Catálogo de signos y estupideces

Por Gregorio Morán (LA VANGUARDIA, 13/01/07):

Aunque impregnada de patetismo la situación es cómica. Después de unos meses de confusión absoluta, alimentada por los medios de comunicación que jaleaba la integridad y la bondad del vendedor de humo, ahora resulta que todos los predicadores mediáticos se desmelenan acusando a los partidos políticos de confundir a la ciudadanía y de no buscar la unidad. ¿Y si echamos mano de la hemeroteca? La política es un ejercicio frío. No es un juego como quieren hacernos creer los analistas líquidos, y si fuera posible compararla a algún tipo de azar, creo que sólo admitiría la ruleta rusa. Sencillamente porque en la apuesta te juegas la vida. Cada decisión deja muertos; en ocasiones los evita, en otras los multiplica. Si el atentado de Barajas en vez de ocasionar dos víctimas, no hubiera costado vidas humanas, ¿hubieran cambiado en algo las reacciones? Posiblemente. Y segunda pregunta impertinente: ¿acaso de haber muerto dos catalanes del Tripartito, o dos madrileños de Esperanza Aguirre, habría sido también igual la reacción que ante esos dos ecuatorianos pobres y confiados? No se escandalicen; donde más se notan las diferencias es en los muertos; basta echar una ojeada a la página de esquelas, o visitar un cementerio.

Admitamos la primera hipótesis. El monumental atentado que derribó una parte y muy importante de la más emblemática obra de Estado – conviene no olvidar el detalle- el aeropuerto de Barajas, se salda sin muertos. Estaríamos entonces en el mismo ciclo que se abrió el verano pasado, cuando ya nadie de los que seguimos con atención, y algún conocimiento, la situación en Euskadi, dábamos por terminada la tregua.

El único que se atrevió a decirlo – me refiero a gente seria, no a tertulianos- en un brillante y demoledor análisis fue Txema Montero, y aún le deben escocer los verdagajos con que le galantearon. En definitiva, el atentado de Barajas, sin muertos, hubiera sido un episodio cualitativamente idéntico a la kale borroka – terror sin víctimas mortales-. Sólo cambiaba la cualidad del objetivo: Barajas y vísperas de fin de año. Desde el día 23 de diciembre, que compraron el móvil usado para el aviso, desde ese día ya estaba aceptado el operativo de volar las instalaciones del aeropuerto. Sin víctimas, porque para eso insistieron tres veces, algo insólito en ETA, y dieron una hora para desalojar. En un aeropuerto como Barajas, una hora no sirve ya ni para agarrar un vuelo.

Sólo una pandilla de descerebrados puede imaginar que se puede desalojar una terminal y unos aparcamientos con varias plantas, y además creerse la palabra de unos tipos, sin vergüenza alguna, que han compaginado con bastante reiteración las llamadas trampa, y los cebos con tiempo escaso.

En otras palabras, vamos a hacer un atentado a lo grande, si es posible sin víctimas, pero si las hay tampoco pasa nada, porque la culpa no será nuestra. Exactamente igual que la dialéctica de la kale borroka;a usted le gritan que se baje del autobús, si lo hace despacio o protesta, tiene la posibilidad de que le quemen al tiempo que al vehículo, o que le forren a hostias, pero en principio la acción está pensada sin víctimas. Sólo infundir miedo y alentar el comportamiento ovejero; de oveja, de rebaño miedoso.

A menos que el vendedor de humo entre en trance y nos sorprenda con un hallazgo, se acabó el ciclo socialista de negociación con ETA. Ni el Gobierno puede seguir haciendo el ridículo, ni los columnistas salomónicos hablando por boca de ganso, ni la gente cavilando falsas ilusiones porque mira para otro lado y hace de tripas corazón. Ni hay paz posible en mucho tiempo. Al menos hasta que se abra un nuevo ciclo y algunos de nosotros podemos verlo, si es que no nos lleva algún bando por delante. ¿De todos esos cerebrinos-mandri que se ponían gozosos y sarcásticos ante el aislamiento histórico del Partido Popular por su cerrazón a la tregua y la paz irreversible,no habrá al menos uno que pague la ronda? Lo peor de todo lo que le puede pasar a la izquierda, lo peor de lo peor, es que la derecha tenga razón, porque la razón hasta hace bien poco era el único patrimonio de la izquierda. ¿No resulta inquietante que la unidad antiterrorista, y el dilema izquierda-derecha, en Madrid se bloqueara porque la derecha exigía la palabra libertad y la izquierda le costaba aceptarla? ¿Tendrá razón Imaz y nos hemos vuelto todos locos?

