Ciudadanos, ¿liberal-progresista o socialdemócrata?

Ocurrió en el mes de mayo de 1979. El PSOE celebraba su 28º Congreso y su entonces Secretario General, Felipe González, solicitaba a su partido el abandono del marxismo como principio inspirador de su ideología. La nostalgia de la peor historia revolucionaria de su partido, abanderada por dos dirigentes de la formación, Luis Gómez Llorente y Pablo Castellano, daría al traste con las pretensiones del entonces joven sevillano que renunciaría a liderar su partido. Atrapados por el vértigo, los marxistas no asumieron el relevo. Ellos querían las dos cosas a la vez: a Felipe y al marxismo, cuestiones ambas difíciles de casar. A consecuencia de ello, una Comisión Gestora asumiría el mando del socialismo español, antes de que un Congreso Extraordinario supusiera el apoteósico regreso de González y el definitivo arrumbamiento del marxismo. Tres años más tarde, ese PSOE abonado ya a la socialdemocracia obtenía una rotunda mayoría absoluta.

El próximo fin de semana Ciudadanos celebrará una Asamblea congresual. Sus órganos de dirección han propuesto a los compromisarios un documento que recoge la posición ideológica de este partido como liberal-progresista y algunas enmiendas al texto parecen sugerir que se mantenga una pretendida identidad socialdemócrata en el partido dirigido por Albert Rivera.

Con el máximo respeto a las opiniones de diferentes compañeros de partido, así como a las de otros participantes en el debate, esta decisión sería contradictoria con la estrategia seguida por Ciudadanos, al menos desde que la conozco a partir de las elecciones europeas de 2014. Yo mismo pude ser testigo de que los dos diputados de C’s en la cámara de Estrasburgo -Javier Nart y Juan Carlos Girauta- se integraban en el Grupo Parlamentario ALDE, cuyas siglas es bien sabido que corresponden a Alianza de Liberales y Demócratas Europeos. En el caso de que los órganos del partido hubieran decidido servir a sus principios ideológicos estos diputados se deberían haber integrado en el grupo S&D que responde a la genuina denominación socialdemócrata -Socialistas y Demócratas-. No lo hicieron, sin embargo.

No conozco muy bien si esta decisión produjo muchas críticas en el interior del partido. Lo cierto es que Ciudadanos seguiría recorriendo ese mismo camino. Con carácter previo a las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015 yo mismo ayudé a que C’s celebrara en Madrid una cumbre de líderes liberales europeos bajo el slogan Another way for Spain. El pasado año, ALDE Party -el partido, no sólo el grupo parlamentario en la eurocámara- aprobaba el ingreso de este partido en su estructura interna, en la que por cierto es hoy en día la más importante organización nacional de entre las que lo componen. Y más recientemente un miembro de la ejecutiva de C’s, el economista Luis Garicano, sería elegido como uno de los Vicepresidentes del partido ALDE.

El retorno -o la reafirmación, si se prefiere- de las tesis socialdemócratas debería en buena lógica conllevar un replanteamiento de la estrategia que ha seguido Ciudadanos desde 2014. Nuestra salida del partido ALDE y de su grupo parlamentario, en el que por cierto Javier Nart acaba de ser elegido vicepresidente para la segunda parte de la legislatura. Y seguramente también pedir el ingreso en S&D y, ¿por qué no?, en la Internacional Socialista.

En todo caso, el liberalismo progresista, en las expresiones políticas de los LibDems británicos, una creación que conviene recordar fue fruto de una fusión entre el viejo partido Wig y el partido socialdemócrata o de los D66 de Holanda, mantiene un triángulo esencial que se define, en primer lugar, por una política basada en los valores -derechos humanos y libertades individuales-; en segundo, por el reconocimiento de la virtualidad de la sociedad abierta y, en ella, la economía de mercado y, en tercer lugar -lo último pero no lo menos importante- las políticas sociales y el mantenimiento de un sólido estado del bienestar, que es un proyecto común en la práctica totalidad de los países europeos.

Libertades y Estado del bienestar son los elementos que distinguen a Europa respecto de otros espacios políticos, económicos y sociales en otras zonas geográficas del resto del mundo. Estos principios, unidos a una apuesta inequívoca por la Europa federal que nos permita recuperar nuestra posición de actor con presencia y relevancia a nivel global son a mi juicio la mejor garantía contra los populismos de aquí y de allá, europeos o ejercientes en otros lugares

Como ocurriera en 1979 con el PSOE, el debate ideológico en Ciudadanos no es baladí, ni debería separarse de su liderazgo. Pero tampoco de la percepción que la ciudadanía tiene de este partido. Y en el complejo panorama político español, creo yo al menos, nadie -o casi nadie- percibe a Ciudadanos como un partido socialdemócrata.

En la siempre difícil delimitación de las diferencias entre las familias ideológicas europeas, la liberal es la oferta centrada y reformista allá donde la derecha popular y la izquierda socialdemócrata se manifiestan en la práctica como conservadoras.

Fernando Maura es diputado nacional de Ciudadanos

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