Chaves Nogales: la tercera España

El 75. º aniversario del 18 de julio  de 1936 ha sido para mí una noticia inesperada: no recordaba que el lunes pasado conmemoráramos tan trágico acontecimiento. Pero la prensa me hizo caer en la cuenta de una fecha que no debe olvidarse porque significa el fin de una etapa de la historia de España y el desgraciado comienzo de otra, hoy felizmente superada.

No hay duda sobre quiénes fueron los responsables de lo acontecido aquel 18 de julio: los propios golpistas, los sublevados, la trama militar y civil que desde sus comienzos intentó derribar a la República para restaurar el antiguo orden. Los generales Sanjurjo, Mola y Franco, así como sus seguidores, fueron los principales culpables de la rebelión militar iniciada ese día. Ysi tuviéramos que encontrar corresponsables deberíamos apuntar hacia el Gobierno de la República, presidido por Casares Quiroga, que mostró una total ineptitud para prevenir y reaccionar con inteligencia ante el golpe militar.

Pero una cosa es la responsabilidad de la sublevación militar y otra la responsabilidad de lo acontecido durante la cruel guerra civil que enfrentó a las famosas dos Españas de Machado. Esta última responsabilidad, la de la guerra civil, es mucho más compartida y alcanza no sólo a quienes se levantaron contra la legalidad republicana sino también a quienes bajo la excusa de defender la democracia vulneraron todos sus valores y principios. En efecto, nada más empezada la guerra, el bando republicano se dividió entre quienes defendían el régimen político legítimo y quienes pretendían aprovechar las circunstancias para cambiarlo. Además, esta división inicial fue, quizás, el principal motivo por el que se perdió la guerra.

Muchos republicanos fueron conscientes de este grave error. Pocos, sin embargo, lo denunciaron entonces. Uno de ellos fue el periodista y escritor sevillano Manuel Chaves Nogales, en aquel tiempo director del diario republicano Ahora,hasta hace poco un perfecto desconocido. Gracias, especialmente, a Andrés Trapiello, María Isabel Cintas, Xavier Pericay y Arcadi Espada, sus escritos se están editando en España desde hace unos años. Son piezas de un gran interés literario y político. En esta ocasión es inevitable referirse a su libro de relatos breves sobre la guerra civil que lleva por título A sangre y fuego (Espasa, Madrid, 2006). Se trata de un volumen breve, escrito en el exilio francés entre enero y mayo de 1937, del que cabe destacar, en especial, su prólogo, insólitamente lúcido, sobre todo si tenemos en cuenta el temprano momento de su redacción.

Chaves se define como intelectual liberal, antifascista y antirrevolucionario. “Con el debido respeto – dice Chaves-todo revolucionario me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario”. Y añade: “Mi única y humilde verdad era un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad. (…) Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España (…) Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos. (…) Un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros”.

“Cuando estalló la guerra – sigue Chaves-me quedé en mi puesto cumpliendo mi deber profesional (…) Vi entonces convertirse en comunistas fervorosos a muchos reaccionarios y en anarquistas terribles a muchos burgueses acomodados. La guerra y el miedo lo justificaban todo. (…) Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y no había nada que salvar (…) Y tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de Falange, que a la de los analfabetos anarquistas o comunistas (…) Yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos”.

Fatalista, Chaves advierte: “El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado o de otro de las trincheras (…). El hombre que encarnará la España superviviente surgirá merced a la guerra, que hace sucumbir a los mejores. ¿De derechas? ¿De izquierdas? ¿Rojo? ¿Blanco? Es indiferente (…) Sea quien fuere, será un traidor a la causa que hoy defiende”. Y acierta al profetizar la llegada de “un gobierno dictatorial que con las armas en la mano obligará a los españoles a trabajar desesperadamente y a pasar hambre sin rechistar durante veinte años, hasta que hayamos pagado la guerra (…) Habrá costado a España más de medio millón de muertos (…). Cuando llegué a esta conclusión abandoné mi puesto en la lucha (…). Me expatrié cuando me convencí de que nada que no fuese ayudar a la guerra misma podía hacerse ya en España”.

Eso lo escribía Chaves a comienzos de 1937. Una España se levantó en armas contra la República confundiendo a esta con la otra España. Pero no había dos sino tres: a esta tercera España, que hasta la transición no fue una inmensa mayoría, le debemos la democracia. Entre sus precursores está el exiliado Manuel Chaves Nogales, muerto prematuramente en Londres el año 1944.

Francesc de Carreras

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