Cien ‘weltpolitiks’

Alguna vez, Mao hizo un famoso llamamiento a los chinos para que dejaran que florecieran “cien capullos”. Sin embargo, pronto retrocedió ante lo que consideró un caos de ideas contradictorias. Actualmente el mundo parece estar entrando en un periodo en el que las grandes potencias y las potencias emergentes por igual están aplicando, si no cien, al menos una docena de variedades de weltpolitik (mayor protagonismo mundial). Conciliar estas visiones estratégicas contradictorias del mundo, en particular de las crisis globales, hará que la diplomacia internacional sea más complicada que nunca.

La intervención de Turquía y Brasil en el asunto del programa nuclear de Irán, polémico a escala mundial, es sólo el signo más reciente, y también más claro, de este nuevo elemento de los asuntos globales. En mayo, los líderes iraníes, turcos y brasileños se reunieron en Teherán para ultimar un acuerdo por el que Irán supuestamente depositaría 1.200 kilogramos de uranio ligeramente enriquecido en Turquía, quien, a su vez, enviaría 120 kilogramos de combustible enriquecido para ser utilizado en el reactor de investigación de Irán.

Rusia había propuesto este tipo de intercambio antes, pero Irán declinó la oferta, y la versión acordada con Brasil y Turquía también tenía la intención de impedir que Irán obtuviera la capacidad de producir uranio altamente enriquecido, que puede utilizarse en ojivas nucleares. Pero su otro objetivo era probablemente bloquear los esfuerzos estadounidenses para que se adoptaran nuevas sanciones en las Naciones Unidas contra Irán.

Es demasiado pronto para saber si el deseo de Irán de obtener armas nucleares ha disminuido. El Organismo Internacional de Energía Atómica no se ha pronunciado en contra del acuerdo, y se me informa que el arreglo negociado por Brasil y Turquía no infringe el tratado de No Proliferación Nuclear que Irán, como signatario, está obligado a cumplir. No obstante, los esfuerzos para adelantarse a la estrategia estadounidense fracasaron claramente, puesto que a principios de este mes las Naciones Unidas aplicaron nuevas sanciones.

Puesto que el objetivo del acuerdo era evitar que se empantanara el problema nuclear con Irán, ¿por qué hubo tanta ira en Estados Unidos y Occidente? Me temo que se debe a que a Estados Unidos se le negó su primacía para dictar la política global en cuanto a Irán. En lugar de tratar de estudiar las posibilidades que ofrecía la apertura turco-brasileña, Estados Unidos rápidamente presionó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que aplicara más sanciones (la cuarta ronda hasta el momento). Esto obligó a Brasil y Turquía, que actualmente son miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, a votar en contra de la resolución por la que se imponían las sanciones. El resultado fue que esta votación vital perdió la unanimidad (Líbano también se opuso).

En el voto en las Naciones Unidas sobre las sanciones también influyó mucho otro pequeño país con su weltpolitik:Israel. En febrero, una delegación israelí de alto nivel visitó Pekín para presentar a los líderes chinos “evidencias” de las ambiciones nucleares de Irán. Los israelíes explicaron a sus anfitriones – con lujo de detalles-las consecuencias económicas potenciales para China en caso de que se hiciera necesario un ataque de Israel contra Irán con el fin de impedir que este país alcanzara sus “ambiciones nucleares”.

Aparentemente China se tomó el mensaje muy en serio, ya que votó a favor de las sanciones contra Irán por primera vez. Irán respondió calificando el voto chino de “hipócrita”.

Las aguas de la weltpolitik se enturbiaron aún más por la maniobra preventiva de Israel en aguas internacionales para detener a una flota que supuestamente llevaba ayuda humanitaria a la bloqueada Gaza, puesto que las fuerzas israelíes mataron a nueve personas a bordo de una embarcación con pabellón turco, lo que casi provocó una ruptura de relaciones entre Israel y Turquía.

Ciertamente esta compleja red de acontecimientos interconectados refleja el debilitamiento del papel global de Estados Unidos, pero también demuestra la fuerte afirmación de intereses nacionales de los nuevos actores de la escena mundial.

Brasil, Turquía y, en efecto, Irán están claramente ansiosos de demostrar su independencia en materia de política interna y política exterior. Brasil quiere demostrar que merece un lugar permanente en el Consejo de Seguridad. Turquía quiere restablecer su identidad islámica y su influencia otomana sobre Oriente Medio, desplegando así su fuerza diplomática con la Unión Europea, que ha casi rechazado el ingreso turco. En cuanto a Irán, simplemente quiere mostrar una vez más que no se inclinará ante el “gran Satanás”.

Todas estas motivaciones suponen un desafío crítico para la primacía diplomática de Estados Unidos a escala global. Sin embargo, más vale que Estados Unidos se acostumbre a este tipo de juego diplomático. Hay otras potencias tanto emergentes como consolidadas que tienen sus propias políticas exteriores – India, Indonesia, Japón-.Asimismo, habrá que considerar a actores regionales como Sudáfrica, Nigeria, Arabia Saudí, Egipto, Indonesia y Corea del Sur, entre otros, en futuras disputas regionales.

Esta red cada vez más compleja de intereses nacionales que se entrecruzan es el rostro de la diplomacia internacional del siglo XXI. Las antiguas rivalidades y las rencillas atávicas pueden o no ser parte de todo esto; solamente las crisis futuras lo dirán. Sin embargo, toda esta amalgama de visiones estratégicas que compiten entre sí probablemente marcará el fin del poder de Estados Unidos de la posguerra fría.

Puesto que los disturbios en el golfo Pérsico y en Oriente Medio en su conjunto afectan a todo el mundo, tal vez todo ello sea para bien. Sin duda, los intereses nacionales de Estados Unidos y de Occidente no son los únicos importantes. ¿Por qué entonces debe el resto del mundo dejar en manos únicamente de Estados Unidos la solución de estas disputas?

La era de la hegemonía diplomática de Estados Unidos ha llegado a su fin. Además, sería un grave error pensar que una hegemonía conjunta entre Estados Unidos y China impondrá un orden mundial como el que creó la rivalidad entre las superpotencias Estados Unidos-URSS en la era de la guerra fría. Muchos países poderosos ahora se sienten capaces de mostrar su fuerza diplomática en defensa de sus intereses. Los cien capullos de Mao pueden haber florecido brevemente, pero las miles de especies actuales de weltpolitik seguramente florecerán para siempre.

Jaswant Singh, ex ministro de Asuntos Exteriores, de Finanzas y de Defensa de India. Autor de Jinnah: India – Partition-Independence. © Project Syndicate. Traducción: Kena Nequiz.