Cataluña no dará marcha atrás

Un manifestante ondea la bandera independentista de Cataluña, o estelada, frente al Palacio de la Generalitat el 30 de octubre, en el primer día de trabajo luego de la invocación del artículo 155 de la Constitución de España. Credit Javier Etxezarreta/European Pressphoto Agency

La proclamación de independencia de la República Catalana la semana pasada fue un hito histórico. Demostró que el gobierno catalán, con el apoyo de su población, tiene una prioridad: la libertad de un pueblo al que se le está prohibiendo decidir su futuro. Sin embargo, al gobierno español no pareció importarle que la mayoría de los catalanes quisieran un voto pacífico y democrático para establecer su independencia.

Durante años, los catalanes hemos perdurado ante esfuerzos constantes en contra de nuestro autogobierno. Fue algo aún más evidente después del referéndum del 1 de octubre en torno a la independencia, con acciones legislativas apresuradas para animar a las compañías a que abandonen Cataluña y presiones directas a grandes empresas para que hagan lo mismo.

Este daño a la sociedad catalana es parte de una antigua estrategia del gobierno español, que ha perpetrado decisiones políticas arbitrarias y caprichosas. El Tribunal Constitucional ha suspendido cada una de las iniciativas del gobierno catalán. Sin importar que los temas traten de igualdad de género, energía o economía, todo ha sido frenado a petición del gobierno del Partido Popular en Madrid.

Muchas veces y de muchas maneras hemos intentado alzar la voz por nuestros derechos, pero el gobierno español jamás ha escuchado; siempre nos hemos topado con el mismo muro de incomprensión y rechazo. El gobierno español solo quiere obediencia servil. Por eso intentó detener el referéndum a través del uso indiscriminado de macanas, amenazas y coerción.

Creímos que si votábamos pacíficamente a favor de la independencia, el gobierno español nos escucharía. Sin embargo, solo nos respondieron con violencia perpetrada por agentes uniformados y grupos de extrema derecha que han actuado con total impunidad. Golpear a la gente en nombre de las ideas ahora parece una actitud legítima.

Y ahí es donde pusimos el límite, porque enfatizar la dignidad y validar la voluntad de las personas no podía esperar por siempre. En la batalla por la autodeterminación y el reconocimiento de los derechos, uno no puede ganar con el primer golpe, sobre todo contra un Estado que está tan dispuesto a hacer que su maquinaria aplaste a millones de ciudadanos solo porque quieren votar. Sin importar lo que diga Madrid, Carles Puigdemont y Carme Forcadell aún son los presidentes de nuestro gobierno y nuestro parlamento, respectivamente, y seguirán siéndolo hasta el día en que nuestros ciudadanos decidan otra cosa en una elección libre.

Con el voto aprobatorio del referéndum nació la República Catalana, y está respaldada por la legitimidad de las urnas. Nosotros, los catalanes, necesitamos formular una estrategia común para el tramo restante del camino al establecimiento gradual de un nuevo marco de libertades. En los días venideros, tendremos que tomar decisiones, y no siempre serán fáciles de entender.

La voluntad de Madrid de anular el gobierno autonómico, rechazar el diálogo, limitar los derechos y libertades, perseguir a los representantes de los ciudadanos e imponer la fuerza bruta del Estado nos obliga a perseverar y hacernos más fuertes con tal de prevalecer. Actualmente, en Cataluña hay una disociación clara entre la voluntad democrática de los ciudadanos y el gobierno central, que se ha dispuesto a apoderarse de las instituciones del pueblo y a controlarlas despóticamente.

El gobierno de España ha entrado a Cataluña con la determinación de interferir en el currículo escolar, controlar los medios, poner nuestra policía a su servicio, convertir el país en otra provincia más de una España dividida que no tolera la pluralidad nacional, aplastar cualquier tipo de disidencia, por democrática que sea, y acabar con cualquier esperanza de establecer un diálogo.

No podemos permitirlo. Es esencial crear alianzas sólidas con todos los participantes sociales y económicos que quieren construir un Estado nacional que esté verdaderamente al servicio de sus ciudadanos. A pesar de los obstáculos que están en nuestro camino, debemos seguir adelante. No debemos renunciar jamás al voto como un medio de validar la república y debemos preparar elecciones locales que serán esenciales para la consolidación de esta naciente república.

