Cantos de sirena del petróleo barato

Poco a poco, el crecimiento económico está logrando desacoplarse del consumo de petróleo. A nivel global, a pesar del aumento en términos absolutos de la demanda, cada vez utilizamos menos petróleo para incrementar el PIB. Por ejemplo, por cada unidad de valor económico añadido, el sector servicios necesita hoy el 40% menos de petróleo que hace 15 años, mientras que en el sector industrial y en el agrícola dicha reducción ha sido del 30% y el 20%, respectivamente. La caída obedece básicamente a una mejora de la eficiencia (ya saben, hacer más con menos) y también, aunque de forma casi anecdótica, a la sustitución del petróleo.

Como resultado de la acción combinada de ambos mecanismos, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) constata que la participación del petróleo en el mix global de energías primarias ha descendido, aproximadamente, desde el 36% en el año 2000 al 31% en el 2014. Y las previsiones del escenario de referencia del citado organismo apuntan a que en el 2040, pese a que el consumo se habrá incrementado en términos absolutos en casi 13 millones de barriles diarios, el porcentaje comentado se situará ya en torno al 26,4% (frente al 24,6% del carbón, el 23,6% del gas natural, el 18,7% de las renovables y el 6,7% de la nuclear). Sin duda, desde comienzos de este siglo hasta el verano del 2014 la tendencia al desacoplamiento entre economía y consumo de petróleo se vio favorecida por un aumento sostenido de los precios del petróleo (recuerden que estos solo nos dieron un respiro durante unos pocos meses tras el crash financiero del 2008). La pregunta es: ¿podría un periodo prolongado de precios bajos del barril ralentizar el fenómeno de desacoplamiento comentado? La respuesta no es inmediata. El impacto difiere según el sector económico que consideremos, y además, todo depende de si las medidas de política energética adoptadas para frenar el crecimiento de la demanda son capaces de bloquear los incentivos que para el consumidor suponen unos precios bajos.

Ilustracion de Leonard BeardPara concretar un poco más, les propongo centrarnos en el sector del transporte por carretera. Estamos hablando de un sector fuertemente regulado, con cerca del 75% de las ventas de vehículos de pasajeros sujetas a alguna normativa para fomentar el ahorro de combustible. Estas medidas están siendo tan efectivas que la AIE se muestra optimista: en el 2040 el consumo medio de combustible de los nuevos vehículos de pasajeros habrá caído hasta cerca de los cuatro litros por cien kilómetros (4 l/100 km), lo que representa casi un tercio menos que la media actual. El problema es que estas previsiones podrían verse erosionadas por la persistencia de unos precios del petróleo como los actuales.

De hecho, desde mediados del 2014, fecha en la que se inició el presente desplome de los precios del crudo, en algunos de los principales mercados de vehículos (EEUU y China) las preferencias de los compradores se están desplazando hacia coches más grandes, más pesados y, por tanto, con mayor consumo de combustible, como es el caso de los utilitarios y camionetas todoterreno. Esto provoca una ralentización de la marcha hacia un menor consumo medio de carburante por vehículo, un requisito básico para cumplir los objetivos a largo plazo de la política energética de muchos gobiernos. En EEUU, el consumo medio de combustible de los vehículos vendidos en la primera mitad del 2015 rondó los 7,7 l /100 km, cifra parecida a la del 2014 pero que rompe la tendencia decreciente de los años anteriores. Algo similar ocurrió en China en el mismo periodo, pero en ese país el consumo medio (análogo al de EEUU) se elevó en relación al del 2014.

Afortunadamente, en otros mercados la tendencia comentada ha sido menos pronunciada o no ha ocurrido en absoluto. Así, por ejemplo, en la India, tras la supresión a finales del 2014 de los subsidios al diésel, las primeras estimaciones apuntan a que el consumo medio de combustible de los coches vendidos durante los primeros seis meses del 2015 descendió el 20%. Por otra parte, en Alemania, donde los impuestos sobre el uso de los productos derivados del petróleo son altos, el consumo medio de combustible de los nuevos vehículos siguió declinando en el 2014 y también durante la primera mitad del 2015, aunque a un ritmo menor que en años anteriores.

Efectivamente, los dos últimos países han recurrido a medidas disuasorias contra el consumo. Pero es que en la travesía hacia un modelo energético bajo en carbono, particularmente en el caso de los derivados del petróleo y del transporte, contra los cantos de sirena de los precios bajos no queda otra que amarrar a la tripulación al mástil del barco.

Mariano Marzo Carpio, Catedrático de Recursos Energéticos. Facultad de Geología (UB).

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