Monarquía

Cuando el general Franco muere en 1975, todos los líderes de los partidos políticos democráticos en la clandestinidad miraron, sin excepción, hacia el Rey Juan Carlos. Todos de una manera u otra, directa o indirectamente, desde España o desde el exilio, sabían lo que el Rey Juan Carlos y sus colaboradores más íntimos querían para España, que era exactamente lo mismo que todos ellos querían, libertad, y a su vez, todos ellos lo enmarcaban en un espíritu de convivencia en democracia que empapaba la sociedad española.

Después de 40 años de dictadura, consecuencia de una terrible guerra civil, consecuencia a su vez del destrozo de la II República por los socialistas prosoviéticos y los comunistas, la sociedad española, los ciudadanos españoles también miraban al Rey Juan Carlos.…  Seguir leyendo »

El 24 de octubre se cumplen 150 años de la muerte de san Antonio María Claret, arzobispo de Santiago de Cuba y confesor de la reina Isabel II. Su labor espiritual y pastoral a un lado y otro del Atlántico están sobradamente acreditadas. Su memoria y su legado llegan hasta nuestros días bajo el signo de su divisa: «mi espíritu es para todo el mundo».

No obstante, en este tiempo en que se miran con lupa las relaciones Iglesia-Estado y se pone bajo sospecha a quien se atreve a hacer valer su fe en su vida ciudadana, vale la pena evocar desde esta óptica a quien le tocara vivir entre el palacio y el templo gran parte del turbulento siglo XIX español.…  Seguir leyendo »

Háganse una pregunta fácil: ¿Sería posible que el presidente Sánchez refrendara el discurso del Rey del 3 de octubre de 2017, tal como hizo en su día el presidente Rajoy? ¿Sería pensable que Sánchez permitiera al Rey una intervención que fue lógicamente entendida como una crítica a la actuación de Rajoy tras el 1 de octubre de aquel año?

Ni posible ni pensable, ¡ya! Pues ésa es la clave. Hace unos días, tras la polémica desatada por la censura del presidente del Gobierno a la presencia del Rey en Barcelona para la entrega de despachos a la nueva promoción de jueces, este periódico destacó en su portada el posible abuso del Ejecutivo en la autorización previa al Jefe del Estado.…  Seguir leyendo »

Mucho se ha discutido estos días a cuenta de la ausencia de S. M. el Rey del acto de entrega de despachos a los jueces de la última promoción. El Gobierno no consideró adecuado que el Rey estuviera en Barcelona aquel día, e impidió la presencia real a la ceremonia. Los que defienden la decisión del Gobierno aducen que corresponde a este sancionar los actos del Rey, y que por lo tanto, si el Gobierno no accede, el Rey debe renunciar a acudir a un acto oficial. Discrepo de semejante punto de vista, y creo que el refrendo tiene otra naturaleza.…  Seguir leyendo »

Según una lúcida ocurrencia de Fernando Savater, «de las monarquías, como de la salud, cuanto menos se hable de ellas, mejor». En lo primero, sin embargo, yo soy reincidente.

Las monarquías europeas se han ido aproximando a las repúblicas cediendo señas de identidad propias; también la japonesa, parcialmente, tras la Segunda Guerra Mundial. Pero todavía conservan una: su carácter hereditario, en el que han ido introduciéndose algunas prudentes diferencias respecto del sistema sucesorio común. Así se ha hecho en España desde las Cortes gaditanas y se ha vuelto a hacer en el texto de 1978, cuyo artículo 57, sintetizado para lo que ahora nos interesa, dice así:

«1.…  Seguir leyendo »

He tenido la suerte de poder disfrutar estos días de la lectura de la biografía de Andrew Roberts sobre Winston Churchill. Con este motivo, he profundizado en su figura, sus escritos y sus memorables discursos políticos. Acaso su prosa rimbombante, y su capacidad de superdotado para pulsar las cuerdas sensibles de su pueblo, constituyan un reto arduo para el lector de nuestros días, acostumbrado a la inmediatez y bastante ajeno a la familiaridad con la Historia que caracteriza la palabra de Churchill. En todo caso, fue ese decir barroco (a lo británico) lo que consiguió enardecer a sus compatriotas, hasta entonces adormecidos por el lenguaje frío y carente de esperanza utilizado por los partidarios del «apaciguamiento» y por las huecas soflamas pacifistas de Chamberlain.…  Seguir leyendo »

El Rey al que han dejado desnudo

En el curso de la visita que giró el lunes a la reformada sede madrileña de la Fundación Ortega-Marañón, en su primera aparición tras impedirle Sánchez entregar en Barcelona sus despachos a los nuevos jueces por primera vez desde su entronización, se registró la curiosa instantánea de Felipe VI frente a uno de los retratos más característicos del filósofo. La imagen evocaba la anécdota que se cuenta del encuentro –más bien choque por sus consecuencias– del pensador con Alfonso XIII y que aceleró el republicanismo del que luego se arrepentiría Ortega ante la deriva del nuevo régimen del que fue partero con su Agrupación al Servicio de la República.…  Seguir leyendo »

Una de las características del republicanismo en España es que carece de articulación; es decir, no hay una formulación teórica, una idea que dirían los clásicos. No olvidemos que tras una idea, que encierra un proyecto, un propósito y una acción, se agrupa la gente.

