Carta a Europa asediada

Querida y asediada Europa, mira a Occidente. Al otro lado del Atlántico el presidente electo de EEUU simpatiza con Nigel Farage, Vladimir Putin y otros que no te quieren bien (a los hechos me remito, aunque hoy sean un incordio). Un megalómano que prevé el fin de tu Unión -y que se enteró del Brexit de camino a un encuentro de golf en Escocia el mismo día del referéndum-. Sin ser tremendistas, tu aliado más indispensable podría ser algo más imprevisible y caprichoso. Apuesta por esta relación cuando sea preciso, pero no caigas en la pleitesía de la que hacen gala algunos de tus gobiernos, pensando que todo seguirá igual o incluso que irá a mejor. El autoengaño es tentador. Ojalá me equivoque pero el poder suele corromper, no purificar, y Trump llega al Despacho Oval con un bagaje negativo, un sistema de control de poderes débil en política exterior y propuestas dañinas para tu modo de vida. Abre la puerta pero sé exigente. Haz guiños, por ejemplo en defensa, pero marca líneas rojas y no dejes que te dividan (no olvides Irak). Si los grandes principios aún te importan oponte cuando sea imperativo a este EEUU que vuelve a exhibir su peor cara.

Europa, mira al Gran Sur. A las aguas del Mediterráneo donde mueren Aylanes de los que nos olvidamos tras la avalancha de imágenes y tuits de turno y a los cientos de miles de refugiados que algunos de tus miembros, con argumentos que solían ser inaceptables, no quieren acoger, aliviando los cargados hombros de Merkel. Mayormente huyen de guerras como la de Siria que tú, cortoplacista, no quisiste gestionar en 2011 y hoy está a tus puertas. (Ya hablaremos de los europeos de extrema izquierda y derecha que, negando la evidencia como se niegan Auschwitz o el gulag, apoyan a un Bashar Asad que al menos en otra época hubieras enviado tarde a un tribunal internacional, igual que Miloevic).

Mira a África del Norte, donde casi sólo queda Túnez como frágil democracia rodeada de violencia y autócratas por los que volvemos a apostar como bastiones de estabilidad en un mundo en caos. No bajes la guardia: son un espejismo en el desierto. Ese desierto donde ondean banderas negras del Estado Islámico que te ha golpeado varias veces, y ese Sahel inhóspito, del tamaño de todo tu continente, que es quizá la nueva frontera sur de nuestra seguridad. Hay asimismo una África pujante y de clases medias en la que tendrás que pensar más, pero entre ella y tú tienes crisis sangrantes.

Mira a tu parte oriental. Aunque parezca mentira hoy día, fuera de las fronteras de tu Unión hay europeos -a menudo mujeres, activistas y entrepreneurs– que, a pesar del imperio del Este, sus propios oligarcas y populistas y las señales negativas que envías en plena deriva eurofóbica, intentan contra viento y marea reformar sus países y hacerlos más parecidos a la fantasía que tienen de ti. Una fantasía que dista de tu propia realidad actual pero que es inspiradora. Debería hacerte pensar si crees aún en tu utopía y no en las distopías que se abren paso en tu seno, en Occidente y fuera de él. De este Kremlin que en la UE adoran sus vasallos neofascistas y estalinistas, espera poco. Muchos de tus políticos quieren seguir viendo no ya a Rusia, sino al propio Putin como socio, a pesar de Crimea (en parte, un nuevo Sudetes), los 10.000 muertos de Ucrania, los ciudadanos europeos que volaban en el MH17 a una convención contra el SIDA, o la eficaz propaganda antieuropea y chauvinista cuyos canales te retratan como decadente Gayropa. No te hagas ilusiones aquí tampoco: el buen rollo no es estrategia, se ve como debilidad y además no funciona. Por ahora, ese sistema autoritario es un adversario para tu modelo democrático y de seguridad, a menos que te conviertas en algo parecido.

Mira más a Balcanes. Las cosas no van bien allí tampoco aunque casi todos estos países, incluso Bosnia, caminan teóricamente en tu dirección. Sus élites y oligarcas tiran irresponsablemente del nacionalismo y frenan así, a veces con tu aquiescencia, progresos hacia la democracia real y los problemas sociales de capas de la población que emigran sin parar hacia ti. Has perdido credibilidad en esta región y Erdogan, Rusia o incluso los países del Golfo crecen en influencia. Te diría que miraras más al norte y el Ártico donde se derriten los polos (llévate quizá a Donald en un viaje exprés a ver si lo cree con sus propios ojos). Es en parte el resultado de un sistema de gobernanza global que querías normativo y de seguridad humana, pero que está en bancarrota. Es incapaz de frenar ese deshielo ni la inseguridad humana de los crímenes de guerra en Alepo. Lo asfixia la geopolítica, ciencia que gustaba a los nazis porque suele condenar a los débiles al yugo de los fuertes, conforme al dicho de Tucídides, y cuyo brutal regreso empalaga a algunos de tus dirigentes y pensadores estratégicos. Insensatos, olvidan lo terriblemente mal que te fue a ti y todos en un mundo sin moral de grandes poderes descontrolados.

