Cartografías del Gran Hundimiento

Hay un fenómeno ciertamente curioso en nuestra Gran Crisis que, no olvidemos, posee un origen y naturaleza fundamentalmente financieros. Y es que la función crítica y de inquisición sobre la misma no proviene tanto de la prensa cuanto de cierto cine estadounidense que se erige así en un cuarto poder, que ocupa el vacío dejado por unos mass media más o menos claudicantes. Y al socaire de ello, nos llegan dos obras bien valiosas que traen a nuestros ojos lo que los anglosajones llaman un must: algo que resulta ineludible, en este caso, de ver. Un ver para comprender y un comprender para prever, como quería el viejo lema de Augusto Comte en épocas más ingenuas que no habían abdicado de la pretensión de verdad, tal vez porque no estaba tan enmarañada como hoy.

Ellas son, por un lado, Too Big to Fail (2011), una tv movie emitida ya entre nosotros, espléndidamente dirigida en su ritmo, dirección de actores y objetividad por el siempre virtuoso Curtis Hanson; y, por otra parte, la recién estrenada Margin Call (2011), que supone una madura ópera prima de J.C. Chandor, sobria, fría e incisiva, con un gran reparto encabezado por Kevin Spacey y Jeremy Irons.

Ambas películas resultan complementarias a la manera que lo son un macro y un microcosmos. Así, en Too Big to Fail asistimos al despliegue de un mapa fiel y minucioso de las resonancias globales y políticas de aquel Waterloo que fue la caída de Lehman Brothers, a través de las tribulaciones del personaje de Hank Paulson (un memorable William Hurt), secretario del Tesoro en aquel fatídico septiembre de 2008. Mientras, en Margin Call la cámara, más modesta, se centra en la radiografía intramuros de las 24 horas en que se produce el desmoronamiento de un banco de inversión de Wall Street, metáfora no solo de Lehman Brothers, sino más bien de la propia organización financiera moderna. También de las nuestras, como nos señala el erial de la banca europea tres años más tarde de los hechos mencionados. Y de la visión de ambas cintas podemos extraer dos lecciones bien útiles para comprender el big fail -la gran quiebra- que va a ocurrir en nuestro entramado financiero más pronto que tarde.

1. La inexistencia de verdadero conocimiento: Lo primero que llama la atención en Too Big… es la ignorancia previa que tiene todo un secretario del Tesoro de la verdadera situación de los bancos de inversión. Y, sin embargo, Paulson es un gran profesional: había sido CEO de uno de ellos -Goldman Sachs nada menos- y en la película constatamos sus competencias técnicas y humanas puestas a prueba en el crisol de una situación extremadamente crítica. Pero lo pavoroso del caso -ambas películas son ciertamente pavorosas- es que no le podemos imputar a Hank Paulson un desconocimiento tal: en términos clásicos hablaríamos de una ignorancia invencible o, cuanto menos, como difícilmente vencible.

Lo mismo sucede, al menos en parte, con el descubrimiento accidental de la situación catastrófica en esa metáfora que es Margin Call. Por eso, surge en el espectador un fenómeno bien singular: no aborrecemos de la figura del secretario de Estado en cuestión, como tampoco de Sam Rogers (Kevin Spacey) en Margin Call; más bien los consideramos inermes como a una persona que súbitamente descubre que arrastra una enfermedad letal y ante ello brota una piedad que nos predispone a acompañarlos en su descenso a los infiernos. Pero precisamente nos quedamos, por ello mismo, todavía más perplejos. Y es que apenas nadie conocía la situación real de Lehman Brothers, siendo el silencio sobre las auditoras que encierran ambas películas harto elocuente. Por supuesto, que muchos directivos y cuadros medios tampoco, como se nos insinúa en Margin Call. La verdadera situación financiera al borde del abismo de Lehman aparece, pues, de repente. Esta repentinización de la catástrofe -veamos el caso español- me parece un rasgo decisivo para entender lo que nos está pasando, y el nexo de unión principal de las dos obras. Y lo mismo sucede con la quiebra de la aseguradora A.I.G., pieza clave en el entramado del negocio de las sub-prime: así, justo cuando en Too Big… puede adoptarse una solución razonable para evitar el hundimiento de Lehman, aparece abruptamente, de repente otra vez, la ruina del grupo asegurador que da al traste con un posible plan de viabilidad.

Y, sin embargo, ahí radica la gran paradoja de ambas obras: nunca ha habido en la historia económica y organizacional mayor implantación de todo tipo de Sistemas de Información Gerencial (MIS), pero nunca han sido, a su vez, mayores las zonas ciegas. Esto nos lleva a un corolario que Paulson irá descubriendo dolorosamente, al igual que los diferentes miembros del Consejo del banco inversor en Margin Call: poseemos mucha información -demasiada- pero carecemos de verdadero conocimiento sobre el estado de cosas, también del financiero, como si el ruido informativo nos hubiera hecho perder lo esencial. Y ello produce un galimatías babélico y funcional que ya no sabemos desde dónde hablamos y sobre qué hablamos, incluido el plano organizacional. Solo así se explican en Too Big… las sucesivas quiebras comunicacionales que su director nos va ofreciendo: el fiasco de la entrevista con el banco coreano, el críptico mensaje chino, la simple hoja de Excel que enuncia la bancarrota de A.I.G. o la imposibilidad de cerrar una conversación con Barclays.