Aquí, en España, el republicanismo no tiene esa idea. Ni siquiera se trata de ese “republicanismo cívico” que resucitó a finales del siglo pasado, muy cercano a la ingeniería social, que proponía el sacrificio (sus partidarios dicen “ajuste”) de la libertad y la propiedad en aras del bien de la república. No. Tampoco es eso.

Quizá nuestros republicanos actuales podían haberse acogido a fórmulas más modernas, similares a las de Philippe Petit, tan del gusto del progresismo.…  Seguir leyendo »

Escribía en agosto, con ocasión de la salida de España -más o menos voluntaria- del Rey Don Juan Carlos, que he sido monárquico y que quiero seguir siéndolo. De ahí que me preocupe, y mucho, la situación actual de nuestra monarquía zarandeada por la actividad del Gobierno actual.

El artículo 56 de nuestra Constitución dice literalmente: «El Rey es el jefe del Estado», símbolo de su unidad y permanencia y arbitra y modera el funcionamiento de las Instituciones…», y el artículo 62 y siguientes especifica cuáles son las funciones que se le atribuyen al Rey.

El tratadista de Derecho Político Santamaría de Paredes argumentaba que el Rey es el cuarto Poder del Estado y le atribuía, como hace la Constitución, el poder de moderar el funcionamiento de las instituciones.…  Seguir leyendo »

El Rey y las tres montañas

Tras los sucesos del día 25 de septiembre, ha quedado constatado ante la opinión pública nacional el acoso contra la Corona por el presidente del Gobierno -por omisión y acción- y algunos miembros del Gobierno -por acción-, que, simultánea y alucinantemente, integran el poder ejecutivo y la oposición anticonstitucional en España. Esta oposición, a diferencia de la «discrepante», refuta el sistema de legitimidad «en que se apoyan los poderes constituidos, poniéndose, por tanto, en tela de juicio la fundamentación del sistema y del poder» (De Vega).

Este hostigamiento incesante a la Corona, a ratos sin cuartel, a ratos sibilino, sostenido por miembros del Gobierno, que prometieron desempeñar sus cargos con lealtad al Rey y a la Constitución, lo convierte en algo sin parangón, inimaginable y de una gravedad extrema.…  Seguir leyendo »

Juan Carlos I como chivo exculpatorio

De entre las muchas formas que existen para abordar el análisis y valoración de los aspectos de la conducta del rey emérito que han sido sometidos a escrutinio crítico a lo largo de los últimos meses, probablemente quepa resaltar dos. Una sería a través del concepto de responsabilidad. Cuando se asume este enfoque por supuesto que en primer plano hay que poner la que corresponde al protagonista de unos comportamientos inequívocamente reprobables desde diversos puntos de vista. Pero sin duda también parece obligado señalar a sectores y personas que, por acción o por omisión, han contribuido, y de manera significativa, al desenlace conocido.…  Seguir leyendo »

Hoy, 15 de septiembre, Su Majestad la Reina celebra su cumpleaños. La Constitución contiene solo dos cosas -llamativas- respecto del consorte real. La primera es considerarlo en la norma constitucional (artículo 58); pues es algo único en el Derecho constitucional comparado. La segunda se refiere a que no puede asumir las «funciones constitucionales» del Rey, «salvo lo dispuesto para la Regencia». Lo primero se sigue de la convulsa vida política española del siglo XIX y, así, desde la Constitución de 1812 hasta la de 1876, se quiso asegurar que el ejercicio del Gobierno correspondiera solo al titular de la Corona. Lo segundo es consecuencia de lo anterior y significa jurídicamente que, si «la Reina consorte o el consorte de la Reina» desempeñan alguna función del Rey, los actos involucrados y generados serán nulos de pleno derecho.…  Seguir leyendo »

Desde hace algo más de una década, desde parte de la izquierda política y, sobre todo, de los separatistas, secundados por algunos politólogos, profesores de historia y periodistas, asistimos a una amplia ofensiva de descrédito de la monarquía parlamentaria, de propaganda a favor de la II República y de una idealizada futura III República.

A su favor, ese amplio elenco de propagandistas, tienen la evidente crisis del régimen de 1978, en una deriva continuada hacia la partitocracia desde 1977 y los casos de corrupción política, juzgados y condenados, a los que se añaden relatos y asunciones interesadas que repiten como versiones confirmadas.…  Seguir leyendo »

La decisión del Rey Emérito, Juan Carlos I, de salir de España, renovó las habituales críticas de un sector minoritario de la población, resaltando los “privilegios” de los monarcas y la (supuesta) injusticia que los mismos conllevan. Llama la atención la recurrencia del ataque pues vivimos entre marañas superpuestas de todo tipo de privilegios. La diferencia es que, pícaramente, estos privilegios cotidianos son llamados “derechos”.

