Caso Alex Saab: el periodismo hizo su trabajo; es hora de la justicia

Un arresto en la Isla de Sal, un pedazo de tierra volc√°nica a unos cientos de kil√≥metros de la costa occidental de √Āfrica, acaba de asestar un golpe noble a la viabilidad del r√©gimen de Nicol√°s Maduro en Venezuela, a la vez que puso un punto ‚ÄĒqui√©n sabe si final‚ÄĒ a una cruzada period√≠stica que cumple cinco a√Īos.

El empresario colombiano Alex Saab Morán fue detenido el 12 de junio al desembarcar en el aeropuerto internacional Amílcar Cabral de esa isla, una de las que conforman el archipiélago de Cabo Verde. Saab había despegado horas antes en un avión privado de Caracas, presumiblemente con destino final en Teherán y con el aparente propósito de evadir las sanciones internacionales impuestas al régimen bolivariano por Estados Unidos, Europa y algunas naciones de América Latina.

Pese a las enormes limitaciones y asedio constante que sufre el periodismo de investigación en Venezuela, este ha sido crucial para desenmascarar a un personaje clave en la permanencia en el poder de Maduro y su camarilla.

Si bien Saab era conocido por las agencias tributarias y de inteligencia de varios pa√≠ses, se las hab√≠a arreglado para mantenerse fuera de la vista del p√ļblico. Hasta que, en 2015, los reporteros que trabajamos en el sitio de investigaci√≥n Armando.info comenzamos a rastrear los movimientos de Saab y su extensa red de socios, colaboradores y empresas offshore.

Con una veintena de reportajes dimos a conocer a Saab, primero, como el gran contratista de Nicolás Maduro, beneficiado desde el Estado con negocios de construcción de viviendas y de explotación de petróleo; luego, como el operador financiero y posible testaferro del propio presidente y su familia, en especial desde 2016, cuando acaparó la mayoría de las importaciones del programa gubernamental Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), que provee de alimentos y productos subsidiados de primera necesidad.

En tiempos m√°s recientes, Saab se hab√≠a convertido en una especie de embajador comercial de la autodenominada Revoluci√≥n bolivariana, sin rostro y sin ley. Seg√ļn nuestras investigaciones, tiene poderes incluso para nombrar a directivos de empresas estatales venezolanas de minas y petroqu√≠mica, para comprar alianzas de diputados supuestamente opositores que despu√©s intentaron tomar la Asamblea Nacional. Y, sobre todo, concebir y poner en marcha oscuras operaciones de evasi√≥n de las sanciones internacionales.

Exponer a la luz p√ļblica a una figura poderosa que para sus asuntos necesita del anonimato, tiene un precio en Venezuela: en nuestro caso, vivir en el exilio desde 2017.

Pero la captura de Saab en Cabo Verde reconoce en justa medida nuestro trabajo a la vez que brinda la ocasi√≥n poco com√ļn de cerrar una historia period√≠stica con un desenlace tangible y esperanzador para Venezuela, un pa√≠s que se hunde ya no en una crisis pol√≠tica y socioecon√≥mica, sino en un colapso humanitario. Esta es la hora de la justicia internacional.

Discutibles como pueden ser, las sanciones internacionales no fueron las √ļnicas normas quebrantadas por Saab y su socio, el tambi√©n colombiano √Ālvaro Pulido Vargas, ambos imputados desde julio de 2019 en un tribunal federal del sur de Florida bajo cargos de lavado de dinero. Los dos han sido se√Īalados por comprar autoridades, contrabandear materias primas y haberse aprovechado de fondos y bienes p√ļblicos. Al hacer fortuna mediante la importaci√≥n con sobreprecios de alimentos de calidad nutricional √≠nfima, se convirtieron en magnates del hambre colectiva, una tropel√≠a que debe lindar con los cr√≠menes contra la humanidad.

