Causas y Consecuencias del Terrorismo

España y Al Qaeda: ¿qué tipo de amenaza afrontamos? ¿estamos dando la respuesta adecuada?

ranscripción de la ponencia impartida por Fernando Reinares, Catedrático de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos, con motivo de la celebración de las II Jornadas Internacionales de Terrorismo tituladas “Causas y Consecuencias del Terrorismo”, que tuvieron lugar los días 30 de noviembre y 1 de diciembre de 2006, en el Palacio de la Aljafería, sede de las Cortes de Aragón (Fundación Manuel Giménez Abad).

Es un verdadero placer estar hoy aquí. Agradezco mucho a la Fundación Manuel Giménez Abad su gentileza al invitarme, y por supuesto también a mi querido y admirado colega Rogelio Alonso, el profesor Rogelio Alonso, organizador de este encuentro.

Y por supuesto que, como siempre, es un verdadero honor compartir panel con Martha Crenshaw, con la profesora Martha Crenshaw, una verdadera maestra para mí, y participar en el mismo foro de otros maestros: David Rapoport, Alex Schmid, etcétera.

Hoy quería por segunda vez este trimestre -la primera lo hice el pasado mes de septiembre- tratar de proponerles una reflexión -ahora que tanto hablamos del modo en que se reacciona frente a ETA-; proponerles una reflexión sobre el modo en que estamos reaccionando en España a los riesgos y amenazas del terrorismo internacional, que es algo de lo que se habla mucho menos, y que tenemos menos sistematizado.

Y para empezar, quizá unas palabras muy rápidas acerca de la amenaza del terrorismo internacional, en el caso de nuestro país: ¿Por qué Al Qaeda, y el conjunto de grupos, organizaciones, entidades, vinculadas con Al Qaeda, continúa siendo una amenaza sustancial para España después del 11-M? De hecho, lo era ya antes del 11 de marzo. Y en la actualidad, esa amenaza procede -por ser ante ustedes sistemático, y no perderme en detalles-, procede básicamente de los tres componentes que configuran el terrorismo global en nuestros días. Procede directamente de Al Qaeda, es cierto que nuestro país no tiene a la amenaza de atentados planeados y ejecutados directamente por elementos de Al Qaeda como la principal de todas. Pero no es menos cierto… -hay otros países europeos donde sí ocurre, por ejemplo en el Reino Unido-. Pero no es menos cierto que bien hace poco, el pasado mes de julio, Ayman al-Zauahiri, el estratega, el “número dos”, por decirlo en estos términos, de Al Qaeda, nos ha vuelto a recordar a los españoles que nuestro país está entre sus objetivos preferentes, entre sus objetivos más significativos, a medio y largo plazo. En la medida en que ha vuelto a insistir en el objetivo de reconquistar para el Islam una serie de territorios que fueron dominio musulmán en el pasado, y que deben serlo en el futuro, como parte de ese califato universal al que aspira Al Qaeda, aunque esa agenda global la compatibilice el terrorismo global con otras agendas de carácter regional o local de los grupos u organizaciones asociadas con Al Qaeda.

Cierto que tenemos una amenaza, proveniente de Al Qaeda, que afecta a intereses y ciudadanos españoles en el caso, por ejemplo, de las tropas españolas destacadas en Afganistán, donde sí somos blanco de Al Qaeda, de la acción conjunta Al Qaeda talibán. Ahora bien, en el caso español, a semejanza de otros europeos (por ejemplo, Francia), la principal amenaza en términos de terrorismo global procede de grupos y organizaciones asociadas con Al Qaeda. Entidades afiliadas con Al Qaeda. Es decir, que han expresado acatamiento a Osama Bin Laden, y han expresado también su alineamiento con los objetivos últimos y con los métodos de Al Qaeda.

En el caso español, esta amenaza tiene varios nombres. Quizá el más significativo de todos ellos es el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, una entidad de origen argelino, que progresivamente ha ido ampliando su agenda al norte de África, no sólo al Magreb, sino a los territorios del Sahel, y que además, también recientemente se ha convertido en la extensión regional de Al Qaeda para el norte de África, siendo como es un grupo con abundantes conexiones en distintos países europeos, pero especialmente en los de la Europa meridional y algunos países de la Europa atlántica.