Lo mismo sucede en la madrugadora e improvisada reunión del Comité de Dirección del banco en una secuencia clave de Margin Call: Su CEO, John Tuld (Jeremy Irons), es incapaz, literalmente, de seguir y comprender las explicaciones que le hace su joven trader (Zachary Quinto) acerca del origen y magnitud de su estado financiero, así como de sus productos, según la información obtenida del nuevo modelo diseñado por el ingeniero del MIT. Emisor y receptor hablan desde mundos distintos e incomunicables, donde la catástrofe está servida. Y así, en ambos universos, en el macrocosmos de Paulson y en el microcosmos del banco de inversión, se replica aquel bucle comunicacional que abrumaba a Hamlet en la ausencia de sentido que suponía la algarabía de Elsinor: «Words, words, words». T. S. Eliot, que, además de ser un enorme poeta, conocía como pocos la City londinense desde su cargo en Lloyd’s, lo había esculpido en verso interrogativo 70 años antes: «Where is the knowledge we have lost in information?».

2. La ausencia de aprendizaje institucional y organizacional: El punto anterior no se explica sin la segunda reflexión que nos imponen las dos obras: la incapacidad de aprendizaje que tiene nuestro sistema financiero y político, cada vez menos abierto a pesar de ser los nuestros los tiempos cibernéticos por excelencia. Así, es únicamente desde el abismo cuando Paulson percibe que no se ha obtenido el feed-back necesario de anteriores crisis bancarias, tales como la quiebra del Continental Illinois en 1984 o en la más generalizada del 2001, o en el gran aviso que supuso el temblor del caso Enron-Arthur Andersen. Tanta parece nuestra incapacidad de aprender -cuyo origen se halla en la pérdida del sentido del pasado en estos tiempos líquidos que miran sólo aguas abajo- que tres años más tarde nos encontramos en Europa con las mismas aporías con las que tuvo que habérselas nuestro secretario del Tesoro.

Y tal falta de aprendizaje está causada en el plano organizacional por lo que ese gran anticipador nuestro, Kierkegaard, llamaba «el pecado de la acción» que va en detrimento de la reflexión y prevención, como muestran ambas películas con ese vértigo que domina el tempo de nuestras instituciones financieras. Si tomamos como referencia la clásica Matriz de Eisenhower de gestión del tiempo, observamos que todos los protagonistas se mueven forzosamente en el Cuadrante I («Urgente-Importante») -y ello lo hacen Paulson en Too Big to Fail con gran maestría como Tuld el CEO en Margin Call- porque durante años nadie en el entorno había trabajado desde el Cuadrante II («Importante-No Urgente»), cuando se sabía ya en el mismo 2003 del estallido de la burbuja financiera.

De ahí que las acciones y decisiones que presenciemos en la pantalla sean todas reactivas sin asomo de proactividad: como si el correr de un tiempo contrarreloj para evitar la quiebra sistémica los hiciera a todos, políticos y banqueros, hijos propiciatorios de Saturno, tal que ahora mismo está ocurriendo en el conglomerado político-financiero europeo y, de especial manera, en España. Por todo ello, me parece que el axioma principal que nos enseñan ambas obras es éste: sólo podremos salir del marasmo sistémico que padecemos si somos capaces -sobre todo las elites políticas y financieras- de trabajar desde aquella zona postergada de lo «Importante-No Urgente». Es en ella donde reside la visión, la evaluación de las consecuencias, el pensamiento a largo plazo, la responsabilidad, el autodominio y la domesticación del tiempo, entre otras cosas tan valiosas como perentorias para salir del marasmo.

Hay en el último acto del drama de Too Big to Fail una escena bien simbólica: aquella en que nuestro secretario del Tesoro hinca su rodilla derecha ante Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, para suplicarle que el Capitolio apruebe la inyección de billones de dólares a la Banca. La secuencia nos evoca ciertamente aquella otra humillación genuflexa de Enrique IV en el Castillo de Canos. Como si Paulson hubiera descubierto durante su visita a los infiernos financieros que la contrición pública de las elites también es necesaria para salir del laberinto en el que nos hallamos. Es decir, como si pensara que guarda mucha vigencia aquel viejo pensamiento de Pascal: «La grandeza del hombre es grande en cuanto se sabe miserable. Un árbol no se sabe miserable».

Por eso nos conmueve tanto la figura de este secretario del Tesoro, con algo de Sísifo y mucho de Hamlet insomne. Y, a la vez, nos desagrada tanto la insolencia -tan nuestra- de Jeremy Irons en cuanto CEO en Margin Call, incapaz de abajarse. Pero recuerden: son algo más que cine; ambas resultan un must.

Por Ignacio García de Leániz Caprile, profesor de Recursos Humanos de la Universidad de Alcalá de Henares.

2 comentarios


  1. Gran artículo del Sr. García de Leániz. Aunque en un lenguaje para iniciados en el mundo económico y financiero, apunta muy bien a las causas y algunos protagonistas del Gran Hundimiento de la economía mundial. Y arriesga lo que puede pasar a la banca española en poco tiempo. Si el Sr. Paulson hubiera tenido o hubiera considerado cambiar impresiones a lo largo del tiempo con sus colaboradores de niveles más bajos a los que la rodeaban y seguramente aplaudían sus ocurrencias, hubiera tenido otro conocimiento de la crisis que se estaba larvando desde hace años. Y es que los que están en las cúpulas de las grandes empresas tienen que descender a la “sala de máquinas” y hablar con quien sabe cómo van las cosas importantes,aunque no sean urgentes. Interesante este Profesor de la Universidad de Alcalá de Henares. Hace unos meses ya nos obsequió con otro artículo sobre las consecuencias del 11-M.

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