Cinco retos que pueden definir un mejor futuro para Centroamérica

En los últimos 10 años los titulares han pintado a Centroamérica como una región rezagada, marcada por violencia y la salida de migrantes. Lo cierto es que en ocasiones se olvida que ha venido mejorando con un crecimiento de la actividad económica superior al del resto de América Latina y el Caribe. Esto fue resultado por una parte del buen comportamiento de la economía de Estados Unidos, el principal socio comercial, inversor y fuente de remesas de la región y, por otra, de un importante esfuerzo para consolidar las políticas que ha venido implementando para modernizar su economía.

Centroamérica logró afianzar la apertura comercial y posicionarse en los mercados internacionales de productos locales y servicios como café, azúcar, banano y transporte, entre otros. Está integrada financieramente con el mundo con la presencia de grupos internacionales y regionales, y tiene una plataforma de atracción de inversión extranjera directa con políticas propicias, incentivos, y agencias de promoción. La región está posicionando su riqueza natural como un activo de competitividad y diferenciación, y para generar energía por medios renovables.

No obstante, la reciente coyuntura plantea riesgos a estos logros. Internacionalmente se han venido implementando políticas comerciales con el fin de equilibrar las balanzas comerciales de países deficitarios, lo que afecta el crecimiento y las exportaciones de la región. Adicionalmente, los precios internacionales de algunos de los principales productos de exportación o bien han caído o se han mantenido bajos por un periodo prolongado, como es el caso del café y el azúcar, respectivamente.

En relación con la integración financiera, ha aumentado el riesgo de que las relaciones comerciales bancarias internacionales se reduzcan como resultado de la entrada de países en listas que señalan deficiencias en los sistemas de integridad financiera o de cumplimiento regulatorio en materia de lucha contra el lavado de dinero y financiamiento al terrorismo. Por otra parte, la integración financiera internacional aumenta la exposición a las condiciones económicas de otros países, que aunado a la sincronización de las variables bancarias entre los países de la región implica riesgo de contagio en un momento de estrés.

En cuanto a la inversión extranjera directa, en un entorno de mayores tasas de interés en economías desarrolladas y riesgos geopolíticos, los flujos de inversión son más selectivos sobre la base de los fundamentos de las economías y podrían trasladarse de países emergentes hacia desarrollados en un momento de mayor percepción de riesgo. Por otra parte, la riqueza natural enfrenta en el mundo y en la región la sobreexplotación de recursos hídricos y forestales y mayor consumo de energía por el aumento de población con mayor capacidad de compra, además del cambio climático. Adicionalmente, la región tiene una condición geográfica que la expone a la incidencia de fenómenos naturales. Finalmente, en cuanto a la relación con Estados Unidos, la política migratoria en aquel país ha venido reduciendo las facilidades para la inmigración, lo que en el mediano plazo tendrá efectos en las remesas que recibe la región.

En este escenario, es importante ir haciendo ajustes que permitan a la región seguir beneficiándose de los avances conseguidos hasta el momento, al mismo tiempo que se busca evitar o al menos mitigar los efectos de los riesgos a los que se enfrenta. Los retos son cinco.

Diversificación

En relación con el comercio internacional, la región debe diversificar. Para esto sería favorable avanzar en la unión aduanera regional y la facilitación comercial con México, país con el que Panamá y República Dominicana aún no tienen acuerdo de preferencias arancelarias. Una mayor integración con los países de la Alianza del Pacífico también ofrece importantes oportunidades. En cuanto a la alta volatilidad de los precios internacionales de los productos primarios y energéticos, es importante explorar alternativas para mitigar sus efectos como suelen ser las coberturas financieras o mecanismos de ahorro y desahorro a lo largo del ciclo de precios de estos productos. Por otra parte, para reducir la exposición de la región a la volatilidad en el precio internacional del petróleo, valdría la pena continuar aumentando el peso de las energías renovables en la matriz energética, además de hacer más eficiente la conexión del Mercado Eléctrico Regional, lo que contribuiría a alcanzar mayor escala en la producción y en consecuencia reducción en su precio.

Inversión doméstica

Respecto a la inversión, es importante que las políticas de apoyo de la inversión extranjera directa puedan también beneficiar a la doméstica. En concreto, valdría la pena reevaluar el papel de las agencias de promoción de Inversión para que además de enfocarse en atraer capital foráneo, incluya entre sus objetivos la mejora del entorno de negocios y generación de encadenamientos productivos, lo que apoyaría tanto a inversionistas locales como del exterior. Sería también favorable alinear la política nacional de desarrollo industrial con la gestión de incentivos en las zonas francas y los objetivos de las agencias de promoción. Además, factores tales como la infraestructura, el ahorro nacional, el control de la corrupción y el Estado de derecho aumentan la probabilidad de alcanzar mayores niveles de inversión.

Estabilidad del crédito

En este entorno de globalización financiera, es importante reflexionar sobre políticas prudenciales que promuevan la estabilidad del crédito en los países de la región. Deberían estudiarse también desde una perspectiva regional para hacerlas más efectivas. Además, para evitar los riesgos de la reducción de relaciones bancarias y flujos internacionales, es importante consolidar el logro de los estándares internacionales de cumplimiento normativo y transparencia. Con lo anterior se logra un sistema bancario más resiliente y estable en la provisión de crédito.

Fortalecimiento institucional

En cuanto a la migración, los países del Triángulo Norte deben promover esquemas de fortalecimiento institucional y desarrollo local, en especial en las comunidades con mayor emigración. En este esfuerzo sería positivo una coordinación en la región, con miras a atender problemas estructurales que limitan el desarrollo y la creación de oportunidades laborales para las nuevas generaciones y para quienes posiblemente retornen.

Regulaciones ambientales

Finalmente, mantener la riqueza natural requiere adoptar regulaciones ambientales rigurosas y estables. Es importante que la región pase de únicamente un esquema de control a uno de incentivos que permita fomentar prácticas de uso sostenible de los recursos naturales. Lograr implementar una política ambiental en cada país, rigurosa, efectiva, transparente, con mecanismos de control pero también con instrumentos que promuevan el uso sostenible de los recursos naturales requiere trabajar en un fortalecimiento de las instituciones en la región.

En suma, el entorno actual es retador pero representa una nueva oportunidad para reflexionar sobre cómo sacar lo mejor de los logros ya alcanzados y posicionar a la región ante el futuro. No hay mejor manera de hacerlo que fortalecer los fundamentos internos.

Arnoldo López Marmolejo y Marta Ruiz-Arranz son economista líder y asesora económica principal respectivamente en la Gerencia de México y Centroamérica del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *