Ciencia, no ficción

Por Mikel González, profesor de Economía (EL CORREO DIGITAL, 19/02/07):

Tres mil quinientos investigadores, 130 países participantes y 6 años de trabajo. Éstas son las cifras que acompañan al Cuarto Informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). El primero de los cuatro documentos que componen el estudio, y que analiza la física del clima, acaba de ser presentado en París en medio de una gran ex- pectación mundial. El informe, aprobado línea a línea -literalmente- por un batallón de científicos, no deja lugar a dudas: el calentamiento del planeta es un hecho incuestionable y el hombre es su responsable, debido al creciente uso de petróleo, carbón y gas natural, iniciado con la Revolución Industrial.

Si no actuamos, dicen los expertos, la temperatura media del planeta aumentará entre 1,8 y 4 grados para el año 2100; aunque lo hagamos, la propia inercia del sistema hará que ascienda una décima por década. Las consecuencias son ya conocidas: subirá el nivel del mar, sufriremos más huracanes y tormentas, aumentará la incidencia de enfermedades tropicales, cambiarán los ciclos del agua y, así, un largo etcétera. En definitiva, nos esperan múltiples y graves daños para nuestra salud y nuestra seguridad en un mundo que tiene otros problemas ambientales serios y que ya es suficientemente peligroso.

Uno de los aspectos más notables del informe, por su impacto en las conciencias, es que establece que nuestra culpa ya no es sólo ‘probable’ sino ‘muy probable’ (es decir, al 90%-100% de probabilidad). Se debe destacar también que las proyecciones que maneja el estudio han ganado en precisión y certidumbre dados los mejores datos y técnicas empleados. En cualquier caso, al margen de estos pequeños (o grandes) cambios, las conclusiones generales del estudio sólo han podido sorprender ya a los más despistados, pues poco hay de nuevo respecto a lo publicado en años anteriores. Y sin embargo, hay que recordar que el gran valor de este informe no está en su contenido sino en su continente; es decir, en la autoridad que conllevan sus afirmaciones.

Pocos saben que, realmente, el IPCC ni investiga, ni genera datos, ni hace modelos. El Panel únicamente se dedica a integrar de manera comprensible las investigaciones publicadas en las revistas científicas, y son los propios investigadores expertos en la materia los que conforman el Panel, actuando por tanto, unos como autores y otros como revisores del informe. El IPCC se fundó con la intención de ser una organización independiente, capaz de crear mayorías científicas, y de aportar garantías y racionalidad a la gestión de los riesgos de un cambio climático. Los gobiernos sabían que una división en esta materia podía dificultar las negociaciones políticas, y decidieron apostar por el Panel. Esto, al menos, se ha hecho bien, y los informes del IPCC tienen ya un respaldo unánime.

La virtud y el éxito de este último análisis descansan precisamente sobre su riguroso proceso de elaboración. Ciencia, dicen, es lo que se publica en las (buenas) revistas científicas. Y para que unos resultados puedan ser considerados legítimos, tienen que haber superado la revisión por pares de la academia, un proceso que se conoce como ‘peer review’. Esta revisión consiste en someter cada trabajo al arbitraje de dos evaluadores expertos que, de forma separada y anónima, evalúan su contribución. El sistema suele ser duro -a veces demasiado- pero es eficaz a la hora de asegurar la calidad de la investigación.

Imagínense los filtros que ha pasado antes de ver la imprenta la frase estrella del informe: «el hombre es muy probablemente el responsable del cambio climático». Primero, diversos autores han tenido que recoger la afirmación en sus artículos y haberlo publicado en las revistas científicas más prestigiosas. Segundo, los grupos de trabajo del IPPC, fijándose en la calidad de las contribuciones, han valorado si incorporarla al informe o no. Tercero, una vez decidida su incorporación, es el informe completo el que ha vuelto a pasar una revisión. Y, por último, por si esto fuera poco, las líneas maestras del estudio final han tenido que ser aprobadas por consenso por todos los países miembros de este panel intergubernamental, abierto a todos los estados miembros de la Organización Meteorológica Mundial y del Programa de la ONU para el Medio Ambiente. El proceso será lento, y también conservador, pero cuando una frase, por fin, supera ya el estrecho embudo, hay que respetarla.

Por eso sonrío cuando leo que el American Enterprise Institute (IEA), un ‘think tank’ de la compañía petrolera ExxonMobil, de dudosas relaciones con la Administración Bush, ha ofrecido dinero a científicos de todo el mundo para que critiquen el documento. ¿Cuál es el problema? ¿Que lo hagan! Puede incluso que logren aportar algún conocimiento. Pero eso sí, que no filtren sus conclusiones directamente en Internet, como suelen hacer: ¿Que pasen ellos también por el doloroso proceso de revisión por sus pares!

El conocimiento es limitado, sí, pero las decisiones se toman con la mejor información disponible. Durante un tiempo se ha discutido, y había que hacerlo, la existencia del calentamiento global primero, y su origen humano después. Ambos asuntos, creo yo, están zanjados. El debate tiene ahora que moverse hacia los costes de reducir las emisiones y hacia los impactos que causaría el no hacerlo. Pero, para eso, tendremos que esperar hasta abril y mayo, que es cuando el IPCC publicará la segunda y tercera entrega de sus trabajos.