No es el único grupo, hay otros: el grupo islámico combatiente marroquí, crecientemente grupos de origen pakistaní. Es muy interesante, por ejemplo -fíjense qué dato más revelador-: a pesar de que el número de marroquíes residentes en España multiplica por diez al de argelinos, sin embargo, entre los detenidos y enviados a prisión por orden judicial, por asuntos relacionados con el terrorismo yihadista, con el terrorismo internacional; hay tantos argelinos como marroquíes.

Los sirios, que jugaban un papel determinante –hace poco he tenido ocasión de recordarlo con el comisario Ángel Soto, que sabe mucho más que yo de estas cosas, y que está hoy presente en la sala-, que tuvieron un papel determinante en la constitución de Al Qaeda en los años noventa, han ido paulatinamente dejando paso en términos de peso porcentual, de peso específico, a los de origen pakistaní. Y grupos como Lashkar-e-Toiba, autora de los atentados de Bombay, o Suni Terik, otros grupos de esta orientación, están ya presentes en España.

Por último, tenemos también un problema con células y grupúsculos que no mantienen una conexión orgánica ni un seguimiento directo, por parte de la propia Al Qaeda o de grupos asociados con Al Qaeda, y que surgen de manera autoconstituida. Y que, inspirados por los objetivos y animados por los métodos de Al Qaeda, pueden llegar a operar en nuestro país, y de hecho, han venido preparándose para hacerlo. Es el resultado, en buena medida, de esos procesos de radicalización que tienen lugar en distintos ámbitos, dentro de las comunidades musulmanas en España, y que tan magníficamente está analizando, precisamente, en tiempos recientes, el profesor Rogelio Alonso.

Por otra parte, quiero recordarles que hay agua para que este pez nade. Que en el ámbito de las comunidades musulmanas en España, ya sé que hay una encuesta reciente que alivia algo estos datos, pero los diferentes sondeos de opinión pública, los diferentes estudios que tenemos valiosos, con una metodología sofisticada, revelan que en torno al 13% de los musulmanes que viven en España exhiben actitudes, valores, que resultan positivos hacia Al Qaeda, hacia las actividades de Al Qaeda por considerarlas acomodadas a la ley islámica, y en general a la comisión de atentados en defensa del Islam, aunque resulten muertos y heridos civiles.

Bueno, pues ése es, grosso modo, el panorama de fondo. Si quieren, después entramos en algún detalle al respecto. Pero lo que me trae ante ustedes hoy es otra cosa. En relación con esto, ¿cómo venimos respondiendo en España, después del 11 de marzo? Hay otros países que también han sido afectados por algo semejante: Estados Unidos, Reino Unido, Australia, en particular. Y observamos diferencias importantes respecto a la conducta de unos y otros.

¿Acaso somos blandos con Al Qaeda? Y en todo caso, ¿por qué me pregunto si somos blandos con Al Qaeda? Podría preguntarme si somos duros con Al Qaeda.

Pero si me pregunto: ¿Somos blandos con Al Qaeda?, es porque existe en el mundo la idea, bastante generalizada, de que… Bastante generalizada entre las élites políticas, los medios de comunicación, los círculos académicos, los profesionales de la seguridad, de que precisamente España es blanda con Al Qaeda. Es un modelo de país que ha optado por una política blanda hacia el terrorismo global, de apaciguamiento, y no de confrontación. Un modelo, pues, distinto al modelo estadounidense, al modelo británico, al modelo australiano, a otros modelos semejantes.

Esta es una idea que también comparten en España algunos sectores de la oposición política. Y si me permiten, les desgrano [la idea] muy rápidamente. El argumento es básicamente este: después del 11 de marzo, los españoles se sintieron intimidados, muy acobardados. La gente atribuyó los atentados a la presencia de tropas españolas en Iraq. Tendió a transferir la culpa, la dirigió no hacia quienes perpetraron los atentados, sino hacia el Gobierno, que había enviado tropas a Iraq. Lo penalizó electoralmente. Optó por una opción apaciaguadora, que garantizara que se disipara esta amenaza de futuros atentados. Y de hecho, diría el argumento, de hecho, fíjense ustedes: apenas transcurridas cinco semanas desde los atentados de Madrid, y sólo veinticuatro horas después de que el actual presidente de Gobierno tomara posesión, se ordenó el regreso de las tropas españolas de Iraq, con lo que en primer lugar, aparentemente –aparentemente-, el Gobierno español reaccionó al 11 de marzo en el sentido deseado por Osama Bin Laden, de acuerdo con su amenaza pública de octubre de 2003: reaccionó de acuerdo a las predicciones de los estudios estratégicos yihadistas publicados en Internet en Global Islamic Media a finales de 2003. Y reaccionó de acuerdo a como habían requerido los autores del 11 de marzo, que habían exigido el abandono de las tropas españolas de Iraq.

