreviar, que use el término América como sinónimo de Estados Unidos- la conservadora y puritana, será la que siga llevando las riendas del país, y en buena medida del mundo entero, durante los próximos cuatro años. Es la América que en los referendos populares que periódicamente se celebran en muchos estados, y que en este caso han coincidido con las elecciones, ha favorecido de modo abrumador las propuestas reaccionarias.Por ejemplo, en California, un Estado generalmente tildado de progresista, los votantes han rechazado mayoritariamente una propuesta que habría obligado a los empresarios a proveer seguridad médica para sus trabajadores. Hace unos años ya los votantes californianos rechazaron abrumadoramente el establecimiento de un sistema de Sanidad pública similar a los de Europa (la propuesta sólo obtuvo un 28% de votos favorables).

También, por limitarme a California, que es donde vivo, los votantes han rechazado aquí una propuesta para derogar la ley de los three strikes, que podríamos traducir como de las tres sentencias.Según esta ley, que fue aprobada en 1993 también en uno de estos referendos populares, cualquier persona convicta por tercera vez, sean cuales sean los delitos que haya cometido, podrá ser condenada a cadena perpetua y deberá, en cualquier caso, cumplir una condena mínima de 25 años de cárcel. Esta ley ha llevado a que se impongan tan disparatadas condenas por delitos con los que no guardan absolutamente ninguna proporción. Se han impuesto tales sentencias sobre personas cuyo tercer delito ha consistido, por mencionar algunos ejemplos, robar unas cuchillas de afeitar, en uno de los casos, hurtar una rueda de repuesto o en otro caso unas pilas de transistor valoradas en menos de tres dólares.

En otro caso el delito consistió en rellenar un formulario de solicitud del carnet de conducir con información falsa. Tras el reciente referéndum, la ley de las tres sentencias seguirá en pie. A diferencia de California, en otros estados que tienen la misma ley se requiere cuando menos que los tres delitos sentenciados sean violentos.

Tampoco es posible dejar de mencionar los 11 referendos en que se han aprobado medidas para prohibir de modo explícito el matrimonio a gays y lesbianas (en algunos de estos plebiscitos han aprovechado y han prohibido ya de paso también las leyes de parejas de hecho para gays y lesbianas). California, la progresista, se adelantó y aprobó ya hace años dicha prohibición matrimonial, también en referéndum. Ahora el propósito declarado de la América reaccionaria es la aprobación de una ley federal que prohíba constitucionalmente el matrimonio entre personas del mismo sexo en todos los estados.El objetivo es acabar con la ley del Estado de Massachusetts que desde hace aproximadamente un año los permite. Y lo conseguirán, no les quepa duda. Tal es el contexto social en que sustenta la reelección de Bush.

La úlima encuesta de Gallup con anterioridad a las elecciones ponía de manifiesto que a los norteamericanos les preocupan más las cuestiones morales, como el matrimonio gay, que las políticas o económicas. Pues moral de ésa va a haber mucha en Estados Unidos por un largo periodo, porque los nombramientos que se producirán en los próximos años para el poderosísimo Tribunal Constitucional (US Supreme Court) quedan en manos de un aparato federal con mayoría republicana, tanto en lo legislativo como en lo ejecutivo.Todo augura una larga era de conservadurismo puro y duro. Es el conservadurismo puritano e hipócrita, que hace gala de un concepto de libertad individualista (que no es lo mismo que libertad individual), la libertad, por ejemplo, para seguir comprando armas. Por cierto, como es sabido, desde hace unas cuantas semanas ya es posible comprar ametralladoras, una vez eliminada la restricción legal que se impuso durante unos años a la venta de ese tipo de armas, que, sin temor a exagerar, podríamos denominar de destrucción masiva.

A esa América reaccionaria le gusta la mano dura. Duras sentencias de prisión y, claro está, la pena de muerte, que tan alegremente se aplica en estados como Texas, del que Bush fue gobernador.Por un crimen cometido a los 17 años se ejecuta a una persona 30 años después, una persona ya a todos los efectos diferente de la que cometió el crimen. O el ejecutado es un retrasado mental que carece de plena responsabilidad moral por el crimen cometido...En fin, los casos son bien conocidos y aireados por la prensa como para que haga falta repasarlos aquí en detalle.

El mismo deseo de venganza que subyace a un sistema penal tan inhumano es, por lo que dejan entrever las opiniones que uno escucha, lo que ha impulsado a algunos a votar por un presidente que o bien les engañó en la cuestión de las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak o bien era un incompetente que se dejó engañar por sus propios servicios de inteligencia. A muchos les da igual. Incluso habiéndose demostrado que no existía ninguna conexión entre Sadam Husein y Al Qaeda, son bastantes lo que están a favor de que el presidente haya devuelto, da igual a quién, la bofetada recibida el 11 de Septiembre de 2001.

Son los sentimientos, la imagen y la teatralidad, más que las razones, lo que parece tener efecto entre gran parte de los estadounidenses a la hora de elegir presidente. Buena prueba de ello es que Ronald Reagan, un buen actor y mal presidente, arrasó en la década de los 80. Bajo su Presidencia, la política exterior norteamericana alcanzó su punto más bajo. Reagan provocó una guerra civil en Nicaragua con un ejército de mercenarios para cuya financiación, que había sido prohibida por el Congreso, vendió secretamente armas a Irán -¡un país que su propio Gobierno tenía en la lista de estados terroristas!- y Estados Unidos fue incluso condenado por el Tribunal de la Haya por actos de terrorismo, por haber minado la CIA los puertos civiles nicaragüenses. Y pese a todo, adorado hasta el último momento por esa América reaccionaria, Ronald Reagan se fue rodeado de todos los honores para el más allá, donde algunos creen que, si hay justicia eterna, se estará quemando en los infiernos.

En los próximos cuatro años continuará la misma compañía de actores haciendo de las suyas. Entre los actores que posiblemente no continúen haciendo su papel sobresale Colin Powell, el primer negro en llegar a la cúpula mililar. Colin Powell fue quien desde la cúpula militar más agresivamente se enfrentó a Clinton cuando éste planteó la posibilidad de levantar la prohibición de los gays en el Ejército, a punto de amenazarle poco menos que con una sublevación militar. Y cómo olvidar al Powell del tubito de Antrax, afirmando ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que Irak tenía depósitos de armamento bacteriológico.

Estados Unidos es un país donde hay muchas cosas buenas, muchas cosas dignas de admirar e imitar, un país del que, en ciertos aspectos, tenemos mucho que aprender. Nos queda el consuelo de saber que afortunadamente Bush y compañía no representan a todos sus conciudadanos ni mucho menos.

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