Cambiemos la cara amarga de este tiempo

Vivimos tiempos de caras amargas y pocas sonrisas. Ya son cinco años de crisis económica y social, de sacrificios, de decisiones muchas veces desagradables, de esfuerzo y de tesón. Los efectos persisten, pero también emergen síntomas de recuperación.

No es mi deseo abordar en este artículo aquellos datos que nos invitan al optimismo. Mi intención es otra, pues se acaba de celebrar el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza y lo primero es casi una obligación: mi inquebrantable solidaridad con las personas que tuvieron y ya no tienen, las que lo están pasando mal. Lo primero, también, consiste en dibujar el escenario que vivimos, donde no todo es negrura. España se ha convertido posiblemente en el país más potente en términos y números de solidaridad. Por cada rincón de la geografía trabajan desinteresadamente más de 4,2 millones de voluntarios, gente que entrega lo mejor de sí en algo aparentemente tan sencillo, y tan rico, como acompañar a una persona mayor en su casa. Hablamos de chicos y chicas, pero también de mayores (cada vez más mayores se hacen voluntarios) que consiguen taponar el vacío y la soledad de otra persona mayor. Sólo con ver la televisión a su lado están consiguiendo algo que no podemos encerrar en estadísticas o en tendencias. Mi admiración a los voluntarios.

España es, además, un modelo de tercer sector dinámico. Me refiero a las entidades sociales, cuyo número supera las 30.000 organizaciones. Entidades que dan empleo a más de medio millón de personas. Están sus logotipos, sus campañas y sus spot publicitarios, pero yo, permítanme, quiero quedarme con ellos y ellas, con sus trabajadores. Cada uno, desde que madruga hasta que se acuesta, dedica toda su capacidad a quien demande ayuda: personas con discapacidad, inmigrantes, mujeres víctimas de violencia de género, niños, mayores…

El Gobierno de España es consciente de la situación de las personas que peor lo están pasando. En primer lugar, porque reconoce la realidad y enhebra un diagnóstico: cada vez más familias tienen cada vez más difícil superar el mes con dignidad. Urge actuar. Y el Gobierno ya está actuando.

Por un lado, como medida inicial, aprobó un Plan Social de Ayuda a las ONG, estimado en 3.000 millones de euros, para saldar deudas contraídas que no cesaban de engordar. Por otro lado, consagró en los presupuestos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad una vocación puramente social. La gente debe saber que en esta época en la que todavía priman los techos de déficit y las consolidaciones fiscales, la ministra Ana Mato ha logrado blindar las políticas sociales de su Departamento.

Así, un total de 280 millones de euros de las cuentas del Ministerio se dirigen a la erradicación de la pobreza y a evitar la exclusión social de los que viven, comen, con muy poco. Les hablo de nuevos proyectos de las ONG pensados por y para las familias con hijos en situaciones muy delicadas. Les hablo de las mujeres maltratadas que quieren salir de esta miserable lacra. O les hablo de las personas con discapacidad que merecen una sociedad libre de discriminación. Pero también les hablo del mantenimiento de albergues para personas sin hogar o de comedores sociales para quienes en sus bolsillos no quedan suficientes monedas.

Y durante los próximos meses el Gobierno pondrá en marcha un Plan de Inclusión Social y otro de Familia, pues si hay un resorte que proteger en nuestra sociedad, ése es, lisa y llanamente, la familia.

Conmemoramos días atrás el Día Internacional de la Eradicación de la Pobreza, aunque como secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad mi vocación abarca todos los segundos y minutos del año.

Provengo de una familia de origen humilde, soy nieto de jornalero, de un hombre que únicamente disponía de su inmensa capacidad de trabajo para sostener a los suyos, así que mi educación se basa en la humildad. Probablemente por ello me afectan tanto los casos concretos de quien sólo puede dar de comer arroz a sus hijos, o del matrimonio joven que debe renunciar a su vivienda y volver a la de sus padres… Por ellos trabajamos. Por cambiar la cara amarga de este tiempo. Entre todos, con todos, lo lograremos.

Por Juan Manuel Moreno, secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad.

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