Capeando la violencia del cambio climático

En un momento en que la India experimenta su peor sequía en 140 años, los agricultores indios han tomado las calles. En una protesta en Madhya Pradesh este verano, la policía abrió fuego contra agricultores que exigían un alivio de la deuda y mejores precios de los cultivos, y mataron a cinco personas. En Tamil Nadu, agricultores furiosos han llevado a cabo protestas similares, y encendieron velas en recuerdo de aquellos asesinados. Y en una manifestación en Nueva Delhi, agricultores llevaron cráneos humanos que, según ellos, pertenecían a agricultores que se han suicidado luego de pérdidas devastadoras de los cultivos en los últimos cinco meses.

Según un estudio reciente realizado por Tamma A. Carleton de la Universidad de California en Berkeley, los suicidios entre los agricultores indios han aumentado con la temperatura, de manera que el incremento de 1° Celsius por sobre la temperatura promedio en un día determinado está asociada con aproximadamente 70 suicidios adicionales, en promedio.

Más allá de exponer las fallidas políticas agrícolas, la agitación motivada por las sequías de este año subraya la amenaza que el cambio climático plantea no sólo en la India, sino en todos los países. A medida que el alza de las temperaturas y las sequías globales se vuelvan más comunes, es probable que las consecuencias sean agitación política, malestar social y hasta violencia.

En 2008, cuando el clima severo afectó la oferta de granos a nivel mundial e hizo aumentar los precios de los alimentos, países desde Marruecos hasta Indonesia experimentaron levantamientos sociales y políticos. Más recientemente, la inseguridad de los alimentos ha sido utilizada como un arma en las guerras en Yemen y Siria.

Según el Centro para Clima y Seguridad, si no se enfrenta este tipo de “riesgos causados por el clima”, la consecuencia podría ser una mayor pelea por el agua, la comida, la energía y la tierra, especialmente en regiones ya inestables. El CCS identifica 12 “epicentros” donde el cambio climático podría encender o exacerbar conflictos que podrían sofocar a grandes poblaciones y derramarse más allá de las fronteras nacionales.

No es ninguna coincidencia que los conflictos proliferen de la mano del alza de la temperatura. Un estudio de 2013 estima que la violencia interpersonal aumenta un 4% y los conflictos intergrupales un 14% “por cada variación de una desviación típica en el clima hacia temperaturas más cálidas o lluvias más extremas”. Es más, estudios psicológicos han demostrado que cuando la gente se ve sometida a temperaturas excesivamente calurosas, muestra mayores niveles de agresión. Y hay nueva investigación que sugiere que lo que es válido para el individuo también lo es para las poblaciones.

En el África subsahariana, los investigadores han determinado una fuerte correlación entre tres décadas de temperaturas en aumento y estallidos de guerra civil. Si las tendencias hacia temperaturas más cálidas continúan, las guerras civiles y otros conflictos se volverán más frecuentes en África, el Mar de China, el Ártico, América Central y otras partes. Para evitar estos desenlaces hará falta un mayor respaldo de los tratados multilaterales como el acuerdo climático de París de 2015, que se vio debilitado por el retiro de Estados Unidos. Pero también será necesario un mayor compromiso por parte de países, ciudades e industrias en tres áreas esenciales: gestión de recursos, mitigación de desastres y migración.

En sociedades esencialmente agrícolas, la productividad del sector afecta a toda la economía. Como hemos visto en el Cuerno de África y la India este año, los cambios de temperatura y las lluvias pueden reducir los rendimientos de los cultivos y, en consecuencia, los ingresos rurales. En estas condiciones, y a falta de otras oportunidades económicas, las comunidades pueden recurrir a la violencia en su lucha por alimentos y recursos escasos.

Las organizaciones de ayuda internacionales, que trabajan con gobiernos estatales y federales, deberían ir más allá de ocuparse de las causas inmediatas de la pobreza para también desarrollar estrategias de largo plazo para ayudar a las comunidades agrícolas a sobrevivir a las malas cosechas. Estas estrategias deberían centrarse en la gestión de la tierra arable y la conservación del agua, entre otras áreas.

Por otra parte, se necesitan nuevas estrategias para coordinar los esfuerzos de auxilio ante catástrofes. En la medida que el clima vaya cambiando, las calamidades relacionadas con el clima como las inundaciones, los huracanes, los aludes y los tifones aumentarán en frecuencia, intensidad y duración, minando las subsistencias individuales y la economía en general. Los gobiernos deben trabajar en conjunto para mitigar estos riesgos y responder de manera enérgica a los desastres cuando estos suceden. De lo contrario, los efectos colaterales afectarán de manera desproporcionada a las comunidades pobres y vulnerables, perpetuando el ciclo de pobreza y violencia.

Finalmente, necesitamos mejores políticas para gestionar la migración humana que, en gran medida, está relacionada con el clima y las sequías severos. En 2015, la cantidad de migrantes internacionales alcanzó un pico récord de 244 millones. A medida que el clima cambie, regiones enteras podrían volverse inhabitables, y mucha más gente será desplazada. Partes de Oriente Medio, por ejemplo, podrían volverse demasiado tórridas para los seres humanos a fin de este siglo; y ciudades densamente pobladas como Nueva Delhi podrían experimentar temperaturas de más de 95° Fahrenheit (35° C) hasta 200 días del año. La Organización Internacional para las Migraciones teme que, en la medida que más gente huya del calor, la concentración de personas en espacios más reducidos tendrá un impacto sin precedentes en la “capacidad de afrontamiento”.

Los científicos coinciden en que el cambio climático plantea un grave peligro para el planeta. Pero, por alguna razón, los políticos y las autoridades gubernamentales no han conectado los puntos entre un clima que cambia y los conflictos humanos. Entre las muchas amenazas asociadas con el cambio climático, el deterioro de la seguridad global puede ser la más aterradora de todas. Ya es bastante malo ver a los agricultores portando calaveras por las calles de India. Pero si no nos tomamos en serio los riesgos para la seguridad causados por el clima, podríamos ser testigos de algo mucho peor.

Gulrez Shah Azhar is an Aspen New Voices fellow, an assistant policy researcher at the RAND Corporation, and a PhD candidate at the Pardee RAND Graduate School.

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