Monarquía (Continuación)

En febrero de 1865, Emilio Castelar publicó uno de los artículos más célebres del periodismo político español, «El rasgo». Isabel II había intentado presentarse como salvadora de la hacienda pública permitiendo la enajenación del 75% del patrimonio de la Corona, lo cual solo podía considerarse como retención por la Reina de un 25% de lo que eran bienes de la nación. El acto ejemplar se convertía en picaresca y el gesto de desprendimiento, en un caso de usurpación. Castelar nos advertía de la importancia que tienen las formas en un personaje público: el tono de los discursos, el uso de un léxico apropiado, el respeto al adversario, los límites nunca traspasables de la buena educación.…  Seguir leyendo »

Un nuevo guión real se ha visto ondear desde las 9.30 horas del jueves pasado en el Palacio de la Zarzuela. Es el que corresponde a Felipe VI, quien ha querido recuperar el tradicional fondo rojo carmesí –carmesí histórico– de la Monarquía española.

De siempre fueron los estandartes reales de damasco, tela noble de seda con dibujo, de cuerpo entre tafetán y raso, que cruje de una manera característica y solemne, y de color, como decimos, carmesí, purpúreo muy subido, semejante a la rosa castellana, ya de por sí y desde la antigüedad considerado como color del imperium o poder soberano y que se institucionaliza a partir de Felipe II, tras una etapa previa de predominio con alguna indecisión.…  Seguir leyendo »

En su libro Sobre el olvidado siglo XX, escribe Tony Judd que “apenas hemos dejado atrás el siglo XX, pero sus dogmas y sus luchas, sus ideales y sus temores ya están deslizándose en la oscuridad de la desmemoria”. En efecto, la historia tradicional, tal como se enseñó a generaciones de escolares y estudiantes, daba significado al presente por referencias al pasado, mientras que hoy nos tomamos el siglo pasado con ligereza, pues, más allá de conmemoraciones oficiales -habitualmente de tragedias- desdeñamos sus enseñanzas. Si se suma a esta actitud la velocidad del cambio contemporáneo, el resultado es la extendida convicción de que el pasado no tiene nada que enseñarnos, y que nuestro mundo no tiene precedentes.…  Seguir leyendo »

El discurso es un género autónomo: no es tan breve y recio como una orden o la lectura de un comunicado, ni permite un desarrollo argumental acabado como una conferencia. El discurso es una pieza oratoria en la que se marcan unas líneas o áreas de interés a fin de que se conozca, aunque sólo sea aproximadamente, la hoja de ruta sugerida por el orador. Sólo requiere el enunciado de los asuntos, su breve explicación y una relación plausible de unos con otros, de manera que el conjunto sea una pieza coherente y no un mero puñado de ocurrencias.

Durante el proceso constituyente, algún borrador incluía la facultad del monarca de dirigir mensajes, que desapareció ulteriormente, pese a lo cual se han pronunciado discursos regios en la Pascua Militar, en la apertura del Año Judicial y de las legislaturas, en Navidad y en otras ocasiones.…  Seguir leyendo »

Un rato después de haber oído el discurso del Rey Felipe leo el que pronunció su padre el 22 de noviembre de 1975, dos días después de que muriera el dictador Franco. Aquel fue considerablemente más corto, apenas cuatro minutos. Aún me sobresalta su aire angustiado y sombrío. Cualquiera de esos crecidos irresponsables que cuestionan el mérito de la Transición y ponen en duda el progreso de España debe leer ese texto, cuyas únicas referencias de autoridad son Franco y Dios. Y a pesar de todos los dioses tonantes, aquel Rey tuvo la altura y el valor de incrustar un párrafo como el que sigue: «Pido a Dios su ayuda para acertar siempre en las difíciles decisiones que el destino alzará ante nosotros.…  Seguir leyendo »

República o Monarquía: este dilema marcó algunos momentos cruciales en la España contemporánea y definió durante décadas culturas políticas enfrentadas e incluso incompatibles. Hubo varias maneras de ser republicano, pero la más habitual se vinculaba a la herencia de la revolución que en Francia había guillotinado a un Borbón, enemiga acérrima de aquel Antiguo Régimen que adjudicaba el poder a la Corona, legitimada por la Iglesia, y sostenía un orden jerárquico que presidía la aristocracia. La República, en cambio, equivalía a un sistema democrático que reconocía ciudadanos iguales y no súbditos, en el que se atendían los intereses del pueblo y el clero perdía su influencia.…  Seguir leyendo »

Es lógico, legítimo y previsible que, tras la abdicación del Rey, las calles se llenaran de banderas republicanas, pues hay un sector de opinión nada despreciable que prefiere un cambio en el mascarón de proa del sistema. Si una protesta callejera de maestros, sindicalistas o afectados por la hipoteca se hallaba pespunteada por banderas tricolores, este súbito paso atrás del Rey ha encendido la mecha de todo ese republicanismo más evidente que latente al que venimos asistiendo en los últimos años. Pero es que, además, con la profunda crisis económica, social y política que sufrimos, era más que probable que, tarde o temprano, las instituciones se abrieran en canal o, al menos, se cuartearan dejando ver la impresionante grieta que separa a la ciudadanía de la res pública.…  Seguir leyendo »

