Cataluña, ¡por fin el referéndum!

Querida Montse,

¡Por fin ayer celebramos el ansiado referéndum!

Te escribo todavía inmerso en la profunda emoción que vivimos en la histórica jornada de ayer. Tenías que haber visto cómo estaban las calles de Barcelona. Hablar de la fiesta de la democracia es quedarse corto. Las caras de la gente expresaban la profunda satisfacción de ver cómo se materializaba un hecho altamente deseado, eternamente postergado.

Cabe destacar que no hubo ni un solo incidente que obligase a cargar a la Policía. Todo fue civismo, alegría, entusiasmo, y excitación.

Los colegios electorales aparecieron llenos de gente haciendo colas interminables. Aunque la jornada iba a ser larga, parecía que nadie quería esperar, quizás por la lógica ansiedad que genera todo deseo oprimido, quizás por un cierto temor a que las fuerzas oscuras pudieran irrumpir y terminar con aquel anhelo colectivo.

Por todos los lados podías ver periodistas venidos de todo el mundo para dar fe a la opinión pública internacional de lo que allí estaba ocurriendo. Para dejar constancia ante la historia de que después de casi 40 años de lucha, por fin el pueblo había conquistado el derecho a expresar libre y democráticamente su voluntad y su modelo de convivencia.

Como sabes, el camino no ha sido nada fácil.

Desde Madrid, los sucesivos Gobiernos siempre impusieron sus ansias centralistas tratando de oprimir las libertades del legendariamente pacífico pueblo catalán. Todo eran portazos e impedimentos para poder manifestar nuestra voluntad.

Pero no se puede reprimir eternamente el ansia de un pueblo unido y finalmente tuvieron que negociar. Tuvo que llegar al Gobierno de España un presidente valiente y capaz de enfrentarse al ala más reaccionaria de su partido y del resto de los partidos nacionales, y tuvieron que llegar unos políticos catalanes pertinaces que, ayudados por los dirigentes del PNV, fueron capaces de negociar un nuevo ámbito que necesariamente debería ser refrendado por el pueblo. Y contra todo pronóstico lo consiguieron.

Después de tantas cargas policiales contra la población indefensa que sólo quería tener el derecho a manifestar su opinión, después de las continuas presiones militares, después de tantas crónicas periodísticas augurando todo tipo de cataclismos sociales y económicos, ayer votamos libremente y, debo añadir, rotundamente.

Si los acontecimientos del día fueron inolvidables, mucho más lo fueron los momentos del recuento. En primer lugar, el dato de participación. Casi un 70% de catalanes depositaron su voto en las urnas y, como te decía, en un ambiente cargado de civismo y de alegría contenida. Nadie quería dar la mínima excusa a los de siempre para tratar de desautorizar el resultado. Pero si la participación fue muy superior a la esperada, ni en nuestros mejores sueños pudimos pensar que el número de votos a favor iba a resultar tan apabullante. Más del 90% de los catalanes votaron “sí”. Un enorme, rotundo, e incuestionable “sí”. Un “si” expresado en libertad que proclamaba el deseo absolutamente mayoritario del pueblo catalán.

Un resultado tan categórico debería grabarse a fuego en la historia para que nadie lo olvide. Puedes apostar a que los de siempre reaccionarán. Intentarán por todos los medios torpedear a la opinión pública con las amenazas más aterradoras y los más cautivadores cantos de sirena con el único objetivo de volver al pasado y todos sabemos que son muy poderosos. Todos los recursos de los que disponen y muchos más al servicio de su ideología totalitaria. Y no lo dudes, si finalmente consiguen embaucar a una parte de la población, tratarán de imponerse al resto. Ya sabes que, aunque disimulen, en el fondo sienten una absoluta falta de respeto por la democracia. Por eso te escribo estas líneas, querida hija, para que nunca os dejéis engañar y que tú y tu generación sepáis defender en el futuro que sólo con una mayoría y una participación similares a las obtenidas ayer, debería poderse modificar un acuerdo tan ampliamente consensuado.

Pero no es momento de malos augurios. Hoy es un día de inmensa alegría, de libertad y de exaltación de la democracia de un pueblo que ha demostrado estar profundamente unido en sus aspiraciones. No lo olvides nunca.

Tu padre.

(Firmado en Barcelona, el 7 de diciembre de 1978, el día después de la celebración del referéndum de la Constitución Española).

Joan Franquet es profesor universitario de Economía.

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