Nada de esto se sabr√≠a en Venezuela de no ser por el trabajo period√≠stico de estos a√Īos. En un pa√≠s cuya institucionalidad democr√°tica se ha desmantelado de manera meticulosa y en el que el sistema judicial no es m√°s que un ap√©ndice del poder pol√≠tico, lo que todav√≠a sobrevive es la prensa independiente, la √ļnica alternativa para una ciudadan√≠a cada vez m√°s sometida a la censura y el control estatal.

El nombre de Alex Saab dej√≥ de estar vedado al p√ļblico, pero esa sanci√≥n moral no es suficiente. Ninguna autoridad en Venezuela ha ordenado investigar las numerosas evidencias publicadas sobre su entramado corrupto. La √ļnica menci√≥n oficial de la que se ha sabido provino del canciller del r√©gimen, Jorge Arreaza, quien a ra√≠z de la detenci√≥n de Saab lo describi√≥ en un comunicado como un ‚Äúagente del gobierno bolivariano‚ÄĚ con ‚Äúinmunidad diplom√°tica‚ÄĚ que llevaba a cabo una misi√≥n para ‚Äúgarantizar la obtenci√≥n de alimentos [‚Ķ] as√≠ como medicamentos, insumos m√©dicos y otros bienes de car√°cter humanitario para la atenci√≥n de la pandemia‚ÄĚ.

En S√£o Vicente, otra isla de Cabo Verde a donde fue transferido Saab, se libra una batalla legal. Estados Unidos, que activ√≥ la circular roja de la Interpol que condujo al arresto del empresario, pide su extradici√≥n, un proceso que acaba de abrirse. Estados Unidos no es la √ļnica naci√≥n que tiene en la mira a Saab: en su Colombia natal ha sido llamado a juicio, mientras que funcionarios de la Unidad de Inteligencia Financiera de M√©xico anuncian una investigaci√≥n.

Hay riesgos, no obstante: los recursos econ√≥micos que Saab y sus secuaces son capaces de movilizar, adem√°s de las presiones que puedan ejercer los aliados internacionales del r√©gimen de Maduro ‚ÄĒcomo Cuba, Rusia y China‚ÄĒ, hacen temer no solo que las cortes locales fallen en favor del reo sin considerar las abrumadoras evidencias en su contra, sino que existe la posibilidad de fuga.

Alex Saab merece castigo por sus acciones. La justicia lo debe procesar con minuciosidad legal para que pague por los delitos de los que se le acusa y para que informe de actos criminales del entorno de Maduro. Su conocimiento del círculo íntimo de la élite de la Revolución bolivariana tiene el potencial para convertirse en un testimonio fundamental para destapar los esquemas y complicidades con las que cuenta el gobierno de facto de Venezuela para beneficiarse del desguace final de la que alguna vez fue la nación más próspera de América Latina.

Cabo Verde debe aprovechar el momento para enviar un mensaje claro de apoyo a la lucha global contra el crimen. Siendo coherente con el arresto que ya realizó, está en manos de esa nación dar un salto cualitativo en la prosecución de causas internacionales de corrupción y dar un ejemplo internacional.

Algunas naciones del hemisferio sur, como Venezuela y el propio Cabo Verde, han sido presas cr√≥nicas de la rapacidad de sus pol√≠ticos y empresarios que no podr√≠an llevar a cabo el expolio sin la participaci√≥n de las redes bancarias, los para√≠sos fiscales y las consultor√≠as de ingenier√≠a legal y financiera que las potencias del hemisferio norte no siempre quieren investigar. Por eso este caso es tan importante: si las autoridades de Estados Unidos tienen la voluntad de llevar al banquillo a un saqueador de los recursos p√ļblicos del mundo en desarrollo, es una oportunidad para sentar un precedente que no se puede dejar pasar.

Los ojos del mundo deben estar atentos a lo que ocurra en Cabo Verde. Como periodistas investigamos e hicimos del dominio p√ļblico informaci√≥n importante para la realidad de los venezolanos, es momento de que la justicia haga su parte.

Ewald Scharfenberg y Roberto Deniz son reporteros del portal de periodismo de investigación Armando.Info.

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