Ciudadanos: ¿alternativa o bisagra?

Los pensadores políticos que teorizaron sobre el fin de la historia ideológica (Fukuyama) o del crepúsculo de las ideologías (Fernández de la Mora o la defensa de la tecnocracia) esconden un pensamiento conservador porque la observancia empírica de la realidad social demuestra que siempre, a lo largo de la Historia, hay, ha habido y habrá ricos y pobres y aseveración tan simple basta para afirmar la existencia de la derecha y de la izquierda, aun si se quiere en un sentido social. Por otra parte, sin ideología sobreviene el consenso –la muerte de la política– y sin ésta, la llevanza de los asuntos públicos se convierte en una tarea de contables. Hay izquierda y hay derecha y, tradicionalmente, se ha identificado a la derecha con lo real y a la izquierda con lo ideal; pero, ¿qué pretenden hoy la derecha y la izquierda?

ciudadanos-alternativa-o-bisagraLa derecha española actual sólo aspira a gestionar mejor lo real y la izquierda sigue tratando de transformar lo real (lo injusto, lo desigual) en lo ideal (lo justo, lo igualitario) mediante la imposición artificial de la felicidad, de lo ideal desde el Estado. Es cierto que en nuestro país la derecha que hizo la Transición y que aún pervive (el PP) ha gestionado bien lo real –lo económico– pero ha renunciado a sus valores y principios y se ha convertido en un páramo ayuno de ideas y enfangado de corrupción, y la izquierda que también la hizo (el PSOE y el PCE) sobrevive en la indefinición ideológica, va tirando con una serie de consignas repetidas hasta la saciedad y ha terminado en idéntico páramo que la derecha. Por eso, cuando algunos dicen que la Transición está agotada se deben estar refiriendo al erial político, económico y cultural (moral) que parece España en este momento.

Sin embargo, en la izquierda ha surgido un nuevo partido que ha recuperado el tradicional discurso socialista y con unas formas nuevas de decir ha revestido de juvenil novedad chavista el mostrenco ideario comunista. Podemos ha conseguido despertar la ilusión de muchos votantes de izquierda definiéndose sin complejos, ofreciendo de nuevo transformar lo injusto y lo desigual en lo justo y lo igualitario desde el Estado, con el Estado y para el Estado. Y de momento le funciona, muchos medios de comunicación le apoyan y su líder anunció ya sus metas: obtener la supremacía en la izquierda, integrando o liquidando al PSOE, y liderar desde esa posición de preeminencia un nuevo proceso constituyente que, con la igualdad social como aspiración y logro final, lleve a nuestro país a convertirse en una República Popular verdaderamente Democrática. Ellos no vienen a continuar nada sino a cambiarlo todo. Al menos eso dicen, o decían.

¿Qué es Ciudadanos y qué papel debería desempeñar? Ciudadanos es un partido que quiere construir una sociedad abierta en el sentido popperiano, de hombres y mujeres libres e iguales, que pretende armonizar lo mejor de la derecha –el liberalismo– con lo mejor de la izquierda –la aspiración de progreso y bienestar de las clases más desfavorecidas–.

Escribía Umbral que la derecha es «una manera de hacer» y la izquierda, «una forma de ser». Pues bien, siguiendo al maestro, Ciudadanos es «una manera de ser, transformando».

La pregunta es: ¿quiere y puede Ciudadanos obtener la supremacía política que a finales de los años 70 ostentaba UCD y liderar una segunda Transición que convierta nuestro país en una auténtica democracia, o se limitará, corto de miras y grandeza política, a administrar los despojos de aquélla ejerciendo de bisagra de la puerta izquierda aquí y de la puerta derecha allá? Una fugaz mirada a la actualidad política y concluir que nos hallamos ante una opción bisagra es todo uno, pero quizás solo sea una impresión superficial y precipitada.