Quienes están convencidos… (Y créanme que esta es la idea más generalizada fuera de nuestro país, y no se nos detrae un ápice por nuestra pasada experiencia de confrontación con respecto a ETA.) Están convencidos de este argumento aquellos que además, miran a otro tipo de iniciativas desarrolladas desde el Gobierno español, y las interpretan en términos exclusivamente de apaciguamiento, como de un modelo apaciguador. Por oposición, insisto, al de confrontación.

Por ejemplo, así interpretan la iniciativa esa de la Alianza de Civilizaciones. Que no es una iniciativa muy conocida, pero sí en algunos ámbitos especialmente cultivados de nuestro entorno.

Por tanto, se dice: hemos capitulado en Iraq. Hemos adoptado una política de apaciguamiento. Todo eso se evidencia de que el Gobierno español actual es blando con Al Qaeda. Y por si faltaran elementos para dar plausibilidad a este argumento, todo un ideólogo de Al Qaeda va y publica en un lugar de Internet un elogio del actual gobierno español, por sus movimientos en este sentido.

Es más, y dicen: por tanto, un gobierno blando con Al Qaeda, una opinión pública favorable a todo eso, que electoralmente se hizo manifiesto el 14 de marzo. Es un ambiente en el que lógicamente, no vamos a encontrar demasiados signos de confrontación en relación al terrorismo global. Estados Unidos, el Reino Unido, Australia, han introducido después de Bali, después de Nueva York, después de Londres, nueva legislación antiterrorista. España no ha introducido nueva legislación antiterrorista.

Y además, se dice: fíjense que todo esto condiciona la labor de otras instituciones. Por ejemplo, la condena a los dirigentes, hoy miembros de Al Qaeda, de la primera célula de Al Qaeda en España, ha sido interpretada mundialmente como una condena muy blanda. O incluso se han dado casos de sentencias que al final han puesto en libertad a individuos que sí han estado en Afganistán y sí han asistido a campos de entrenamiento, y han estado y han acudido a observar el adoctrinamiento y el entrenamiento proporcionado por los talibán. Unos grupos, un movimiento alineado, asociado formalmente con Al Qaeda.

Se nos dice además: en todo el mundo, en Australia, en Estados Unidos, en el Reino Unido, se están fortaleciendo los controles fronterizos, porque la inmigración ilegal está muy asociada a la penetración y a la mimetización de individuos de origen terrorista. España es justamente lo opuesto: en España se produce un proceso de regularización masiva de seiscientos mil inmigrantes ilegales, incluidos trescientos mil de origen musulmán.

Entiendan que el argumento que se hace de nosotros es un argumento muy poderoso. Muy poderoso. Y que por tanto, merece la pena pararse un momento a pensar en qué medida estos elementos y algún otro que voy a añadir pueden ser razonablemente discutidos como adecuados para lo que entiendo es la política gubernamental en materia de prevención y lucha contra el terrorismo internacional.

No voy a entrar ahora en la reacción de la sociedad española, al asunto en si es una sociedad apaciguadora o no. Solamente recordarles que el margen de victoria del Partido Socialista el 14 de marzo fue un margen de apenas unos pocos puntos porcentuales -no estamos hablando de un gran vuelco electoral-, que continuaba una tendencia de voto que se venía detectando en las semanas anteriores.

No voy a recordarles que la opinión pública sí, en los meses siguientes al 11 de marzo, atribuyó los atentados causalmente a la presencia de tropas en Iraq, y exclusivamente a eso, pero que progresivamente, ha ido evolucionando. Y hoy, por ejemplo, ya llevamos más de un año durante el cual entre el sesenta y el setenta por ciento de los españoles considera que el terrorismo internacional es para nuestro país no una amenaza grave, sino extremadamente grave. Ha habido, pues, un reposicionamiento.

