China y las fronteras de Asia

Las crecientes disputas territoriales y marítimas de la era posterior a la Guerra Fría resaltan el hecho de que asegurar la paz de largo plazo en la región depende del respeto de las fronteras actuales. Los intentos de perturbar el status quo territorial de Asia son una invitación a un conflicto endémico, preocupación que llevó a los estados asiáticos a recibir a Rusia y Estados Unidos en su Cumbre anual de Asia del Este.

El reciente incidente diplomático entre China y Japón en torno a las islas en disputa en el Mar de China Oriental -seguido casi instantáneamente por una pelea con Vietnam sobre atolones similares- ha puesto el foco sobre China y su política regional. A los gobiernos en toda Asia les inquieta el que el poder de China, en rápido crecimiento, la impulse a plantear reclamos territoriales y marítimos contra vecinos del área entre Japón e India. Incluso contra la pequeña Bután, China ha apoyado sus reclamos de tierras con incursiones militares.

La nueva estridencia de China pone en evidencia el reto diplomático central de Asia: reconocer las fronteras actuales, dando por superada la carga de la historia que afecta todas las relaciones interestatales importantes de la región. A pesar de que el continente se está volviendo más interdependiente en lo económico, se está dividiendo más en lo político.

Desde 1950, año en que comenzaron la Guerra de Corea y la Anexión del Tíbet, se han librado varias guerras entre estados en Asia. No obstante, mientras las sangrientas guerras europeas de la primera mitad del siglo veinte han hecho que una nueva guerra sea impensable allí, las guerras en Asia en la segunda mitad del siglo veinte, lejos de solucionar o poner fin a disputas, sólo acentuaron amargas rivalidades.

Significativamente, China ha estado involucrada en la mayor cantidad de conflictos militares en Asia. Un informe reciente del Pentágono es claro: “La historia de las guerras de China en la época moderna ofrece numerosos estudios de caso en que los líderes militares de China han afirmado la anticipación militar como acción estratégicamente defensiva. Por ejemplo, China se refiere a su intervención en la Guerra de Corea (1950-1953) como la ‘Guerra para resistir a los Estados Unidos y ayudar a Corea’. De manera similar, textos de consulta se refieren a los conflictos fronterizos contra India (1962), la Unión Soviética (1969) y Vietnam (1979) como “Contraataques defensivos”. La toma de las Islas Paracel en 1974, hasta entonces pertenecientes a Vietnam, fue otro ejemplo de ofensiva como defensa.

Todos estos casos de acciones anticipatorias ocurrieron cuando China era débil, pobre y sufría divisiones internas, por lo que el creciente poder de la China actual genera legítima preocupaciones.

Habiendo predicado previamente el evangelio de su “ascenso pacífico”, China ya no pone limitaciones a mostrar sus capacidades militares y afirmar su poder en múltiples frentes. Puesto que el Partido Comunista Chino depende cada vez más del ejército para mantener su poder y asegurar el orden interno, los altos oficiales militares están ejerciendo una influencia abierta sobre la política exterior. El resultado es una creciente asertividad territorial que se ha convertido en fuente de nuevas fricciones a lo largo de las fronteras terrestres y marítimas de China. Eso, a su vez, ha puesto a China en el centro de los conflictos políticos de Asia.

Varios sucesos de este año subrayan la política exterior más agresiva de China, desde su inclusión del Mar de China Oriental entre sus intereses nacionales “centrales” -medida que hace no negociables sus reclamos a las Islas Spatly- hasta su referencia al Mar Amarillo como una suerte de zona de operaciones militares exclusiva. De acuerdo con los altos funcionarios chinos, Estados Unidos y Corea del Sur deberían dejar de sostener ejercicios navales conjuntos, aparentemente por respeto al nuevo poderío militar chino.

China también se ha vuelto más insistente en sus reclamos territoriales del estado de Arunachal Pradesh, en el noreste de India, y a las Islas Senkaku, controladas por Japón, en cuyas aguas las naves de guerra chinas han hecho frecuentes incursiones. Los funcionarios de defensa indios han reportado un agudo aumento de las incursiones militares chinas a través de los 4.057 kilómetros de frontera en disputa en los Himalayas y de intensos patrullajes. Además, China ha comenzado a cuestionar la soberanía india sobre el estado de Jammu y Cachemira, un cuarto del cual ocupó tras la anexión del Tíbet.

La rencilla de Beijing con Corea del Sur en 2004 acerca del antiguo reino de Koruryo -generada por una reinterpretación histórica publicada en el sitio Web de ministerio del relaciones exteriores chino de que el imperio, fundado en la cuenca del río Tongge de Corea del norte, era chino- fue vista como un intento de afirmar las opciones de China frente a una Corea potencialmente unificada. Al señalar que la actual frontera entre Corea del Norte y China puede no ser definitiva, Beijing ha dado pie a posibilidades de tensiones fronterizas en el futuro.

Con todo esto como trasfondo, los planteamientos territoriales y marítimos cada vez más asertivos de China resultan una amenaza para la paz y la estabilidad de Asia. De hecho, la mayor aspiración territorial de China no se encuentra en los Mares del Sur o el Este de China: Arunachal Pradesh de India es casi tres veces más grande que Taiwán.

El respeto de las fronteras es un requisito básico de la paz y la estabilidad en cualquier continente. Europa ha cimentado su paz sobre él: varios estados europeos han aprendido a vivir con fronteras que no son de su agrado. Sin embargo, el Partido Comunista Chino se aferra a viejos agravios para reforzar su reclamo de legitimidad: un completo restablecimiento de la “dignidad” de China tras un siglo de humillaciones a manos de las potencias extranjeras.

Con su abierto rechazo a aceptar el status quo de Asia, China no hace más que resaltar la futilidad de las negociaciones políticas. Después de todo, las fronteras nunca se redefinen de manera significativa en la mesa de negociaciones, sino sólo en el campo de batalla, como China ha mostrado en el pasado.

Hoy, se trate de Arunachal Pradesh, Taiwán, las Islas Senkaku o incluso las Spratlys, China está haciendo sentir la amenaza de la fuerza para sustentar sus reclamos. Al optar por entablar conflictos territoriales con sus vecinos, no sólo está reforzando viejas rivalidades, sino también amenazando la continuidad del renacimiento económico de Asia, mostrando que no es un candidato confiable a liderar el continente.

Es importante que otros estados asiáticos y Estados Unidos -“potencia residente” en Asia, en palabras del Secretario de Defensa Robert Gates- transmitan un claro mensaje a China: un ascenso pacífico no es compatible con el replanteamiento unilateral de las fronteras.

Brahma Chellaney , profesor de estudios estratégicos en el Centro de Estudios de Políticas de Nueva Delhi. Copyright: Project Syndicate, 2011. Traducción: David MeléndezTormen.

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