Los electores que en los últimos comicios municipales y autonómicos han votado a Ciudadanos lo han hecho decepcionados con las opciones políticas tradicionales y con ansia de novedades y propuestas regeneradoras y caras nuevas, pero no se van a conformar con eso. No bastará con ventilar y reformar la casa porque apenas se sostiene: los ciudadanos quieren construir entre todos una nueva y pretenden ser los protagonistas genuinos de ese proceso, y sería deseable que lo hicieran a través de unos partidos políticos democráticos y transparentes, que representaran verdaderamente a la sociedad y no estuvieran incrustados en el Estado. Por eso, las propuestas de Ciudadanos en este ámbito son valiosas pero insuficientes. Si se quedan en cambios lampedusianos, servirán de gozne para otras puertas.

Es por ello imprescindible que Ciudadanos desarrolle un proyecto político que consiga, al menos, otros cuarenta años de paz y prosperidad. Y el eje y principio inspirador de ese programa debe ser la libertad política del pueblo español, sin la cual es imposible construir una auténtica democracia, una verdadera igualdad social y una justicia libre e independiente. Debe dotar de contenido político la que ha sido una de sus frases inanes más celebradas («no somos ni rojos ni azules: somos naranja») sustituyendo las ideologías partidarias por ideales y convirtiendo la mentira y la corrupción como forma de hacer política en verdad y transparencia.

Las dos claves para transformar la esclerótica realidad política actual que logrará despertar en los españoles la ilusión y la esperanza de que este estado de cosas puede cambiar y situar al ciudadano –y no a los partidos como estructura de poder clientelar– como protagonista del cambio son: la separación real de poderes del Estado y el cambio del sistema electoral. Dicho así parece fácil y… lo es. Sólo es preciso no sentir miedo de ejercer la libertad política (no confundir con las libertades individuales). Somos un pueblo adulto y nos merecemos ser tratados como tal por la llamada clase política.

¿No le haría ilusión al ciudadano elegir directamente a sus representantes –sistema mayoritario en distritos– y acabar con un sistema proporcional de listas de personas que no conoce? Esta elección directa reforzaría sus vínculos con los elegidos, lo que sin duda resolvería la actual desafección de los ciudadanos con sus representantes y con el manejo de los asuntos públicos.

¿No sabemos todos que un poder no puede ejercer todas las funciones porque si así sucede la corrupción está garantizada? Entonces: ¿por qué no nos permitimos cambiar esta situación y separamos los poderes del Estado para acabar con la descomposición que padecemos eligiendo en elecciones distintas al Jefe del Gobierno, a los miembros del Legislativo y a los componentes del Poder Judicial?

AÚN MÁS, ¿por qué, tras casi 40 años de libertades individuales, los ciudadanos españoles no tienen la libertad política de elegir la forma de Estado que desean para su país? La que tenemos en la actualidad no fue elegida por los españoles en un referéndum –elegir entre varias opciones– sino refrendada de modo indirecto al votarse la Constitución vigente. En este momento histórico, poner sobre la mesa esta cuestión sería la constatación de que el pueblo español en su conjunto es tratado como un pueblo políticamente adulto y libre.

¿Alguien ha pensado que Albert Rivera como jefe del Estado elegido por todos los españoles podría hacer más por solucionar el llamado problema catalán que una continua política de cesiones que se ha revelado inútil para, como dijera Ortega y Gasset, conllevarlo? A mayor abundamiento, la actual Reina de España, ¿no se merece la libertad política de elegir como ciudadana a su marido como jefe del Estado?

La cuestión esencial es saber si los españoles tendremos al fin la valentía de dirigir nuestro destino político o dejaremos de nuevo que una sola persona lo haga por nosotros durante 40 años o unas pocas lo hagan durante otros 40.

Ciudadanos nació para reivindicar que los derechos son de las personas, no de los territorios, y colocó al ciudadano en el centro de su actuación política. Es tiempo de trasladar aquel arrojo de ayer al hoy, de enarbolar la bandera de la libertad política de los ciudadanos españoles no sólo en Cataluña sino en toda España. Es tiempo de coraje político, de propuestas valientes, transformadoras, de hacer honor al nombre del partido, es, en fin, tiempo de ser ciudadanos, el tiempo de Ciudadanos.

Isaac Reviriego Pavón es abogado y ex miembro del Consejo General de Ciudadanos.

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