¿Ciencia o política?

Dos hechos han reavivado la polémica sobre la siembra de variedades transgénicas. El 22 de abril prohibía Alemania el cultivo de variedades de maíz transgénico derivadas del evento MON810 (resistente a insectos plaga, o ‘maíz Bt’). Poco después, el Gobierno vasco creó un sistema de autorización de cultivos transgénicos tan complicado que, en la práctica, los prohíbe. En torno a estos hechos y a los debates que, con cierto sesgo, se han generado al respecto, queremos hacer una breve reflexión sobre los aspectos científicos pero también políticos que aparentemente hay detrás de estas decisiones.

Debemos aclarar que, aunque se habla de transgénicos ‘en general’, toda la polémica actual rodea al maíz MON810. Fue autorizado tras un informe de la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (AESA) que, conforme a la información disponible, no implicaba riesgos para la salud humana y para el medio ambiente. En los últimos años Francia, Grecia y Alemania han enviado a la AESA información adicional sobre este maíz. Pero, tras revisarla, ésta ha declarado que los nuevos datos «no invalidan el análisis de riesgos ya realizado». Es decir, que dicho maíz seguía siendo seguro, por lo que no procedía prohibir su cultivo. La Agencia Francesa para la Seguridad Alimentaria opinó igual, aunque el Gobierno francés actuó en otro sentido.

Por otra parte, datos publicados en revistas científicas de reconocido prestigio demuestran que el ‘maíz Bt’ es, en realidad, mucho más seguro para la salud humana que el convencional (o el ecológico). Esto se debe a que los niveles de fumonisinas (micotoxinas potencialmente cancerígenas) detectados en diversas pruebas de campo (Francia e Italia) y cultivos comerciales (España) son hasta 100 veces inferiores a los encontrados en las variedades no transgénicas (incluidas las ecológicas). Es importante señalar que las 62 alertas que entre 2003 y 2007 hubo en la Unión Europea por presencia de micotoxinas en maíz (en grano o en harinas), fueron de maíz ecológico o convencional, y nunca del transgénico.

Nos preguntamos: si este maíz está autorizado en Europa, ¿por qué algunos países, o regiones, deciden unilateralmente prohibir, o dificultar seriamente, su cultivo? Son muchos los datos que llevan a pensar que detrás de ese rechazo hay más razones económicas que científicas. Los productos agroalimentarios son estratégicos en cualquier sociedad y cualquier novedad beneficia a unos sectores en perjuicio de otros. Los todavía pocos transgénicos que hay en el mercado europeo son suficientes para haber tenido ya cierto impacto. El cultivo comercial del MON810 tiene efectos directos en el mercado del maíz para piensos y en los cultivos que se siembran cerca del maíz, particularmente en los ecológicos, considerablemente más caros que los convencionales y transgénicos. La legislación europea no obliga a etiquetar como transgénico un producto que tenga menos del 0.9% de contenido transgénico. Sin embargo, la agricultura ecológica, por definición, no acepta la presencia involuntaria de transgénicos, aunque sí acepta la presencia involuntaria de pesticidas y permite etiquetar ese producto como ‘ecológico’. Como resultado, el agricultor ecológico se ve obligado a etiquetar su maíz como transgénico y a venderlo a un precio más bajo.

Viendo las cosas desde una perspectiva más amplia, debemos señalar que Alemania, país autosuficiente en maíz, acaba de autorizar el cultivo de la patata transgénica Amflora producida por la multinacional alemana BASF, mientras prohíbe el del maíz MON810 de la multinacional estadounidense Monsanto. Sin embargo, España, que no prohíbe el ‘maíz Bt’, produce unos 4 millones de toneladas y necesita importar cuatro más. Euskadi, que sólo cultiva el 0,13% del total del maíz de España y donde la plaga del taladro (insecto que combate el ‘maíz Bt’) no es importante, no tiene inconveniente en declararse zona libre de transgénicos, a diferencia de Cataluña, que produce el 10,5% y donde el taladro es un problema serio para los agricultores. Recientemente Holanda ha propuesto en el Consejo Europeo separar los aspectos científicos de los socioeconómicos y políticos en la toma de decisiones sobre transgénicos.

Creemos que estos datos apuntan a razones más políticas y económicas que científicas a la hora de autorizar o no determinados cultivos. Invitamos a los lectores a reflexionar sobre algunas preguntas que pocas veces se hacen: ¿Es justo demonizar los transgénicos para evitar perjuicios económicos? ¿Cómo justificaremos aceptar cultivos cuando de verdad nos interesen (por ejemplo: tolerantes a la sequía, con mejoras notables para la nutrición de los consumidores)? ¿Y qué pasa con los agricultores a los que sí beneficia el maíz transgénico, con la industria alimentaria que obtiene ingredientes más ventajosos o con los ganaderos que logran piensos a precios asequibles? ¿Es bueno para los agricultores no poner pegas al maíz transgénico importado, pero impedir el cultivo propio?

Leire Escajedo, departamento de Derecho Constitucional, y Mertxe de Renobales, departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la UPV-EHU.