La usurpación de las instituciones por parte del gobierno español a través del artículo 155 de la Constitución Española, una herramienta que le permite a Madrid tener el control administrativo de Cataluña, ha provocado indignación, y nuestra respuesta a ello se ha vuelto una prioridad.

Ante este ataque, debemos recomponer nuestras fuerzas, perseverar y no tener duda de que, con la civilidad y la actitud pacífica que siempre hemos tenido, seguiremos avanzando tan lejos como lo decidamos.

El valor que este país ha demostrado es tan iluminador y tan fuerte que tarde o temprano dará como resultado la consolidación de la independiente, verdaderamente justa y democrática República de Cataluña.

Oriol Junqueras fue electo vicepresidente de Cataluña en 2016 (*)


(*) Originalmente, el pie del artículo era “Oriol Junqueras es el vicepresidente de Cataluña”. Inmediatamente después de leerlo, envié un correo con el siguiente texto: «Es vergonzoso que el NYT haya permitido a Oriol Junqueras firmar el artículo “Cataluña no dará marcha atrás” como “vicepresidente de Cataluña”.  Es falso que ostente ese cargo ya que fue cesado de acuerdo a la Constitución y las leyes españolas. Espero que rectifiquen y sustituyan vicepresidente por exvicepresidente.» Supongo que no he sido el único porque doce horas más tarde el pie ha sido cambiado. Aún así, la fórmula empleada ahora tampoco sería la adecuada. El único título con el que puede firmar es el de “exvicepresidente”.

Correction: November 1, 2017 : An earlier version of a biographical note with this essay included outdated information. The writer, Oriol Junqueras, was removed by Spain last month from his post as vice president of Catalonia.

En la versión en inglés del artículo el pie de firma es ahora “Oriol Junqueras is the deposed vice president of Catalonia”, pero en la versión en español aparece “Oriol Junqueras fue electo vicepresidente de Cataluña en 2016”. Tampoco aparece la fe de erratas.

3 comentarios



  1. Señor Junqueras: ¿Cómo se atreve a decir que la mayoría de los catalanes quiere la independencia? ¡Qué arte el suyo para manipular! El art. 155 es la vuelta a la legalidad que ustedes han vulnerado una y otra vez pisoteando la voluntad de la mayoría de los catalanes a pesar de las muchas oportunidades que han tenido para volver a la legalidad. Ahora los catalanes podrán votar con garantías de verdad. Y espero que vayan todos a votar. Mientras tanto el ex presidente, sí, lo lee usted bien, el ex presidente de Cataluña, está en Bélgica, dejando que otros den la cara por él y asesorado por un abogado de la extrema derecha. ¿No le rechina algo aquí? Supongo que, a usted, mi opinión le trae sin cuidado, pero a mí me parece que, a ustedes, la ciudadanía catalana les importa bien poco, incluida la corriente independentista, y que solo piensan en alimentar sus egos. A la calle mandaron a la gente el 1 de octubre sabiendo que iba a haber enfrentamientos con la policía. Poco les importó. Carne de cañón es la ciudadanía catalana para ustedes. ¿Dónde estaban ustedes ese día? Las empresas, señor Junqueras, se han ido solitas sin presión alguna de nadie. Las empresas buscan estabilidad y seguridad y ustedes solo persiguen salir en sus libros de historia manipulados como los hacedores de una república que, ademas pretende anexionarse la Comunidad Valenciana y Baleares. Le podría desear suerte en este empeño pero al contrario que ustedes yo no soy una persona cínica. Sí estoy indignada con ustedes, por sus mentiras y por el daño que han causado a Cataluña y al resto de España. Porque a mí, Cataluña y los catalanes me importan y porque, señores, el mundo no gira en torno a ustedes.

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    1. Me temo estimada Belén que es predicar en el desierto. Es como intentar convencer al Papa de que no existe Dios. Lo de los nacionalistas es un acto de fe ante el que no cabe argumento lógico alguno.
      Y lo peor de todo es que algunos periódicos les siguen el juego. Observa que el New York Times le ha permitido firmar como “vicepresidente de Cataluña”. He enviado un correo para pedir la rectificación pero dudo mucho que me hagan caso.

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