Casandra en El Cairo

De todos los titulares sobre la situación egipcia sólo encontré uno con el que pudiera estar totalmente de acuerdo: "Júbilo hoy, futuro incierto". No resulta diplomático encarnar el papel de Casandra en medio del regocijo general, pero temo que las elevadas expectativas actuales puedan llevarnos a un amargo desengaño.

Me explicaré. Lo que ha sucedido en Egipto no ha sido una revolución, por lo menos hasta ahora. Ha acarreado la caída de un hombre que ha sido un dictador, pero en absoluto el peor dictador de Oriente Medio. Los peores dictadores no sufrirán los ataques de la cadena Al Yazira porque les temen (y no se equivocan). Probablemente, Mubarak malversó fondos estatales, pero hasta ahora sólo se ha dado con una casa de su propiedad en Londres y vivía con relativa modestia. Gente que sabe más que yo dice que de los 70 millardos de dólares que presuntamente robó tal vez queden uno o dos millardos, e incluso puede haberse hecho con la mitad de tal cantidad de modo semilegal. Una lista de mandatarios de Oriente Medio que no se hayan enriquecido durante su mandato sería muy corta.

Bajo su gobierno se ha asesinado a menos gente que bajo el mando de la mayoría del resto de los gobernantes de Oriente Medio, desde luego menos que bajo el mandato de Naser (que hundió la economía egipcia).

Cuando falleció Naser lloraron muchos egipcios, cosa que no ha sucedido con la marcha de Mubarak. Mubarak era un autócrata, una persona torpe y obtusa, desconectada de los sentimientos de su pueblo. Se ha quedado más de lo debido, hecho que suele suceder en el caso de personas de edad que permanecen demasiado tiempo en su cargo; lo hicieron, por ejemplo, Churchill, De Gaulle y Adenauer. Pero Mubarak no era un monstruo. Bajo su mandato, la economía egipcia ha crecido a razón de un 5%-6% anual y el coeficiente de Gini (que indica la desigualdad de los ingresos y la propiedad en un país) fue menor que en Estados Unidos, Rusia o China.

¿A qué obedecen los temores sobre el futuro? A una guerra con Israel, no. Tampoco constan disputas territoriales entre ambos países. A Israel le apetecería dar Gaza a Egipto, quien, comprensiblemente, no la quiere. Egipto, en mayor medida que cualquier otro país, es vulnerable desde el punto de vista estratégico (instalaciones del Nilo) y sería muy renuente a correr riesgos en interés de otros.

Tampoco se deben a los Hermanos Musulmanes. Siguen constituyendo un peligro a largo plazo y el responsable de la CIA se ha revelado muy desinformado al decir al Congreso que ese grupo se ha convertido en una entidad laica. Representa una postura teocrática que todavía cuenta con amplio apoyo popular en Egipto, en especial fuera de El Cairo. Las elecciones previstas para dentro de seis meses (si se celebran) podrían demostrarlo. Los dirigentes de los Hermanos Musulmanes son figuras de edad que no tienen prisa. No obstante, la organización ha alumbrado siempre grupos más radicales (que intentaron asesinar a Naser y a Mubarak y, de hecho, asesinaron a Sadat). Dan por descontado que el actual vacío de poder resultará en un empeoramiento de la situación, dado lo cual podría llegar su hora.

El problema de Egipto es doble. La oposición nunca ha mostrado inclinación al acuerdo durante el más mínimo lapso de tiempo, y no me refiero únicamente al frente islamista. No hay motivo para que esta vez sea distinto.

Los corresponsales que han montado guardia en la plaza Tahrir, donde tenían lugar las manifestaciones, no han visitado la ciudad de los muertos, los cementerios donde millones de personas intentan subsistir y sobrevivir con tres o cuatro dólares al día, por no hablar de barrios y localidades pobres como Shubra el Kheima o Mahalla al Kubra, donde viven muchas más personas. Se les ha escapado el grado de pobreza en que vive Egipto, así como su escasez de recursos. Los jóvenes que tuitean son sólo una pequeña parte de la población de Egipto. Y aspiran a buenos puestos de trabajo para poder casarse además de pedir prestaciones sociosanitarias, enseñanza libre, seguro de paro y seguridad social. ¿Cómo alcanzarán todo esto?

Cuando visité Egipto por primera vez, el rey Faruk se hallaba aún en el poder y el país contaba alrededor de treinta millones de habitantes. Asistí a una conferencia internacional y salí a dar un paseo en compañía de un veterano, juicioso y perspicaz estadista, el conde Karolyi de Hungría, ministro de Exteriores de su país, a quien echarían los comunistas.

Paseamos en aquella ocasión por la calle Qasr el Nil, la más lujosa de la capital. Con mi nivel de árabe podía darle algunas explicaciones, pero en realidad no las necesitaba. Él observaba las calles adyacentes más pobres y me dijo: "Joven, esto no acabará bien". Lo cierto es que la situación no ha variado desde entonces en lo fundamental, si se exceptúa que entonces eran 30 millones y ahora son 81 millones.

La nueva visión de la cuestión reza como sigue: si se quiere liberar a una sociedad, no hay más que darle internet. Sería mucho más adecuado decir que Facebook e internet no cambiarán nada en un país como Egipto si no disponen de un mensaje que le diga a la gente cómo lograr que el país sea más próspero y cómo proporcionar puestos de trabajo aceptables a los jóvenes. Hasta la fecha, nadie ha propuesto un mensaje de tales características.

Por Walter Laqueur, director del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington.

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