China y la India al descubierto

El próximo viaje del Primer Ministro chino Wen Jiabao a la India, que ocurre a pocos días de la reciente visita del Presidente Barack Obama, será otra oportunidad para que los medios globales comenten en abundancia sobre el creciente poderío económico de China e India. Podemos estar seguros de que los puntos débiles de ambas economías se mantendrán fuera de la vista.

Tras un par de siglos de relativo estancamiento, estos dos países, que sumados representan cerca de dos tercios de la población mundial, han experimentado un crecimiento económico notablemente rápido en las últimas tres décadas. En manufactura y servicios (principalmente software, procesamiento para empresas, etc.), respectivamente, China e India han avanzado mucho a nivel internacional y su adquisición de compañías globales ha suscitado gran atención.

Pero algunas afirmaciones imprecisas, en los constantes y a menudo interminables relatos acerca de las dos economías, se han convertido en lugar común. Mucho de lo que realmente ocurre dentro de estos dos grandes países queda fuera de ellos.

Por ejemplo, en términos de valor añadido (el valor del producto tras restar el coste de los materiales y componentes), China -al contrario de la impresión popular- no es todavía el centro mundial de la manufactura. Los chinos producen cerca del 15% de valor añadido de la producción manufacturera mundial, mientras Estados Unidos contribuye con cerca del 24% y la Unión Europea alrededor del 20%.

De manera similar, si bien los servicios de tecnología de la información que proporciona India han ganado reputación internacional, la cantidad total de personas que trabajan en este sector es menos del 0,5% de la fuerza laboral india. Como tal, no puede por sí misma trasformar la economía del país.

La opinión general es que el crecimiento chino es empujado por un inmenso impulso exportador, pero de hecho la inversión interna ha sido el principal componente. Incluso en el apogeo de la expansión comercial global de 2002-2007, las exportaciones (en términos de valor añadido) representaron apenas un poco más que un cuarto del PGB, mientras que la inversión interna contribuyó en una proporción significativamente mayor.

Más aún, contrariamente a lo que se cree generalmente, gran parte de la notable reducción de la pobreza en China a lo largo de las últimas tres décadas se debe no a la integración a la economía global, sino a factores internos como el crecimiento del sector agrícola (donde se concentraba la pobreza masiva). Esto se puede atribuir en gran medida a la inversión pública en infraestructura global y, en los últimos años, a cambios institucionales en la organización de la producción agrícola y a una distribución igualitaria de los derechos de cultivo de tierras.

No obstante, la expansión de las exportaciones de productos manufacturados con alto uso de mano de obra ha sacado de la pobreza a muchos chinos, lo cual no ha ocurrido en India, donde las exportaciones utilizan principalmente altos niveles de capital y formación. No hay duda de que la reforma económica ha vuelto más dinámico y competitivo al sector corporativo indio, pero la mayor parte de la economía de la India no se encuentra en el sector corporativo (público o privado). De hecho, un 92 de la fuerza laboral trabaja en el sector informal.

La reducción de la pobreza en India ha sido importante, pero no sustancial. En términos de indicadores de pobreza distintos del ingreso -por ejemplo, mortandad infantil, desnutrición y deserción escolar- el desempeño indio ha sido paupérrimo (en algunos aspectos, peor que el África subsahariana).

En los medios financieros, China e India se han convertido en modelos de las reformas de mercado y la globalización, a pesar de que en materia de privatización, derechos de propiedad intelectual, desregulación y persistentes rigideces burocráticas, ambos países se han apartado en muchos respectos de la ortodoxia económica. Según el Índice de Libertad Económica de la estadounidense The Heritage Foundation, ampliamente citado, China e India están relegados al grupo con una libertad económica “mayormente controlada”. De un total de 157 países en 2008, China ocupó el lugar 126 e India la posición 115.

Aunque las políticas económicas socialistas en ambos países han inhibido la iniciativa y el espíritu de empresa, no se puede negar que ese periodo ha dejado un legado positivo. Se puede argumentar, por ejemplo, que el socialismo chino proporcionó una plataforma para iniciar un fuerte crecimiento, particularmente en términos de una sólida base de educación y salud, electrificación rural, una red de seguridad posibilitada por la distribución equitativa de los derechos de tierra, la descentralización económica regional, y una alta participación femenina en la fuerza de trabajo. Más aún, parte importante del legado socialista en ambos países es el efecto acumulado de un papel activo del estado en el desarrollo tecnológico.

A diferencia de la India, donde el sector corporativo privado es el más dinámico, en China las empresas controladas por el estado son algunas de los más exitosas a nivel mundial. Incluso en famosas empresas privadas chinas, como Lenovo y Huawei Technologies, la estructura de propiedad es altamente compleja y son borrosas las fronteras de los derechos de control estatales y privados. La reciente adquisición de Volvo por el fabricante de automóviles privado chino Geely ocupó grandes titulares, pero la mayor parte del dinero fue aportado por gobiernos municipales.

Poderosas familias políticas controlan varias empresas chinas de propiedad estatal. De hecho, existe cierta evidencia de que la inmensa mayoría de los multimillonarios de China son parientes de altos funcionarios del Partido Comunista. Y, gracias a la gran reserva de ahorros generados por los hogares y las empresas estatales, por el momento la economía china puede sobrellevar el derroche y mala asignación implícitos en ese capitalismo de camarillas.

Sin reformas políticas, está en duda la viabilidad a largo plazo de un sistema así. El mismo Primer Ministro Wen lo dio a entender en agosto en un discurso que tuvo amplia cobertura en el extranjero, pero fue en gran parte silenciado en los medios de comunicación chinos. Ahora los medios mundiales deberían ir más allá y comenzar a examinar las muchas características del ascenso de China y la India que se apartan de la narración simplista del triunfo de la reforma de mercado.

Pranab Bardhan, profesor de Economía de la Universidad de California en Berkeley. Copyright: Project Syndicate, 2010. Traducción: David Meléndez Tormen.

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