Citando citas, contraste entre C’s y Podemos

Resulta conveniente empezar los artículos con una cita: puedes captar la atención del lector, te infiere una atractiva aureola de intelectualidad -aunque la realidad sea más chabacana y tu sapiencia provenga de bucear por las procelosas aguas de la Wikipedia-, te ahorra el esfuerzo que otros ya hicieron de pensar por ti, y, siendo consciente de que no serás capaz de mejorarlo, con tener la suficiente sensibilidad de nombrar al autor, más que un plagio, o una referencia, se convierte en un tributo. Y quedas como Dios.

Conviene no recurrir en un sólo texto a más de dos citas, ya que corres el riesgo, como he dicho en alguna otra ocasión, de convertir tu reflexión en una “casa de citas”. En caso de duda sobre la autoría de la frase, aconsejo recurrir a Churchill, a Marx -el gracioso, no el otro-, o, si queréis darle un toque más vintage y folclórico, a Lola Flores. En el supuesto de que uséis, como contundente afirmación que obliga a la reflexión, a La Faraona, aquella artista que ni bailaba, ni cantaba, pero que no había que perderse, me inclino por una cita comodín que cabe en cualquier situación por disparatada que parezca: “Si me queréis, irse”. Y a ver quién dice que no.

Así que voy a comenzar este artículo con una cita simple pero que desde que entré en política retumba en mi cabeza como una letanía. La autoría se la reparten, al alimón, entre Churchill, Bismarck, Aristóteles y Sánchez Arminio: La política es el arte de lo posible.

Mientras algunos hablan con troncos -así evitan que les contradigan-, responden a señoras entrañables de avanzada edad con seudolágrimas en los ojos, tuitean contra Amancio Ortega y luego les trincan vistiendo americanas de Zara, otros nos ocupamos del mar, y como dice la canción, tenemos dividida la tarea: unos cuidamos de las olas, otros vigilamos la marea y hacemos posible que los autónomos y las PYMES en dificultades puedan seguir aplazando el palo en los costillares que cada trimestre les atiza la liquidación del IVA, IRPF e Impuestos de Sociedades.

Conseguimos que se aumenten los permisos de paternidad de dos a cuatro semanas, y con pretensiones de equipararlos a los de maternidad para avanzar en conciliación y en igualdad; obligamos a Montoro a afirmar en su comparecencia en la comisión de economía –asunto confirmado en el pleno de esta semana por Méndez de Vigo- que cumplirá la octogésima novena primera exigencia que firmaron con nosotros para la investidura de Rajoy y que bajará el IVA de los espectáculos en directo al 10%, y con el compromiso de que seguiremos dejándonos el pellejo por incluir en esta medida al cine, al que el Ministro de Economía y el PP sigue despreciando de manera incomprensiblemente tozuda por unas migajas presupuestarias. Tiene pelotas el asunto, el Partido Popular vota en contra de bajar el IVA al cine, votación realizada en el pleno de este mismo jueves y que supondría no ingresar unos 50 millones, al tiempo que permite tramitar una iniciativa sobre la renta garantizada, e irrealizable, que aumentaría el gasto en 15.000 millones de euros.

Mientras unos pretenden el poder por el poder y otros su perpetuación para seguir incidiendo en el error que tan buenos réditos les da, otros queremos cambiar a mejor esta sociedad desde la reforma sensata, sin despreciar, en absoluto, la fortaleza que nos otorguen los ciudadanos para conseguir acelerar este proceso.

Algunos tratamos las cosas, como dice la canción, según es nuestro talante: unos compañeros se ocupan de lo que tiene importancia y otros de todo lo importante. Como que, más pronto que tarde, además del aplazamiento impositivo trimestral, se apruebe una nueva ley de autónomos que hará más fácil la vida de más de tres millones de españoles que cada mañana salen a la calle a dejarse las uñas, que sólo piden respeto a su esfuerzo y que les quiten los palos de las ruedas de su carro, que bastante empedrado e irregular ya está el camino.

Algunos posibilitamos que se sienten a la mesa los viejos partidos, trabados de artritis democrática, para conseguir un pacto por la educación que nos transcienda, que nos supere, que será imprescindible para avanzar en la economía del conocimiento, que será indispensable para dotar a nuestros jóvenes de las armas necesarias con las que batirse en duelo cuando esta globalización imparable les azote la cara con un guante que deberán recoger sí o sí. Algunos nos empeñamos en reflejar en los presupuestos, contante y sonante, el complemento salarial para jóvenes, para aquellos trabajadores que debido a la precariedad y temporalidad de los nuevos contratos no pueden aspirar a un proyecto de vida decente, y que suben y bajan en esa espiral demoníaca que les atrapa y les obliga a una pobreza soportable e insufrible mientras el gobierno saca pecho, mete barriga, pone el culito respingón y analiza la situación con una alegría que saca de quicio.

Algunos insistimos en anular un impuesto al sol que acabará derretido por el calor del sentido común y de la modernidad tecnológica; y nos dejamos el sudor y la lengua para que se puedan hacer realidad las medidas de regeneración, inaplazables, para que los políticos encausados no puedan atornillarse a su escaño, ni ocupar sitio, lugar y espacio en las listas electorales; para que los jueces del Consejo General del Poder Judicial no sigan siendo elegidos, en un reparto indecente, por aquellos a los que luego podrían juzgar, bendita ironía. Algunos porfiamos sin descanso para que aquellos funcionarios que denuncien corruptelas y chanchullos tengan la protección suficiente y no terminen en lo alto del Gólgota desnudos y pudriéndose al sol. Y no sigo, que me mareo.

Mientras unos siguen jugando a la política purgante por ver quien controla la riendas de ese caballo neobolchevique, que ya se desbocó en el siglo XX, que arrasó la hierba a su paso y que acabó tirando de la calesa desde donde saludaban al pueblo que decían representar; mientras otros pretenden una democracia asamblearia que puedan domeñar, o consolidar una partitocracia cansina y áspera para mantener las redes clientelares tejidas con los hilos del nepostismo, que ni existe ni se ve, pero que anda por ahí; mientras otros aspiran a licuar los tres poderes del Estado en un zumo amargo que nos obligan a beber con la amenaza de hacernos pasar una sed eterna, y anchoas para comer, y polvorones.

Mientras otros trabajan por la diversidad que consideran diversa, tratando al resto como anomalías antidemocráticas que hay que desdeñar, o reducen la pluralidad a un juego de naipes de dos con cartas marcadas donde uno canta las cuarenta y otro envida a mayor, y viceversa; otros, desde nuestra posición humilde pero intensa, seguiremos en el empeño de la democracia representativa, de la definición clara, concisa e independiente de los poderes del Estado y de la defensa de la pluralidad necesaria e imprescindible para avanzar en la modernización de nuestro país.

Bueno, ya me voy. Y lo haré con una cita atribuida, al alimón, a Churchill, Voltaire, Marta Sánchez y Ortega Cano: “Estamos tan agustito”, y a ver quién dice que sí.

Félix Álvarez es diputado del Grupo Parlamentario de Ciudadanos.

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