Cientos de miles de funcionarios públicos disfrutan de condiciones laborales de privilegio en comparación con las del sector privado. Dentro de los trabajadores del sector privado, los liberados sindicales gozan de un estatus particular, claramente privilegiado.…  Seguir leyendo »

Muchos analistas han establecido una relación entre la crítica a la forma monárquica de la democracia española, acrecentada a raíz de la salida del Rey emérito de España, y la crítica a la Transición y su resultado, la democracia española bajo la forma de Estado de la Monarquía constitucional. Esta relación es estructural y se subraya con razón, y con razón se subraya que las críticas actuales a la Monarquía buscan un cambio de sistema político en España, pero que pueden terminar poniendo en riesgo la propia democracia.

Dejando de lado, pero no quitándoles importancia a las cuestiones judiciales que han provocado esta situación crítica para la Monarquía española, quizá es conveniente partir de una constatación doble.…  Seguir leyendo »

Seamos claros. La Monarquía parlamentaria española no forma parte de ningún menú a la carta donde cualquiera pueda elegir o descartar según le apetezca. La figura del Rey está inserta en nuestra Constitución con la misma fuerza de impresión que lo está la separación de poderes, la vigencia del Estado de derecho y la alternancia política. Frente a aquellos que quieren devolvernos a una situación parecida a la de la España de 1917, momento en el que la arquitectura institucional de la Restauración se fue al traste, habría que recordarles que los países han modificado su forma de organización política bien tras un golpe de estado, o bien después de haber sufrido una guerra.…  Seguir leyendo »

Una poderosa herencia greco-romana; distintas monarquías visigodas conformando el Occidente y un pujante Imperio Oriental son los mimbres con los que Isidoro de Sevilla desarrolla, en el siglo VII, su actividad pública. Siguiendo a San Agustín afirma que existe un orbe cultural romano-cristiano y admira a Roma como unificadora de muy diversos pueblos.

La realeza es tema nuclear en su pensamiento. Considera que la monarquía debe valorarse con abstracción de quien, en cada momento, la personifica. El poder real debe promover la justicia, la unidad nacional y el bien común. Éste prima sobre el bien del Rey. Defiende que sólo una consolidada monarquía podrá lograr la difícil fusión de la multiplicidad de los pueblos peninsulares.…  Seguir leyendo »

La Corona y los ciudadanos

Pensar que las andanzas de Juan Carlos I no afectan a la legitimidad de la Monarquía parlamentaria, “la forma política del Estado español”, según la Constitución, significa ignorar las peculiaridades de los regímenes monárquicos. Porque no hay institución más personalizada que la Corona, que se confunde casi por completo con su titular, quien en condiciones normales lo será de por vida o hasta que quiera, y, por extensión, con su familia, pues el jefe del Estado suele serlo por pertenecer a una dinastía y legará a sus descendientes esa misma magistratura. De manera que el comportamiento del monarca y de sus parientes, sometido al escrutinio de la opinión pública, adquiere un enorme relieve para nuestro orden constitucional.…  Seguir leyendo »

Es tan inútil comparar monarquía y la república como peras y manzanas, días y noches, películas y obras de teatro. En primer lugar, porque existen tantas variedades de peras, manzanas, días, noches, películas y piezas teatrales que compararlas llevaría indefectiblemente al error. Luego, porque depende del gusto de cada uno, lo que impide la justa evaluación. Sabemos que hay monarquías que funcionan y otras que siguen en la Edad Media, repúblicas que cumplen el requerimiento democrático de ser «la menos mala de las formas de gobierno» y otras que no cumplen ninguno. Sin embargo, siguen haciéndose comparaciones con una ligereza que bordea la frivolidad.…  Seguir leyendo »

La salida de España de Don Juan Carlos, amén de representar el triste ocaso de una figura clave en la historia de España, muestra hasta qué punto nuestro país ha dependido en exceso del carisma de su primer rey democrático. Muerto el juancarlismo, numerosas voces lamentan la ausencia de una defensa monárquica más allá del mero pragmatismo.

Así, ante el evidente deterioro del mito fundacional del llamado régimen del 78, es necesaria una defensa de la institución basada en su contribución a los asuntos de Estado, desgajada del carácter y virtudes de quien porte la Corona. Si se asume que lo deseable es disponer de una jefatura del Estado apartidista, sin capacidad ejecutiva, que prime la visión a largo plazo y no se halle sujeta a los ciclos electorales que condicionan el ejercicio de otras magistraturas, son varios los argumentos que justifican que la monarquía es el mejor de los sistemas posibles para determinar la jefatura de un Estado democrático.…  Seguir leyendo »