¿Cisma en Alemania?

Pocos días después de la clausura del Concilio Vaticano II en Roma el teólogo K.Rahner pronunciaba en Múnich, ante una audiencia multitudinaria, una conferencia afirmando que con el Concilio la Iglesia católica estaba ante un nuevo comienzo. Pocos años después en el contexto del Sínodo de los obispos alemanes publicaba un libro con el título programático: ‘Cambio de estructuras en la Iglesia’. Ahora bien, ¿qué significa nuevo inicio, qué estructuras de las existentes actualmente en la Iglesia debían reformarse, eliminarse o ser recreadas en novedad? Pocas palabras fueron tan usadas en esos decenios como ‘estructura’ y pocas con tanta ambigüedad y en sentido tan equívoco como esta.

La iglesia alemana ha vivido con especial intensidad lo que el Concilio Vaticano II propuso para la Iglesia universal intentando realizar una forma de iglesia en fidelidad a su misión, a la vez que en sintonía con la sociedad, con otras iglesias, con la cultura en general. La palabra mágica del Concilio fue el encargo de Juan XXIII: realizar el ‘aggiornamento’ de la Iglesia. En los movimientos ecuménicos, especialmente los venidos del luteranismo se repetía la fórmula: «Ecclesia semper reformanda = La iglesia debe ser siempre reformada». Congar nos ha dejado una obra maestra justamente con este título: ‘Verdadera y falsa reforma en la Iglesia’.

Los problemas fundamentales que afectan hoy a la iglesia alemana son comunes a toda la Iglesia: ¿Cómo vivir el Evangelio, cómo ser testigos vivos del Cristo revelador de Dios y santificador del hombre? ¿Cómo mostrar que el Dios vivo y verdadero se nos ha entregado como paz y perdón por la palabra, acción, muerte y resurrección de Jesucristo y que en la participación en él están la plenitud y salvación del hombre?

Estas preguntas aparentemente tan teóricas se vuelven inmediatamente punzantes al hablar de la forma concreta de la vida y de la misión por la Iglesia. Se han repetido con insistencia fórmulas como ésta: «La Iglesia que Jesús quería». «Otra iglesia es posible». La Iglesia de Jesús tiene que ser comunidad de empatía y corresponsabilidad con el mundo pero a la vez sociedad de contraste, de reto ante toda comprensión absolutizada del mundo y autodivinizadora del hombre. Estar en el mundo y no ser del mundo es el difícil casi imposible imperativo evangélico. Ambos Papas vivos nos han hablado de la necesaria desmundanización de la iglesia.

Decidida a acometerlo con toda verdad y realismo la iglesia alemana programó siguiendo las líneas de fuerza del Papa Francisco el camino sinodal. No es este una institución en sentido estricto sino más bien un espíritu, un programa de pensamiento , preparado a lo largo de dos años y en el que de alguna forma pudieran participar todos. La finalidad es realizar la reforma de la Iglesia, una vez identificados los problemas mayores en el orden práctico. Han convertido la sinodalidad en la palabra clave como método de discernimiento, enjuiciamiento y reforma en la Iglesia. ‘Sinodo’ etimológicamente significa ‘camino con’. «Se trata de ‘synodos’ bajo la guía del Espíritu Santo, es decir caminar juntos y con toda la iglesia bajo la luz, guía del Espíritu Santo para aprender, escuchar y discernir» (Papa Francisco). Los miembros de este organismo la mitad son seglares y la otra mitad obispos. El Papa habla de sinodalidad desde arriba y sinodalidad desde abajo.

Después de dos años de trabajo han surgido las diferencias a la hora de concretar las realizaciones institucionales de esta sinodalidad. Tensiones y divisiones profundas que hacen imposible tomar decisiones de fondo. El 29 de junio del 2019 se publicó la «Carta del Santo Padre Francisco al pueblo de Dios que peregrina en Alemania. Este es el documento de referencia al que hay que mirar para entender lo que está aconteciendo. En la primera parte hace un elogio de tantas realizaciones admirables de la iglesia alemana. Entre ellas cita expresamente la labor intelectual de las Facultades de teología en las universidades del Estado y la aportación económica realizada en las partes pobres de varios continentes a través de instituciones como ‘Adveniat’ y ‘Misereor’. Y añade: «Hoy sin embargo coincido con Ustedes en lo doloroso que es constatar la creciente erosión y decaimiento de la fe con todo lo que ello conlleva no solo a nivel espiritual sino social y cultural» (Nº 1).

Vino luego la reclamación de reformas en estos campos : la ordenación de las mujeres para el ministerio sacerdotal, la supresión del celibato para los sacerdotes, el reconocimiento de la homosexualidad, la intercomunión con los hermanos evangélicos, el acceso a la comunión de los católicos divorciados que viven en un nuevo matrimonio, la revisión de la forma de nombrar los obispos, la superación de una ordenamiento jurídico de la iglesia según el cual las mujeres puedan ser protagonistas tanto en la predicación como en la administración de los sacramentos.

En la citada carta el Papa alerta ante una solución fácil pero engañosa de los problemas ofreciendo más atención a las estructuras que a las personas. «Lo que necesitamos es mucho más que un cambio estructural, organizativo o funcional» (Nº 5) con el peligro de disminuir y acallar la fuerza vital evangélica. «Este sería el pecado más grande de mundanidad y de espíritu moderno antievangélico». «Peligro de una modernidad sin alma y sin novedad evangélica: viviríamos entonces un cristianismo gaseoso sin mordedura evangélica». Primado de la evangelización que constituye la misión esencial de la Iglesia. «Reconocer los signos de los tiempos no es sinónimo de adaptar al tiempo sin más». Y una advertencia agria para la Alemania intelectual filosófica, exegética y teológica. «Tentación que lleve a reducir el Pueblo de Dios a un grupo ilustrado, que no permita ver, saborear y agradecer su identidad desparramada y que vive en el pueblo de Dios paciente» (N 10).

Este acontecimiento del ‘camino sinodal’, puede dar un gran empuje a la Iglesia católica que en el último siglo recuperó su prestigio nacional tanto en el orden político como de los saberes tras la marginación y el acoso padecido desde Bismarck y el mundo protestante con Prusia y Berlín como centro. Al camino sinodal le ha condicionado por un lado positivo: el protagonismo de los seglares asumido desde el ‘Comité central de los católicos alemanes’. Y por otro más bien negativo el aparecer mezclados sus problemas con los de la pederastia, que tienen su peso y exigencias sagradas pero que son de otro orden.

Hoy se está en un momento de pausa y espera. Todavía no han tomado soluciones para los seis problemas enunciados al comienzo. Entretanto una cuestión fundamental es la de la autoridad que tiene este organismo que no existe como tal figura canónica. Una iglesia particular no puede decidir sobre problemas que afectan a la Iglesia universal y no todos los obispos ni todos los seglares alemanes están de acuerdo. Los problemas que afectan a realidades esenciales y a toda la Iglesia católica solo los puede resolver el Colegio apostólico, un Concilio universal y el Papa; en lo demás puede existir un legítimo pluralismo. La situación eclesial en Alemania es grave pero se restablecerán la concordia y la paz sin escisión alguna y se llevarán a cabo reformas necesarias. ¿A quién de ellos con sentido común católico, pese a ser la patria de Lutero y de los veterocatólicos, le puede pasar por la cabeza un cisma, es decir la ruptura de la unidad de la Iglesia? Están en juego no solo ellos sino estamos todos los que somos la iglesia desde el último bautizado hasta el obispo de Roma. Una iglesia rota es un Cristo desfigurado.

Olegario González de Cardedal es teólogo.

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