CiU en malas compañías

Pere Navarro hizo el domingo pasado lo que tenía pendiente desde hace más de un año: salir de la confusión. Un partido puede situarse en un lado o en el lado contrario, puede acertar o equivocarse. Pero seguro que yerra si no se sitúa claramente en ninguno, si se dedica a nadar en la ambigüedad. Hasta ahora, de cierto, no se sabía dónde estaba situado el PSC en el actual contencioso catalán. Con la decisión del domingo parece que lo empieza a aclarar. Todavía no lo ha logrado del todo, pero todo hace pensar que está empezando a salir de la confusión.

En efecto, a partir de la famosa manifestación del Onze de Setembre del año pasado, los partidos catalanes, por encima de otras diferencias más sustanciales, hubieron de alinearse en uno de los dos bloques: los partidarios del llamado derecho a decidir y los contrarios a este. Los contrarios, PP y C’s, fueron claros desde el primer momento. En el otro bloque ha habido diferencias y matices, tan sutiles como variados. Pero en este bloque, quizás en un extremo que a veces parecía acercarlo al bloque contrario, estaba indudablemente el PSC.

Así lo fueron demostrando sus diputados a lo largo del curso pasado, tanto en el Parlament como en el Congreso. En esta última Cámara, en temas que hacían referencia al “derecho a decidir”, llegaron a romper la disciplina de grupo parlamentario y votaron en sentido opuesto a sus compañeros del PSOE. Mientras, los sondeos iban anotando una pérdida creciente de apoyo electoral en Catalunya y tampoco el voto socialista aumentaba en el resto de España a pesar del incesante descenso del PP.

En el interior del PSC el malestar iba en aumento, tanto por parte del sector más nacionalista, el sector crítico, como del sector contrario, el oficial. Supongo que Pere Navarro y la mayoría de la dirección que encabezaban este último sector han llegado a la conclusión –evidente desde hacía tiempo– de que había que optar en un sentido o en otro, aun a costa de que se produjeran algunas bajas de notables históricos, ya que era mucho mayor la sangría de pérdida de votantes. Era necesario romper el nudo gordiano en el que estaban enredados. Había que plantarse y no acceder a la trampa que supone solicitar del Congreso que transfiera o delegue a la Generalitat la competencia estatal para autorizar referendos, algo presumiblemente contrario al orden constitucional y que, en todo caso, no obtendría la mayoría de la Cámara.

El acierto de la dirección del PSC parece evidente: en el consejo nacional del pasado domingo, los partidarios de no secundar esta iniciativa ha alcanzado el 83,5% de los votos, mientras que los contrarios sólo han logrado el 13,3%. El respaldo a Navarro ha sido, pues, masivo, y se ha demostrado que los críticos son una exigua minoría. Este cambio del PSC es, por ahora, el más duro golpe a las ilusiones independentistas. Sólo falta que los socialistas catalanes dejen de decir, como todavía hacen, que son partidarios del derecho a decidir, este engaño que sólo encubre el término independencia. La sensación es que la ola separatista empieza a amainar y que CiU empieza a buscar otras salidas.

Efectivamente, hay síntomas de que ello es así, y no sólo por las reiteradas declaraciones de Duran Lleida en contra del proceso secesionista. También Francesc Homs, del ala más soberanista de CiU y hombre de confianza de Artur Mas, está pidiendo en discretas comidas en Madrid con relevantes miembros de ciertos poderes fácticos que se les ayude a salir del atolladero en que se encuentran. ERC, ICV, la CUP, y no digamos la Assemblea Nacional Catalana, Òmnium Cultural o la monja Forcades, no dejan de ser amateurs de la política. Muchos periodistas, columnistas y tertulianos también lo son. Pero CiU no lo es, sabe lo que se juega, tiene experiencia en el mundo internacional y estrechas conexiones con los poderes económicos catalanes, españoles y extranjeros.

CiU y el Govern Mas, a pesar de todas sus proclamas, saben ahora el terreno que pisan. Se subieron al carro de una ola de una forma irresponsable e ingenua. Del concierto económico, algo ya en sí imposible por razones internas, pasaron en pocas horas a la independencia, al Estado propio dentro de la Unión Europea, algo todavía más imposible por razones jurídicas, políticas y económicas. Si fue por ignorancia, no los merecemos como gobernantes, tan baja es su calidad técnica. Si fue por demagogia, por seguir en el poder aun a costa de esconder la verdad, quienes los castigarán serán sobre todo los suyos, los honestos catalanes ilusionados con la independencia, entusiasmados con la idea de separarse de España, cuando comprueben que sus líderes los han engañado.

Con un PSC cercano, Convergència pensaba que aún gozaba de cierta respetabilidad. Aliada con ERC, ICV y la CUP, las cosas cambian sustancialmente: CiU anda en malas compañías. ¿Qué hace ahí el partido de los conservadores catalanes? Quizás por eso pide ayuda, no quiere quedar aislado, solo frente a un muro, en un callejón sin salida. Por eso es importante el desmarque del PSC el pasado domingo.

Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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