Entramos en otra fase. La peor, que sigue siempre a todo proceso de negociación fallido y que tiene mucho de pornografía política. Me temo que vamos a pasar unos meses de mierda en aluvión, porque cada una de las partes irá levantando poco a poco el velo de las confidencias y sabremos qué genialidad dijo Jesús Eguiguren tras comerse un típico plato turco – el sabroso Talas Kebabi, por ejemplo-, y las sentencias de Josu Ternera – es hombre de frases rotundas- emulando sin saberlo al príncipe de Lampedusa y exigiendo que todo cambie para que todo siga igual; si no fuera porque la experiencia nos dice que el talento no sirve en política más que para sobrevivir en el exilio, nos sorprendería que esta acémila pudiera no ya ser dirigente de una organización terrorista sino tan siquiera de unos ñetas de Carabanchel Bajo; no obstante es un Disraeli de la finura política si lo comparamos con Garikoitz Aspiazu, alias Txeroki,el otro líder de la organización. Al Capone tampoco exhibía sus luces, le bastaba con su capacidad de meter miedo.

Cuando leo eso de que la historia y el pasado sirven para no volver a cometer los mismos errores, la verdad es que me sale el vómito. Seguí y con cierta minuciosidad todas las negociaciones de los sucesivos gobiernos, desde la primera, en la que hizo de puente con ETA el cándido y voluntarioso José María Portell, y que por cierto le costaría la vida en 1978, con Adolfo Suárez en la Presidencia y Martín Villa en Interior. Las que vinieron luego acabaron siempre igual, ya fuera con los gobiernos socialistas o populares, no digamos ya las que organizaron los sucesivos presidentes del PNV o del Gobierno vasco. Me acuerdo de dos de Arzalluz memorables, porque tratándose de persona avezada y nada tonta, hizo el ridículo de una manera tan total y sublime que en cualquier otro lugar que no fuera Euskadi le hubiera llevado al ostracismo mucho antes de su jubilación. Como cada parte graba subrepticiamente las conversaciones, que por otra parte deciden honorablemente no grabar, y si a esto sumamos los servicios de espionaje del país anfitrión, tienen ustedes material para culebrón informativo en los próximos meses.

Pero no se engañen. El hecho de que todas las negociaciones hayan fracasado estrepitosamente no niega el corolario fundamental: el final de ETA será negociado o no será. Una organización terrorista con una base social del 15% no son ni las Brigadas Rojas ni la Baader-Meinhof. Al final del túnel y de la derrota de ETA habrá negociación, porque un 15 % no se extermina en una democracia, sencillamente se le aparca y se le inmoviliza como minoría. Y esto, que en abril del pasado año parecía posible, en agosto ya era imposible. Una organización que estaba contra las cuerdas, aislada y tocada en todos sus frentes, se reforzó y salió del bache. No es la primera vez que ocurre y la razón no es únicamente una cierta benevolencia represiva, sino otro tipo de causas que harían interminable este artículo. Analizar lo ocurrido desde abril a julio ayudaría, no a entender lo que ha pasado sino a meterse en la cabeza del enemigo.

Lo ocurrido con De Juana Chaos es una insensatez, y por mucho que le demos vueltas al asunto y hagamos declaraciones retóricas e hinchemos el pecho para repudiar al criminal, lo cierto es que estamos ante una sinrazón jurídica que nadie en una sociedad democrática podría admitir. Lo digo sabiendo muy bien lo que digo y el costo de mis palabras: yo creo que un terrorista con crímenes múltiples y reiterados debe ser condenado a cumplir la pena hasta el final, incluso de por vida, cosa que rechaza nuestro ordenamiento jurídico, y me gustaría que tuviera la única salvedad de ser susceptible a un indulto individual por su comportamiento tras años de prisión. Lo que no entiendo es que todos esos talentos jurídicos que derrochan las altas magistraturas del Estado se hayan encontrado que un criminal multirreincidente sale a la calle tras menos de veinte años de prisión… Y como se siente acojonados ante la opinión pública, lo condenan por haber escrito dos artículos en la prensa.

En el catálogo de necedades he oído hasta la saciedad que ETA no volvería a atentar porque eso significaría que Herri Batasuna no podría presentarse a las elecciones municipales de mayo. ¿Cuántas veces habremos de repetir que el futuro de Herri Batasuna no es una inquietud de ETA, y que una victoria electoral de su socio sería tan preocupante como una monumental derrota? Herri Batasuna, para ETA, está muy bien como está; ni subiendo ni bajando. Un electorado lacayuno y creyente, y bien asentado. Esta es una guerra de asentados; aquí no hay más pobres que los ecuatorianos que mueren durmiendo en los parkings del Estado enemigo. Por tanto, yo ruego que en la próxima negociación no haya de nuevo esa cofradía de columnistas salomónicos asegurando que la tregua y la paz son ¡esta vez! irreversibles. Irreversible no hay nada, salvo las prendas deportivas.

Lo que venga ahora será otra cosa. Quizá este atentado confirme una vieja tesis, de dudosa virtualidad, todo hay que decirlo, y que algunos de nosotros llevamos manteniendo desde hace años, y es que en España solamente el PP puede desarrollar una estrategia negociadora con ETA que no signifique la quiebra del electorado español. Y digo más, tras el atentado de Barajas tengo la impresión que ETA considera a Zapatero y su Gobierno como un bien ya amortizado, que jamás podrá hacer nada que no haya hecho ya. Ahora bien, queda por explicar el errático comportamiento del Gobierno y de su presidente. El próximo lunes el vendedor de humo nos lo va a explicar todo.