En plena era de inseguridad, vas a tener que gestionar un Brexit que devorará durante años energías preciosas y tensará más las cosas en la UE. Ante todo, Europa, mira a tu interior y a nuestras sociedades contemporáneas, pues es ahí donde tiene lugar el otro gran choque político y social de nuestro tiempo: la lucha por la democracia abierta y los valores posmodernos. Prepárate a más Trumps europeos. El primer paso es de sentido común: intenta evitar que ganen y que crezca su influencia en nuestras políticas públicas. Te falta convicción. Hace cien años, tras el primer suicidio colectivo europeo, el poeta irlandés Yeats decía en su apocalíptico Segundo Advenimiento aquello de que “los mejores carecen de toda convicción y los peores están llenos de febril intensidad”. La lucha por los valores la están dando justo los que quieren subvertir principios fundamentales y un sistema político y de seguridad que debemos cuestionar, renovar, pero que sería un suicidio destruir. No basta con hablar de glorias pasadas. Esa legitimidad ya no significa nada, pues en la UE hemos olvidado las cenizas de 1945. Existen en nuestras sociedades ansiedad y miedo, y tenemos serios dilemas de futuro. Tú y tus estados tenéis que buscar formas de relanzar la prosperidad e incluso plantear garantías frente a algunos desequilibrios que la globalización haya podido traer. Lo cierto es que también necesitas reformas, Europa envejecida y anquilosada, y algunas no serán inicialmente populares. Verás más conflicto social y político. Sí, es ley de vida que haya perdedores y ganadores, pero tu ley puede ser algo más humana.

Para ello, Europa, reivindica el humanismo, tu filosofía fundacional. Muchos de tus políticos tienen que volver a ganarse las calles para renovar la confianza en las instituciones y, en vez de tanta red social y frivolidad, redescubrir mucho la empatía, hoy manejada por tus cínicos oponentes. En este sentido, junto a la lucha por recuperar tu legitimidad tienes otra igual de perentoria: contra la legitimización de la política del odio y la mentira de líderes y medios sin escrúpulos que usan el descontento y miedo, creando un entorno enrarecido, polarizado y xenófobo. Una política que bajo apariencia democrática, promueve políticas no democráticas contra derechos y libertades fundamentales y que podría liberar, en palabras del yugoslavo Ivo Andric, a “esa bestia salvaje que vive en el hombre y no se atreve a mostrarse hasta que se quitan las barreras de la ley y costumbres”. Las medidas socioeconómicas son importantes, pero no bastarán: muchos de los más perjudicados y dejados atrás votaron a Clinton, y los que apoyaron a Trump podrían descubrir que votaron a políticas sociales de hecho contrarias a sus intereses. Tienes que combatir las distopias de los nuevos demagogos y autoritarios ante las que no vale la mentalidad obtusa unas veces, ingenua otras, egoísta a menudo (los golpes se los llevan otros) de ciertos de tus líderes actuales que contemporizan con dicha contrarrevolución. Algunos jóvenes en el Reino Unido lo han entendido mejor y han lanzado una campaña democrática, Stop Funding Hate, contra la prensa amarilla que siembra tempestades de intolerancia. También lo entiende Merkel, cuyo frío mensaje a Trump, con referencias a valores básicos, ha estado a la altura, pero sola de nuevo. Necesitamos más liderazgo político responsable, ético e inconformista, que no se resigna a un nuevo normal que ni es nuevo ni es normal. Si no, estos tiempos malos serán peores.

Europa: sentado en esta soleada plaza madrileña de Santa Ana, veo parejas pasear despreocupadas, hombres cogidos de la mano, algo impensable hace poco, y padres con sus niños jugando. En medio, un inmutable Lorca. Tengo otro momento Stefan Zweig contemplando un mundo que podría desaparecer de igual modo que lo ha hecho para otros. Quizá aún no es tarde y nuestros líderes políticos y sociales estarán a la altura, como muchos, no todos, de mis conciudadanos. Es pedir un gran espíritu de compromiso, pero nos va demasiado en ello.

Francisco de Borja Lasheras es director en Madrid de European Council on Foreign Relations (ECFR).

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