China cruza el Rubicón

Durante dos décadas la diplomacia china se ha guiado por el concepto del ascenso pacífico del país. Sin embargo, actualmente China necesita una nueva doctrina estratégica porque, en Sri Lanka, lo más sobresaliente de la reciente victoria sobre los Tigres Tamiles no fue su carácter arrollador sino el hecho de que China proporcionara al presidente Mahinda Rajapaska los suministros militares y la protección diplomática necesaria para llevar a cabo la guerra.

Sin el apoyo de China, el Gobierno de Rajapaska no hubiera tenido ni los medios ni la voluntad para poder ignorar a la opinión pública mundial durante su ofensiva contra los Tigres. Así, China no sólo se ha convertido en un actor primordial en todos los aspectos del sistema financiero y económico mundial, sino que también ha demostrado su efectividad estratégica en una región que tradicionalmente ha estado fuera de su esfera. El ascenso pacífico de China se completó en los frentes de batalla de las playas de Sri Lanka.

En la práctica, ¿qué significado tendrá este cambio en puntos críticos como Corea del Norte, Pakistán y Asia Central?

Antes de que se desatara la crisis financiera global, China se beneficiaba mucho de la larga expansión registrada en sus extremos orientales y meridionales, y sólo Birmania y Corea del Norte causaban inestabilidad. Sin embargo, el sur y el occidente de China se han convertido en motivos de preocupación creciente.

Dada la inseguridad económica en el interior de China después de la crisis financiera y la recesión mundial, el Gobierno de China considera que la inestabilidad de sus vecinos es más amenazadora que nunca. La búsqueda de la estabilidad de su región es una de las razones por las que China ha decidido participar en las negociaciones a seis bandas con Corea del Norte, por las que se ha convertido en un gran inversionista en Pakistán (al tiempo que estudia formas de cooperar con el representante especial del presidente Barack Obama, Richard Holbrooke), por las que se adhirió a una declaración de la cumbre Asia/ Europa que pedía la liberación de la líder de la oposición birmana, Aung San Suu Kyi y por las que intervino para ayudar a poner fin a la guerra civil de 26 años de Sri Lanka.

El cálculo subyacente a la estrategia de seguridad nacional emergente de China es sencillo. Sin paz y prosperidad en las largas fronteras de China, no puede haber paz, prosperidad y unidad en el interior del país. La intervención china en Sri Lanka y su notablemente creciente molestia con los regímenes de Corea del Norte y Birmania indican que ese cálculo se ha convertido discretamente en parte central del pensamiento del Gobierno.

Ese cálculo también lo está aplicando a sus rivales regionales. Por ejemplo, si bien China no dijo mucho públicamente sobre la invasión y el desmembramiento de Georgia que llevó a cabo Rusia el verano pasado, Rusia cometería un error estratégico si cree que ese silencio equivale a la aquiescencia tácita con la reivindicación del Kremlin de una influencia privilegiada en los países postsoviéticos al occidente de China.

En la última cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (un grupo regional que incluye a países ex soviéticos que comparten fronteras con China y Rusia) se notó la molestia de China. El presidente ruso, Dimitri Medvedev, presionó a la organización para que reconociera la independencia de Abjasia y Osetia del Sur, pero esta se negó. Los miembros del Centro de Asia del grupo – Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán-no se habrían opuesto al Kremlin sin el apoyo de China.

En una célebre declaración, Vladimir Putin describió la desarticulación de la Unión Soviética como una de las mayores catástrofes políticas del siglo XX. No obstante, desde el punto de vista de China, el colapso de la Unión Soviética fue el mayor beneficio estratégico imaginable. De un solo golpe, el imperio que durante siglos se había estado apropiando de territorios chinos desapareció. La amenaza militar soviética – que alguna vez fue tan grave que el presidente Mao invitó al presidente Richard Nixon a su país para cambiar el equilibrio de poder de la guerra fría-quedó eliminada. La nueva asertividad de China indica que no permitirá que Rusia forme una reunificación soviética de facto y destruya con ello el entendimiento de la posguerra fría bajo el cual la economía china y su seguridad prosperó.

Hasta ahora, los gobernantes de China han visto la naciente competencia estratégica con India, Japón, Rusia y Estados Unidos como una lucha para obtener influencia en Asia Central y el Sudeste Asiático. Los imperativos estratégicos de China en esta competencia son dos: asegurarse de que ningún rival obtenga una peligrosa influencia privilegiada en alguna de sus regiones fronteriza; y promover la estabilidad para que el comercio y las rutas marítimas por las que circula estén protegidos (de ahí su interés en Sri Lanka y en combatir a los piratas somalíes).

En los años noventa, China buscó disimular su ascenso pacífico detrás de una política de diplomacia de la sonrisa diseñada para garantizar que sus vecinos no la temieran. China redujo sus barreras comerciales y ofreció créditos blandos e inversiones para ayudar a sus vecinos del sur. Actualmente, el Gobierno chino busca determinar la agenda diplomática para aumentar sus opciones y reducir las de sus adversarios potenciales.

En lugar de mantenerse distante diplomáticamente, China está construyendo más relaciones con sus vecinos que cualquiera de sus rivales. Esta red informal se está creando no sólo para impedir que sus oponentes se coaliguen u obtengan una influencia privilegiada, sino también para restringir las acciones de los socios locales de China a fin de aliviar las tensiones en cualquier lugar que surjan.

En lugar de sentir temor, debe considerarse que la nueva asertividad de China está estableciendo las condiciones necesarias para celebrar negociaciones integrales sobre la base misma de la coexistencia pacífica y la estabilidad en Asia: el respeto a los intereses vitales de todas las partes. En años recientes, ese enfoque iba en contra de la predisposición de la política exterior de Estados Unidos a dar preferencia a doctrinas universalistas en detrimento de un equilibrio cuidadoso de los intereses nacionales. Ahora que la Administración Obama ha adoptado el realismo como el hilo conductor de su diplomacia, China tal vez haya encontrado un interlocutor interesado.

Wen Liao, presidenta de Longford Advisors, consultoría en temas políticos y económicos. Copyright: Project Syndicate, 2009