Chile en la encrucijada

EL 17 de diciembre, el pueblo chileno elegirá un nuevo presidente de la república, quien gobernará el país por los próximos cuatro años. En efecto, tras las elecciones del pasado 19 de noviembre, donde participaron ocho candidatos provenientes de un amplio espectro político, pero ninguno obtuvo más del 50% de los votos, dos disputarán la segunda vuelta electoral.

Chile enfrenta una reñida lucha, en la que no hay claridad respecto de quién resultará vencedor. Por una parte, Sebastián Piñera, de 68 años, PHD de Harvard, empresario, exsenador y expresidente de la república, y por la otra, Alejandro Guillier, de 64 años, periodista, exconductor de televisión y actualmente senador por la región de Antofagasta. Piñera se presenta con el apoyo del centro-derecha, además de la derecha más conservadora. En la primera vuelta obtuvo el 36,6% de los votos –un 5% menos de lo vaticinado por las encuestas–, aunque la suma de los votos de su sector, incluyendo los del conservador José Antonio Kast, alcanzó el 45% de la votación. Su contendor Guillier, quien obtuvo el 22,7% de los votos, espera el apoyo del Frente Amplio –equivalente a Podemos de España–, que obtuvo algo más del 20% de los votos, del Partido Comunista y de otros sectores de extrema izquierda. La Democracia Cristiana, parte de la coalición del gobierno actual y que alguna vez fuera el principal partido político chileno, está dividida internamente y muchos de sus seguidores se inclinarán por Piñera, provocando un insospechado quiebre.

El candidato Guillier ha declarado recientemente: «Les meteremos la mano en el bolsillo a quienes concentran el ingreso, para que ayuden a hacer patria alguna vez, protegiendo a su juventud». Estas declaraciones demuestran su decidido interés por continuar y profundizar las reformas que ha llevado adelante la presidenta Bachelet, las cuales promueven más Estado y más «gratuidad universal». Chile está divido en dos y no se visualiza que esta situación cambie en el tiempo. Ya en los 60, la Reforma Agraria, impulsada por el presidente Frei Montalva, en la que se expropió sin pago la tierra y se profundizó la división entre los chilenos, generó una profunda grieta en la sociedad. El marxista Salvador Allende acentuó esta división, llevando al país a una crisis económica y social profunda e inmanejable para los actores políticos. Tras el gobierno militar, liderado por Augusto Pinochet, el centro-izquierda ha gobernado Chile en cinco de los seis gobiernos que se han sucedido.

Resulta paradójico constatar que el centro-derecha chileno haya sido el principal defensor de los logros de los gobiernos de centro-izquierda. Hoy la nueva izquierda chilena, representada por Guillier quiere ir más lejos en sus intentos por lograr la «igualdad». Dentro de sus principales objetivos, está dinamitar el sistema privado de fondos de pensiones, el cual ha sido fundamental para fortalecer el mercado de capitales y lograr pensiones seguras, aunque todavía insuficientes.

La pretensión del bloque de izquierda es retornar a un sistema estatal de reparto, fracasado en casi todo el mundo. El Frente Amplio, clave para las pretensiones de Guillier, logró un alto apoyo en las elecciones de parlamentarios, lo que les permitiría, en caso de un triunfo de Guillier, imponer muchos cambios estructurales populistas y de difícil implementación. La nueva izquierda también pretende aprobar una asamblea constituyente, al estilo venezolano, para generar una nueva Constitución política, aunque la actual ya fuera modificada casi completamente bajo el gobierno del socialista Ricardo Lagos. El clima interno presegunda vuelta ha estado plagado de acusaciones y de discusiones estériles y aún cuando Chile ha crecido mucho en los últimos 40 años, comparado con el mundo y con la región sudamericana, una nueva clase media emergente con infinitas aspiraciones y con menos paciencia, se ha transformado en el mercado objetivo de ambos candidatos.

A diferencia de lo que sucede en el Reino Unido, en Francia, en España o en Alemania, en que tras cada elección las instituciones siguen funcionando,

los resultados de la elección del día 17 serán claves para el futuro de Chile. Lo que suceda, también tendrá efectos en el entorno regional, toda vez que Chile se ha constituido por ya cuatro décadas en el ejemplo de la región y en un modelo a seguir. Venezuela continúa en medio de una crisis con efectos nefastos e impredecibles, Colombia lucha por implementar los acuerdos con la guerrilla, Perú se complica por casos de corrupción y su presidente pierde apoyo, Bolivia seguirá en manos de Evo Morales que se las ha arreglado para continuar siendo reelegido, mientras Argentina con Macri logra poco a poco salir de un largo túnel, tras el Gobierno de Cristina Fernández.

Chile se acerca a un día crucial que si triunfa el centro-derecha, muchos saldrán a la calle a celebrar, mas otros tantos a protestar. Por el contrario, si triunfa la izquierda dura, capitales emigrarán probablemente de Chile y los recuerdos de los días de Allende en el poder volverán a aflorar casi medio siglo después.

Andrés Montero J., empresario chileno y máster en Relaciones Internacionales de la Fletcher Scholl Of Lan Diplomacy.

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