No van a dejar nunca de preocuparme la falta de algunas reacciones que sí alimentarían la tesis de esa sociedad apaciguadora. Por ejemplo, a mí siempre me remueve el pensar cómo es posible que el GEO que murió en el segundo atentado… Porque España ha tenido no uno, sino dos atentados de terrorismo relacionado con Al Qaeda: el primero, el 11 de marzo, y el segundo, el 3 de abril, en Leganés; un atentado en toda regla. Los terroristas fueron a inmolarse, pero a causar el mayor daño posible. Y de hecho, mataron a un policía. Un agente de los Grupos Especiales de Operaciones, que recordarán.

Y siempre me ha llamado la atención que a pesar de que su cadáver fue profanado, de acuerdo con un ritual takfir, y brutalmente profanado, apenas hubo reacción de repulsión o reacción alguna respecto a este asunto.

Por lo demás, el verdadero impacto social del 11 de marzo, como saben todos ustedes, ha sido el dividir a la sociedad española, el dividir a las élites, dividir a los partidos, y dividir hasta a las víctimas del terrorismo.

Básicamente, en función de la atribución de responsabilidades o de quién estaba en última instancia detrás, qué conspiraciones lo explican, ese tipo de cosas. Todo gran atentado tiene sus teorías conspiratoriales, y el 11 de marzo no fue menos.

Pero permítanme muy brevemente entrar en el tema de Iraq, en el tema de la alianza de civilizaciones, y en el de la adaptación a nuestras estructuras de seguridad interior a la amenaza del terrorismo islamista, que son los tres grandes ámbitos de los que podemos hablar cuando tratamos de dar sentido a la política gubernamental en esta materia.

¿Se cedió ante Al Qaeda saliendo de Iraq? Bueno. Para responder a esta pregunta, creo que, en primer lugar hay que recordar algo evidente: la salida de Iraq era un compromiso político adquirido, todos sabemos, por el actual presidente del Gobierno, desde prácticamente cuando se enviaron las tropas. Era un compromiso adquirido, y además reiterado durante la campaña electoral. El PSOE nunca consideró que la invasión y ocupación de Iraq tuviera que ver nada con un plan antiterrorista, y tampoco consideró legal la invasión y ocupación de Iraq.

Por lo tanto, difícilmente puede acusarse al presidente del Gobierno español, o al Partido Socialista, de complacencia con el terrorismo o de ser blandos con Al Qaeda, por haberse opuesto a esta invasión o por querer sacar las tropas de Iraq.

Puede afirmarse que la decisión de abandonar Iraq fue una respuesta a un compromiso adquirido, y entiendo perfectamente que hubiera sido muy costoso para el Partido Socialista el no haber cumplido ese compromiso. Pero caben algunas cautelas. Y cabe alguna reflexión al respecto.

Por ejemplo, cabe preguntarse si esta respuesta, que está ajustada a ese compromiso político, que está ajustada a una ética de la convicción, por utilizar términos s los que les gusta referirse el entorno del presidente del Gobierno, fue una decisión ajustada también a la ética de la responsabilidad.

Y esto, en función de dos elementos, que creo inexcusables a la hora de evaluar esa decisión. Y tienen que ver con las cambiantes circunstancias, tanto en Iraq como en España, entre la adquisición del compromiso de sacar las tropas y el momento efectivo en el que salen las tropas. ¿Qué quiero decir?

Pues miren: en el momento en el que el presidente del Gobierno español ordena salir a las tropas de Iraq, seguimos sin tener ninguna evidencia de la relación entre Sadam Husein y Al Qaeda. Pero para ese momento, ya Al Qaeda está plenamente operativa en Iraq, a través de Unicidad de Dios y Guerra Santa, que después se transformará en la Organización de Al Qaeda para la Guerra Santa en el País de los dos ríos, y Ansar al-Sunna, su derivación, Ansar al-Islam, etcétera, etcétera.

Y la mayor parte de sus víctimas, además, son la población local, después de desintegrado el estado, desintegrados sus aparatos de seguridad; la única posibilidad de seguridad frente a esta situación era la que proporcionaban las tropas internacionales desplegadas en el país.

