Carta al votante radical ‘abertzale’

Querido simpatizante y votante de lo que llaman izquierda abertzale. En cierta ocasión, cuando militaba en donde nunca debí hacerlo, en ETA, pregunté, allá por los años 80, en una reunión de la banda: «Cuando ganemos ¿habrá cárceles en Euskadi?, y la respuesta fue aplastante: ‘¡Claro que sí, para los que no piensen como nosotros!’» Le digo que las intenciones de ETA siguen siendo las mismas, pero a usted no le importa, porque comulga con esa tendencia totalitaria y quizá piensa que no le afectará su imposición. Le tengo una gran sorpresa: será el más perjudicado.

En ETA siempre ha existido especial devoción por lo que ya entonces se denominaba el contrapoder popular, una disposición política por la que se castigará a quien saque los pies del tiesto, y de ello se encargarán los miles de chivatos y comisarios políticos que pulularán de incógnito por las calles de Euskadi, en caso de victoria abertzale en las urnas. Aumente la perspectiva con una teórica independencia. El contrapoder popular está configurado para sofocar cualquier brote de descontento ciudadano. Usted no podrá quejarse por la subida de impuestos porque será denunciado por derrotista e insolidario, sencillamente se le exigirá que dé su vida y su dinero para Euskadi y chitón, como un impuesto revolucionario legalizado. No podrá ir a los toros porque ya se los han abolido, con lo que a usted le gustan los toros, más o menos como a Jon Idígoras, que además era torero. Tendrá que ver las películas en el cine y televisión en euskara, porque se barrerá todo aquello que suene a español. Olvídese de comprar y leer libros o periódicos que no sean en euskara, con lo que a usted le cuesta aprender el vascuence. No podrá comprar ni conducir un vehículo francés ni español porque también Francia forma parte del bloque fascista que aplasta las reivindicaciones vascas. Esta iniciativa de boicot a los productos franceses ya se llevó a cabo en los años 80, aunque cuando Iñaki Esnaola aparecía por San Juan de Luz en su flamante coche francés, todos mirábamos hacia otro lado; quizá él lo necesitase.

Léase usted Rebelión en la granja, de Orwell, y quizá comprenda de qué hablo cuando sepa que los cerdos manejaban el poder en la granja, y manipulaban las leyes a su antojo y conveniencia. Eso de que el sol sale para todos es mentira podrida, en Euskadi saldrá para quienes decidan Antinoo y Otegi. Nada de Zara, tendrá que comprar ropa de marcas rusas o chinas, que de momento no son enemigas de Euskadi, y despedirse de comer gazpacho, paella, o cocidito madrileño, que suenan muy españoles y será denunciado si lo hace. Olvídese de ver por televisión a la mejor selección de fútbol del mundo, la española, porque será delito de lesa patria, y además su antena parabólica será intervenida.

El caso es que mis palabras pueden generar cierto rebote en las conciencias, pero mi mayor avalista se llama Josetxo Ibazeta, comisario político abertzale, que va ofreciendo tiros por la calle por el mero hecho de llevar una bandera española. Este sí que se toma muy en serio eso del contrapoder popular, vive de ello. Seguro que ya ha captado usted el sentido de estas líneas, pero no se vaya que queda lo mejor.

Cuando una tropa dirigente totalitaria no puede ejercer el dominio fuera de sus fronteras, se revuelve y fija su represión en lo que más a mano tiene, y lo hace contra sus propios ciudadanos, al modo de un Pol Pot camboyano o el actual Gobierno norcoreano, algo semejante al maltratador, que en la oficina es un repugnante servil con el jefe, y en casa es un violento con su mujer e hijos.

Bertolt Brecht define en pocas palabras lo que muchos radical-abertzales no quieren aceptar por ingenuidad o temor: «Vinieron por los comunistas, pero yo no era comunista y me dejaron. Después vinieron en busca de los socialistas, y como yo no era socialista me dejaron en paz. Ahora estoy solo, y llaman de nuevo a la puerta…» Cuando al comisariado político abertzale se le acaben los enemigos, cuando hayan logrado el destierro o la cárcel para quienes no piensen como ellos, no le quepa la menor duda de que irán a por usted, y estará solo.

Entonces se enfrentará al Tribunal Abertzale de las Buenas Costumbres y Recuperación de la Nación Vasca, compuesto por tres encapuchados con boina negra, que le irán desgranando los cargos por los cuales pagará cárcel, multa, o 200 latigazos en el lomo. Veamos:

-Confraternización con el enemigo, ya que estuvo el fin de semana pasado en Salamanca y ligó con una española, con la que desea establecer vínculos sentimentales. ¿Es que no tiene suficiente con las vascas?

-Hablar en español por el móvil con su presunta novia.

-Se comió un cocido maragato a su paso por León, cuando las leyes vascas no permiten salirse de la merluza koskera, bacalao al pil pil o el marmitako patrio.

-Acudir a la corrida de toros de Zamora y pagar por ello 100 euros que en Euskadi vendrían tan bien para la revolución. Además los toros están prohibidos por ley vasca.

-Conducir un Seat Panda, modelo de represión española. ¿Es que no puede comprarse un coche chino?

-Por todo ello, y como entendemos que usted es más español que un botijo, se le condena a la pena máxima y se le retira el pasaporte. Quizá se le ocurra no regresar a la gran patria vasca que nosotros, los encapuchados, estamos construyendo.

Sucede, señor radical abertzale, que en el mundo encontramos exactamente lo que hemos puesto en él. Si ponemos venganza, encontramos odio; si ponemos concordia, encontraremos paz; si ponemos pistolas, encontraremos tiros, y si usted quiere poner un Txapote, tendrá un Txapote en su vida, ya me dirá cómo le va. Queda avisado.

Juan Manuel Soares Gamboa es un ex miembro de ETA arrepentido.

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