Entre los males que de un tiempo a esta parte se achacan al proceso de transición política a la democracia iniciado en julio de 1976 ocupa un destacado lugar lo que el portavoz de la Izquierda Plural evocaba hace unos días en el Congreso como “renuncia de tanta gente a tantos sueños y tantas convicciones, hasta aceptar un monarca designado inicialmente por el dictador”. Basaba Cayo Lara la legitimidad de la convocatoria de “un referéndum para que el pueblo decida su destino” precisamente en “todas esas renuncias en la Transición para que la democracia saliera adelante”. Al cabo de 35 años, Izquierda Plural tiene claro que los males que afectan a la democracia española proceden de aquellas renuncias en mala hora consentidas por los partidos que fraguaron el pacto constitucional y entre los que nadie diría hoy que el comunista haya desempeñado un papel fundamental.…  Seguir leyendo »

Son una serie de coincidencias curiosas: de todos nuestros reyes, solo Carlos I había abdicado en la persona de su hijo, como ha hecho Don Juan Carlos. Las abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII fueron forzadas; Felipe V volvió a reinar; a Isabel II la destronaron; Alfonso XIII se marchó. Carlos I había nacido fuera de España, Gante. Don Juan Carlos, en Roma. El emperador era un hombre jovial, extrovertido, amante de las armas, como Don Juan Carlos: desde una silla articulada en Yuste, se divertía viendo esgrimir a sus caballeros. Y, miren por donde, Don Juan Carlos tiene también problemas de moción.…  Seguir leyendo »

Enrique de Aguinaga, catedrático emérito de Periodismo de la Universidad Complutense, profesor de más de cuarenta promociones de periodistas, fiel a sus principios –que ha conservado hasta «sus finales»–, recuerda que nadie hasta ahora ha podido negar «la mayor»: que «sin la intervención de Franco, hoy no habría Monarquía en España y que Juan Carlos I fue el heredero de Franco, aunque no continuador del franquismo, ya que ese no fue nunca el propósito del caudillo».

Según Aguinaga, el «atado y bien atado» se refería al papel que había destinado a la Monarquía. Franco utilizó la expresión en tres ocasiones y siempre con relación al futuro Rey, como lo corroboró en sus memorias Sabino Fernández Campo.…  Seguir leyendo »

King Juan Carlos I of Spain will be abdicating his throne on Thursday in favor of his son, Felipe. The king and his wife, Queen Sofia, will reportedly be allowed to retain their titles.

In the midst of this transfer of royal power, the United Kingdom’s The Guardian newspaper conducted a small experiment. It set up an online poll to see whether readers felt the 88-year-old Queen Elizabeth II should follow the 76-year-old Juan Carlos‘ lead and step down.

The result: 50-50.

The Guardian is a left-wing newspaper with a long-held republican (or anti-monarchical) streak. We should still keep in mind that Queen Elizabeth’s personal popularity has often stood in contrast with a declining interest in the British monarchy.…  Seguir leyendo »

He leído con interés y seguido con curiosidad los artículos y las opiniones que se han ofrecido acerca del futuro estatus de Don Juan Carlos I, tras abdicar la Corona de España. Un asunto cuyo atractivo se justifica por sí mismo al ser motivo de preocupación de muchos españoles y, en este caso, además, con un valor añadido: los buenos ejercicios de teoría política practicados en ciertas páginas escritas, como la de Jorge de Esteban, catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO, cuando el pasado 3 de junio, en esta misma tribuna, reflexionaba sobre La inesperada abdicación del Rey.…  Seguir leyendo »

El Rey constitucional que será mañana Felipe de Borbón carecerá casi completamente de poderes, a diferencia de su padre cuando fue investido. Solo dispondrá de uno, en apariencia frágil: “Arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones”. Pero esta limitada competencia, a la escandinava más aún que a la belga, engloba un enorme Poder, con mayúscula: el de la palabra. Mañana dispondrá de una ocasión única para utilizarlo en beneficio de la relegitimación de la institución y al servicio de la convivencia.

Sería desproporcionado cargar sobre el nuevo jefe del Estado la tarea de resolver el principal problema de España —además del desempleo—, a saber: el litigio territorial, y más concretamente, la cuestión catalana.…  Seguir leyendo »

Corría el verano de 1975 cuando por los alrededores de Londres paseábamos unos amigos españoles y británicos (algunos de los cuales llegarían con el tiempo a ser miembros de la Cámara de los Comunes). Franco estaba gravemente enfermo y el desenlace era inminente. Algunos británicos hacían chanzas del futuro rey al que auguraban un reinado muy corto: «Juan Carlos el Breve», apostillaban.