Esto, me he preguntado muchas veces si pudo haber sido tomado en consideración por el presidente del Gobierno antes de tomar su decisión y ejecutarla sólo veinticuatro horas después de asumir el cargo.

Incluso el obispo caldeo de Bagdad pidió a España y a otros países que no hiciéramos ese tipo de cosas, y lo argumentaba diciendo: “Nosotros estábamos contra la guerra -nosotros, los iraquíes- desde el inicio. Pero ahora es importante que los contingentes extranjeros se queden en Iraq, si nos abandonan sería peor, dada la situación general de desintegración del estado, de las estructuras de seguridad y de la galopante acción violenta, tanto de la resistencia como de los grupos terroristas vinculados con Al Qaeda”.

Sin embargo, el presidente del Gobierno español no tomó en consideración estos cambios, y de hecho, durante una visita oficial a Túnez, meses después, hizo un llamamiento a que otros países siguieran el ejemplo español.

Yo me pregunto qué hubiera ocurrido si el resto de los países que estaban en Iraq en ese momento hubieran seguido el ejemplo español. Dada, insisto, la actividad terrorista, la creciente presencia de Al Qaeda, y la situación de caos general.

El otro elemento que se introduce como nuevo son los atentados del 11 de marzo. Entre el compromiso adquirido y la decisión efectiva ocurren los atentados del 11 de marzo.

Y claro, pese a que era bien previsible que la salida de Iraq iba a ser celebrada por Al Qaeda y por sus entidades como una gran victoria (la batalla de Madrid fue un éxito, decían en sus propias palabras), pues no se adoptó ninguna cautela ni en términos de tiempo, ni de explicaciones para que esta atribución propagandística por parte de los terroristas fuera un hecho, ni tampoco para que el conjunto de la sociedad de nuestro entorno fuera a entender otra cosa que la existencia de una relación directa inmediata de los atentados y la salida de las tropas. Otros países no han hecho las cosas con el mismo tempo, con la misma cadencia, por ejemplo, Italia. Y por tanto ni han dado tanto pábulo a los terroristas, ni se han ganado una reputación internacional como apaciguadores o como gobiernos que han cedido al chantaje de los terroristas.

Hay otros factores, sin embargo, que permiten contrarrestar esta imagen de España y del Gobierno español. Los terroristas del 11 de marzo, no sólo exigían a España que saliera de Iraq. También exigían a España que saliera de Afganistán. Y no sólo no salimos de Afganistán, sino que el número de soldados españoles en este país se multiplicó por seis en el verano de 2004.

Esto sería un dato que refutaría el hecho de que el Gobierno español capituló ante los terroristas, ante Al Qaeda tras el 11 de marzo.

Cabe, sin embargo, debatir por qué abandonamos otro tipo de iniciativas internacionales, a pesar de contar con un respaldo de Naciones Unidas. Por qué abandonamos Libertad Duradera, por qué abandonamos otro tipo de iniciativas colectivas.

Y cabe también debatir sobre las razones que nos llevan a excluir del discurso político, sistemáticamente en España, la función antiterrorista que implica la presencia de nuestras tropas en algunos lugares del mundo. Como por ejemplo, Afganistán, donde si estamos es, sencillamente, porque se trata de que el país no vuelva a caer en manos de los talibán y a erigirse en santuario de Al Qaeda.

La Alianza de Civilizaciones, esta idea a la que aludía antes como muestra, se dice, de esa política, como expresión de esa política apaciguadora. Como saben, es una iniciativa planteada ante la Asamblea de Naciones Unidas, seis meses después del 11 de marzo, por parte del presidente del Gobierno español. Y es una iniciativa que de antemano les digo que ha contribuido de manera muy significativa a mejorar la imagen de España en el mundo islámico.

Una imagen de España que estaba en ese mundo muy deteriorada por alineamiento con Estados Unidos en la guerra de Iraq, y también a través de la propaganda emitida por parte de Al-Jazeera, como consecuencia del encarcelamiento y de la sentencia condenatoria de la Audiencia Nacional contra un miembro de la primera célula de Al Qaeda en España, que resultó ser el primer periodista que entrevistó a Bin Laden, curiosamente, después del 11 de septiembre, y que es un ciudadano español, de origen sirio, y de nombre Tayseer Allouni, y todos ustedes lo conocen bien. Y que ha hecho proclamas, tanto él personalmente como Al Jazeera, proclamas suyas que ha leído Al Jazeera, en el sentido de que cada vez que la policía española interviene redes de terrorismo islamista, está en realidad actuando acosando a las comunidades musulmanas en nuestro país.

