Cinco valores de la JMJ Madrid 2011

Madrid, ciudad acogedora que representa bien la apertura y hospitalidad del pueblo español, acoge un encuentro festivo y pacífico de más de un millón de jóvenes con el Papa. La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) cuenta con un respaldo social muy variado y significativo: desde la colaboración institucional del Gobierno de España hasta miles de personas, creyentes o no. La JMJ lleva implícitos mensajes estimulantes de alegría, vida, amor, libertad y futuro. Natural y principalmente, también de fe. Cito estos valores porque, releyendo textos de Benedicto XVI, me han resultado particularmente adecuados para el momento que vivimos.

Alegría. Sobran razones para lamentarse por tantas tragedias en el mundo, como el hambre que azota a un país hermano musulmán como Somalia o el paro y la falta de vivienda que atenazan a millones de españoles. Aun así, mi contacto de estos días con los miles de jóvenes llegados a Madrid me empuja a creer que hay motivos para celebrar e ideales para hacer amable lo bueno. Glosando a Benedicto XVI, «este mundo nuestro necesita muchos hombres y mujeres que descubran la alegría de hacer el bien y, así, todos recibirán el ánimo y el empuje suficientes para seguir haciéndolo. La alegría no excluye en absoluto la solidaridad» (La sal de la tierra, pág. 40). Los jóvenes entienden mejor que nadie otra afirmación del Papa: «Personalmente creo que [Dios] tiene un gran sentido del humor. A veces le da a uno un empellón y le dice: ‘¡No te des tanta importancia!’. En realidad, el humor es un componente de la alegría de la creación. En muchas cuestiones de nuestra vida se nota que Dios también nos quiere impulsar a ser un poco más ligeros; a percibir la alegría; a descender de nuestro pedestal y a no olvidar el gusto por lo divertido» (Dios y el mundo, pág. 13).

Vida. Agradezco a los jóvenes tantas lecciones que con frecuencia nos dan a quienes ya no lo somos tanto. Cambio, mejora, frescura, movimiento, avance… están muy asociados a lo que decía el cardenal Newman, en el sentido de que «vivir es cambiar, y ha vivido mucho quien haya sido capaz de cambiar mucho». La «fidelidad dinámica» propuesta por Benedicto XVI va en esa línea: «La religiosidad tiene que regenerarse de nuevo en este gran contexto y encontrar así nuevas formas de expresión y de comprensión» (Luz del mundo, pág. 145). «La fe evoluciona. Desde sus contextos vitales, cada generación puede descubrir nuevas dimensiones que la Iglesia no ha conocido con anterioridad» (Dios y el mundo, pág. 31).

Amor. Puede parecer paradójico que el mandamiento que hace 2.000 años Jesucristo propuso como nuevo, a veces, parece estar por estrenar. Amor sintoniza con escucha, perdón, cariño, comprensión… como legado de la ternura de Dios que nos ama, nos escucha, nos perdona, nos comprende y nos quiere felices. El Papa nos recuerda que «la fe se basa, fundamentalmente, en sabernos amados por Dios, y eso significa, no solo una respuesta afirmativa a Dios, sino también a la Creación, a las criaturas, sobre todo a los hombres, intentando ver en cada uno la imagen de Dios y de este modo llegar a ser personas capaces de amar» (La sal de la tierra, pág. 126).

libertad. la frase evangélica de «la verdad os hará libres» sigue más vigente que nunca. Nos habla de coraje y autenticidad… sin miedo a buscar y descubrir la verdad sobre nosotros mismos. No es infrecuente resistirse a su aceptación. Compromiso objetivo con la libertad y respeto para todos. Por eso, cuando en cierta ocasión preguntaron al entonces cardenal Ratzinger cuántos caminos hay para llegar a Dios, respondió al instante: «Tantos como hombres. Porque incluso dentro de una misma fe, cada uno tiene su propio camino personal. Tenemos las palabras de Jesucristo: ‘Yo soy el camino’. Así que, en definitiva, hay un solo camino y todo el que se dirija a Dios ya está de algún modo en ese camino, que es Jesucristo. Pero eso no significa que conscientemente, voluntariamente, todos los caminos sean idénticos, significa que ese único camino es tan ancho que puede convertirse en el camino personal de cada hombre» (La sal de la tierra, pág. 36).

Futuro. El fundamento de la JMJ arranca de un mensaje con un largo y prolijo pasado, cuya genuina vigencia se mantiene en el presente y que nos estimula hacia el futuro. Por eso nos inyecta ilusión, confianza, esperanza en que un mundo mejor es posible. El Papa y la Iglesia confían en los jóvenes… porque Dios confía aún más en ellos.

Antonio María Rouco Varela, cardenal arzobispo de Madrid y presidente del Comité Organizador Local de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Madrid 2011.

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