Ceuta y Melilla como excusa

Por Xavier Rius, periodista (EL PERIÓDICO, 09/11/07):

Resulta más que paradójico que el Gobierno marroquí retire a su embajador en Madrid con el argumento de que la visita de los Reyes a las ciudades de Ceuta y Melilla es una provocación, cuando la Gendarmería y el Ejército marroquís han defendido estos últimos tres años las fronteras de dichas ciudades, pese a que Marruecos las considera propias.
Efectivamente, Marruecos jamás ha reconocido jurídicamente la españolidad de dichas ciudades del norte de África. Por esta razón, las aduanas de mercancías entre ambos países son los puertos de Algeciras y Tánger, mientras que Marruecos permite solo el paso por las fronteras de Ceuta y Melilla de personas a pie o en vehículo, que pueden llevar enseres personales o un número limitado de productos. Hecho que ha dado lugar al tránsito de miles de hombres y mujeres marroquís que cruzan la frontera cargados de fardos con productos españoles. Pero los camiones solo pueden entrar por la aduana del puerto de Tánger.

Pese a no reconocer las fronteras de Ceuta y Melilla, Marruecos, después de la llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero, ha protegido y defendido con las armas los ocho kilómetros de frontera de Ceuta y los 10 en Melilla con motivo de los asaltos masivos a los muros de alambradas que rodean dichas ciudades. La primera vez que esto ocurrió no fue durante la crisis de los saltos de septiembre y octubre del 2005. Un año antes, el 8 de agosto del 2004, se produjo en Melilla el intento de salto de 400 subsaharianos. Al verse desbordada la Guardia Civil por una lluvia de piedras que hirió a 25 agentes, Madrid pidió auxilio al Gobierno marroquí, que envió de inmediato a la Gendarmería y dispersó a los subsaharianos.

¿Qué había ocurrido para que Marruecos se decidiera a ayudar a la Guardia Civil en la frontera de Melilla? José Luis Rodríguez Zapatero, nada más llegar a la Moncloa, dio un giro de 180 grados a las relaciones que mantenía España con Marruecos en tiempos de Aznar. Muestra de ello es que el 24 de abril del 2004, solo siete días después de ser investido, hizo su primer viaje oficial al extranjero y se reunió en Casablanca con Mohamed VI, que no le recibió en el palacio real, sino en su domicilio privado y, finalizada la reunión, salió a la calle con Zapatero, algo que solo había hecho con el presidente francés Jaques Chirac.

LA NECESARIA cooperación antiterrorista tras los atentados del 11-M y el cambio de posición del Gobierno español ante el conflicto del Sáhara sellaron esta nueva etapa. Por ello, cuando entre agosto y octubre del 2005 se intensificaron los saltos de dichos muros de alambre, la Gendarmería y el Ejército marroquís acudieron reiteradamente a defender con fuego real dichas fronteras. Así, entre el 28 de agosto del 2005 y el 6 de octubre, al menos 14 subsaharianos fallecieron a ambos lados de la valla por arma de fuego.
El ministro de Defensa, José Bono, al producirse las primeras muertes negó que los disparos se realizaran desde territorio español, dado que “España nunca disparará contra ciudadanos desarmados”. Fueron los marroquís, que no niegan ni confirman nada, ni dan facilidades para investigar las muertes, quienes, ante la magnitud de los saltos, atendieron las súplicas del presidente y del jefe del Estado españoles, y adoptaron medidas que hicieron realmente disuasorio el muro: disparar por la espalda a quien intentara saltarlo. Y, en días siguientes, excavadoras marroquís retiraron toda la maleza y arbolado de las zonas próximas a las vallas para facilitar un mejor control de los cuerpos de seguridad marroquís. Todo ello a cambio, sobre todo, de la nueva posición del Gobierno español ante el conflicto del Sáhara, que rechaza cualquier propuesta de la ONU que pueda llevar a la futura independencia de la antigua colonia española. Marruecos defiende y legitima con las armas la españolidad de Ceuta y Melilla –que no está en discusión en la ONU– a cambio de que España –antigua metrópoli del Sáhara– apoye en la ONU la marroquinidad del Sáhara.

CABE recordar que el 27 de octubre del 2001, durante el segundo mandato de José María Aznar, Marruecos retiró su embajador tras haber sorteado ambos países repetidas crisis. Y el motivo de la retirada no fue ninguna decisión de Aznar, sino el hecho de que el 20 de octubre se realizó en Andalucía un referendo simbólico a favor de la autodeterminación del Sáhara, con mesas en los ayuntamientos e incluso en el Parlamento andaluz.
Ahora la situación a ojos de Marruecos es más grave, ya que el juez Garzón declaró la semana pasada competente a la Audiencia Nacional para investigar la muerte de ciudadanos saharauis, lo que puede provocar que en los próximos meses responsables políticos marroquís tengan una orden de detención internacional como la que en su día sorprendió a Pinochet en Londres. Ante esta amenaza, Marruecos se ha limitado a aprovechar la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla para retirar el embajador. Pero el motivo real de esta retirada es la iniciativa de Garzón referida al Sáhara. Y lo que preocupa ahora en la Moncloa, mucho más que la simbólica marcha del embajador, es que Marruecos, que efectivamente luchaba contra la inmigración ilegal, dé ahora su visto bueno a que las pateras vuelvan a salir libremente hacia España.