Dicho esto, el montón de apoyos que ha concitado la Alianza de Civilizaciones dista mucho de ser satisfactorio. Hay menos de cuarenta gobiernos que la han respaldado, y algunos no contribuyen a darle crédito.

Especialmente, algunos del mundo islámico donde no está ni siquiera permitido erigir un templo judío o cristiano.

Tampoco creo que el copatrocinador, el primer ministro turco, haya dado a la iniciativa el crédito necesario, especialmente con las renuencias a recibir al Papa en visita oficial, que sólo han sido aliviadas, y muy parcialmente, de manera tardía.

Pero además, es que creo que hay problemas serios de concepto. Y que tienen implicaciones que no debemos desdeñar.

En primer lugar, es muy discutible que en este momento de la historia el conjunto de la Humanidad, o cada uno de nosotros, podamos ser ubicados en una u otra civilización, en uno u otro ámbito civilizatorio.

En segundo lugar, fíjense que la Alianza de Civilizaciones está formulada como una Alianza de Civilizaciones, literalmente dice así, “entre el mundo occidental y el mundo árabe e islámico”. Claro, yo creo que esto es una desviación etnocéntrica que subraya una fractura especialmente interesante, o especialmente preocupante, para el mundo occidental. Pero no les comento lo que piensan los hindúes o lo que piensan los chinos de esta formulación. Y son una gran parte de la Humanidad, no lo olviden ustedes. Y además tienen sus propios problemas, con el mundo islámico. Y a veces, más victimizados que nosotros, como el caso de los indios. De los hindúes, perdón.

La Alianza de Civilizaciones está formulada desde el inicio aludiendo al terrorismo global, y después del 11 de marzo. Y es cierto que el eco que subyace detrás es el apostar por una serie de iniciativas de carácter colectivo, y que no hagan tanto énfasis en el uso de medios militares. Pero en el momento en que se formula (septiembre de 2004), ya es evidente que la mayoría de los blancos y la inmensa mayoría de las víctimas de Al Qaeda y de sus grupos y organizaciones afiliadas, son musulmanes.

Por lo tanto, hay un desajuste entre la formulación y la realidad ya del terrorismo internacional, para entonces.

Creo además que haber planteado la Alianza de Civilizaciones afirmando, por ejemplo (y digo textualmente palabras del discurso del presidente del Gobierno, en Nueva York): “Se puede y se deben conocer sus raíces [las raíces del terrorismo]”. Creo que es problemático, porque primero, estas palabras encajarían muy mal en el discurso político sobre ETA.

Y el Gobierno español, oficialmente no pone adjetivos al terrorismo.

Pero incluso si hablamos del terrorismo internacional, creo que es muy difícil remitirnos a raíces o causas últimas, salvo que el catálogo de éstas sea demasiado extenso e inabarcable.

Y en cualquier caso, tengo a veces la impresión de que relacionar terrorismo con desigualdades económicas, pobreza, o con conflictos regionales, como se hace, al calor de la Alianza de Civilizaciones, así en genérico, es algo que involuntariamente puede proporcionar justificaciones para la violencia. Y añadiré que después de lo que ha sido el informe presentado por el Grupo de Alto Nivel que ha desarrollado esa Alianza de Civilizaciones, también entiendo problemático que tratándose de una respuesta a un fenómeno de terrorismo internacional, relacionado con Al Qaeda, se haya hecho énfasis por parte del presidente del Gobierno español y el presidente turco, del primer ministro turco, en el conflicto árabe-israelí.

Porque, claro, porque el actual terrorismo global, ni surgió allí, ni evolucionó allí. Sino donde confluyeron el wahabismo saudí y la “yihad” afgana.

Otra cosa es que Osama Bin Laden y Ayman al-Zauahiri hayan tratado y estén tratando de beneficiarse de la disputa de Oriente Medio y del conflicto árabe-israelí. Pero yo creo que no hay por qué facilitárselo con diagnósticos que den pábulo a sus pretensiones.