Solo veinte años después, un conocido británico, encargado –junto a otros– de hacer una revisión de la Monarquía inglesa con motivo del «annus horribilis» de 1992, me comentaba, en el seno de las tertulias hispano-británicas (creadas precisamente por los dos Monarcas a iniciativa del nuestro), que después de un estudio exhaustivo de las monarquías existentes en el mundo, habían concluido que la única que merecía la pena estudiar por muy diversas razones y para ver si convenía asimilar alguno de sus rasgos, era la española.…  Seguir leyendo »

El título II de la Constitución trata de la Corona. Consta de diez artículos y solo menciona a la Reina en uno de ellos; lo hace para decir que la Reina consorte no podrá asumir funciones constitucionales, salvo lo dispuesto para la Regencia. La forma de nuestro Estado es la de un Estado social y democrático de derecho. Y el Rey, símbolo de la unidad de ese Estado, modera y arbitra las instituciones. Estas funciones tan claramente expresadas en la Constitución no parecen ser entendidas por quienes creen que el hecho de sustituir la monarquía por una república daría paso ipso facto a una democracia.…  Seguir leyendo »

La abdicación de la Corona por el rey Juan Carlos ha sido considerada un hecho singular y, sin duda, lo es. Sin embargo, su singularidad no reside en que sea poco habitual. La Monarquía española se caracteriza por el alto número de abdicaciones desde la ruptura liberal con el absolutismo, allá por los años treinta del siglo XIX. Desde entonces, con la excepción de Alfonso XII, que murió a los 27 años, todos los demás monarcas españoles han abdicado. Isabel II lo hizo en 1870, Amadeo de Saboya en 1873 y Alfonso XIII hizo cesión de sus derechos dinásticos en 1941.…  Seguir leyendo »

Hace unos días se pudo oír en la televisión a una tertuliana, profesora de Historia y antigua dirigente del Partido Andalucista, afirmar sin que le temblara el pulso ni la voz que en aras de la “racionalidad democrática” se impone un referéndum sobre Monarquía o República, dando por hecho que la racionalidad radicaba en la segunda. No era fácil encontrar el rigor de estas afirmaciones, y menos todavía la pertinencia de que cualquier institución importante del país, si no existe un consenso casi unánime sobre la misma, deba ser ratificada en referéndum. Difícil lo tenemos para ser consecuentes con esta afirmación, ya que no solo la Monarquía, sino otras muchas instituciones deberían también someterse a referéndum, entre ellas, el sistema autonómico, que no parece haya cumplido la finalidad para la que se creó: la de contribuir a la unión de los distintos pueblos de España.…  Seguir leyendo »

Vivimos estos días momentos de máxima relevancia histórica en los que, una vez más, la Constitución de 1978, la más fructífera de nuestra historia constitucional, está cumpliendo el papel decisivo que le corresponde. El Rey Juan Carlos I, un gran Rey, ha decidido abdicar y el proceso de sucesión se está desarrollando con la máxima normalidad institucional. Lamentablemente, no ha sido siempre así en nuestra historia moderna, plagada de rupturas constitucionales. Si hoy es diferente es porque está plenamente operativa una Constitución sólida, que contiene las previsiones necesarias para dar continuidad y estabilidad a la convivencia. Previsiones que se están aplicando con naturalidad, ante la mirada de unos ciudadanos que muy mayoritariamente no esperan otra cosa de sus instituciones.…  Seguir leyendo »

La sucesión a la Corona es un tiempo de doble renovación: cambia el país y cambia también el Príncipe que se convierte en Rey. Los ritmos de la transformación son desiguales: el país empieza a mudar lenta y sutilmente, el nuevo Rey se transforma desde el momento mismo en que ciñe la corona, y el cambio es siempre a mejor. Cuando los vectores de la historia, la responsabilidad y la soledad convergen sobre la persona del monarca recién proclamado, los efectos son siempre positivos. Shakespeare, que tiene historias para todas las situaciones, cuenta en dos de sus mejores dramas patrióticos la del joven y disoluto príncipe Harry, quien, tras la muerte de su padre, abandona las malas compañías y pasa a ser el gran Rey de Inglaterra Enrique V.…  Seguir leyendo »

La abdicación de Don Juan Carlos y los días que han exigido los trámites para la proclamación del Príncipe de Asturias como nuevo Rey de todos los españoles han tenido el efecto, probablemente no deseado, de reabrir el viejo debate monarquía-república. Un debate muy antiguo, sobre el que está dicho todo desde hace decenios, y que los españoles habíamos zanjado en 1978 con la Constitución del consenso y de la concordia.

Pues bien, reabrir ese debate –de todos los debates siempre sale algo bueno– ha tenido el beneficioso efecto de volver a sopesar los pros y los contras de la decisión de los constituyentes del 78 y ha servido para hacer un balance del reinado del Rey Juan Carlos y también para que los desmemoriados y los ignorantes repasen la historia de la II República, que, se pongan como se pongan los que no la han estudiado y los sectarios irredentos, fue un rotundo fracaso y uno de los periodos más tristes de la historia de España.…  Seguir leyendo »