El tercer ámbito que merece la pena subrayar en relación con la respuesta española a Al Qaeda es el que creo que es más consistente. Es el que tiene que ver con la adaptación de nuestras estructuras de seguridad interior, para hacer frente como es debido a este terrorismo. Es el menos conocido fuera de nuestras fronteras, pero es uno que especialmente interesa subrayar hoy.

Es algo desarrollado… Así como en los anteriores verán ustedes que el protagonismo es del presidente del Gobierno, que es en quien recae la responsabilidad última en materia de política antiterrorista, pero permítanme que les recuerde que nuestro gobierno en España es un gobierno colegiado. Colegiado.

La institución central en materia de política antiterrorista es el Ministerio del Interior. Y es ahí donde se han llevado a cabo las iniciativas más sólidas en materia de política, frente al terrorismo internacional. Básicamente en términos de incremento de capacidades de información y de inteligencia, que en buena medida empiezan ahora a rendir sus resultados: reforzamiento de la coordinación entre agencias estatales de seguridad; temas como la creación del Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista; de que por primera vez haya bases de datos mutuamente accesibles entre cuerpos, que se acabe ya con esa idea de que cada cuerpo tiene su propia base de datos, es algo incompatible con el principio del interés público. Ya tenemos planes especiales de prevención y protección antiterrorista, específicamente pensados en relación con el terrorismo internacional, por ejemplo, aquellos que tienen un componente de prevención y protección, frente a atentados nucleares, radiológicos, biológicos o químicos. Y se ha potenciado la cooperación internacional, en nuestro entorno de la Unión Europea, preferentemente con Francia, lógicamente. Pero bueno, el GSPC es –por ejemplo- una amenaza compartida.

Se ha potenciado la cooperación con el norte de África, muy especialmente con Marruecos, como es también lógico. Y, por supuesto, con Estados Unidos, que después de algunos altibajos en los últimos meses, ha vuelto a repuntar con fuerza, en buena medida, creo que por el buen conocimiento y gestión de estas cuestiones del comisario Miguel Valverde, al frente de la Comisaría General de Información.

Hay una discusión importante, posible, sobre por qué no ha habido ningún cambio legislativo en España otro que el relativo a sustancias explosivas, o lo que supone la transposición de decisiones de la Unión Europea, de los consejos JAI a nuestro país. Quizá aquí fiscales y profesionales, en general, tienden a decir que las disposiciones del Código Penal, de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, son suficientes a estos efectos y que no hace falta de momento introducir más elementos. Quizá hay elementos de otras legislaciones que sin vulnerar derechos y libertades pueden acomodarse mejor a las especificidades del fenómeno terrorista concreto al que estamos asistiendo en la actualidad.

Y desde luego también, permítanme recordarles que hay otras iniciativas en materia de prevención y lucha contra el terrorismo internacional que se han desarrollado en otros ámbitos aparte de Interior, por ejemplo, Exteriores; por ejemplo, Justicia (con la Dirección General de Asuntos Religiosos); Economía y Hacienda, el Banco de España, por temas de financiación del terrorismo.

Por tanto, uno diría, en general, verdaderamente, no puede afirmarse. Somos uno de los cuatro países europeos, con Francia, Reino Unido e Italia, que más individuos ha detenido en los dos últimos años, por su vinculación a actividades relacionadas con el terrorismo yihadista. Y esto, a su vez, es un elemento que nos ha hecho demasiado visibles de cara a estos sectores, y que nos genera particular animadversión por parte de ellos.

Por tanto, en conjunto, no creo que podamos decir que España es blanda con Al Qaeda. Pero sí es evidente que hay disonancias en el discurso, y posibles disonancias también en la acción de distintos ámbitos gubernamentales. Creo que el hecho de que el presidente del Gobierno introduzca una serie de iniciativas, que después implementan los ministerios, pero que proceden de Moncloa, es una actitud en materia de política antiterrorista quizá inusualmente presidencialista. Tiene mucho que ver con una carencia que tiene España, y que no tienen otros países del mundo occidental (y lo van a comprobar enseguida, aunque uno pueda discutir los términos); pero España no tiene algo que Estados Unidos, por ejemplo, tiene, que es una estrategia nacional, coherente, integrada, interdepartamental, formalizada, a la que atenerse a la hora de hacer frente a este terrorismo internacional.

Muchas gracias.

Zaragoza, 30 de noviembre de 2006.

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