Colombia está comprometida con los refugiados venezolanos, pero no podemos hacerlo solos

En esta foto del 14 de abril de 2019, venezolanos caminan hacia Colombia próximos al puente internacional Simón Bolivar, cerca de Cucuta, Colombia. (Fernando Vergara, Archivo/AP Photo)
En esta foto del 14 de abril de 2019, venezolanos caminan hacia Colombia próximos al puente internacional Simón Bolivar, cerca de Cucuta, Colombia. (Fernando Vergara, Archivo/AP Photo)

Colombia se encuentra frente a uno de los desafíos humanitarios más graves que el hemisferio occidental haya visto en la era moderna: la crisis de refugiados venezolanos. Esta crisis en la puerta de los Estados Unidos debe ser manejada con mayor urgencia antes de que la situación se salga de control. Necesitamos un compromiso más fuerte para obtener más fondos y recursos por parte de la comunidad internacional. Colombia no puede hacerlo sola.

El colapso económico y el caos político en Venezuela han generado una crisis de migrantes y refugiados tan grande como ninguna otra en el mundo de hoy. Vemos de primera mano cómo el caos y el colapso en lo que alguna vez fue una de las naciones más ricas de América Latina —una nación con las mayores reservas de petróleo del mundo— está destruyendo las vidas de millones de ciudadanos venezolanos inocentes.

Más de 1.7 millones de venezolanos han buscado y encontrado refugio en Colombia, más que en cualquier otro país. Solo en enero, aproximadamente 290,000 niños se matricularon para ir a la escuela en Colombia. Y se calcula que el número de migrantes venezolanos continuará aumentando. Un estudio de la Organización de Estados Americanos estima que para finales de 2020, podría haber entre 7.5 y 8.2 millones de migrantes venezolanos en todo el mundo.

El costo de proporcionar ayuda humanitaria a los refugiados venezolanos ha ejercido una presión considerable sobre los recursos colombianos. Por ejemplo, la educación de los migrantes cuesta 160 millones de dólares por año; la atención médica de emergencia cuesta alrededor de 40 millones por año; y los servicios de agua y saneamiento cuestan 260 millones.

Colombia está haciendo su parte para asistir a los migrantes, al tiempo que le insiste al mundo a prestar atención a la inestabilidad y al terror de Estado patrocinado por el dictador venezolano, Nicolás Maduro, quien intenta exportar este miedo a otros países de la región.

Fui uno de los primeros líderes internacionales en reconocer a Juan Guaidó como el presidente legítimo de Venezuela, apoyo que reafirmé fuertemente después de que el régimen de Maduro usara la fuerza para tratar de evitar que miembros debidamente elegidos de la Asamblea Nacional de Venezuela, cumplieran con su papel constitucional. Recientemente, fui parte de un grupo de líderes mundiales, en el que está incluido el presidente estadounidense, Donald Trump, que se reunió con Guaidó para señalar el continuo apoyo de Colombia a su legitimidad.

Colombia, miembro de la OTAN, es el aliado más fuerte de Estados Unidos en la región. A medida que la dictadura de Maduro brinda apoyo a las pandillas terroristas a lo largo de la frontera, son la fortaleza y ​​la estabilidad de Colombia las que controlan las fuerzas del desorden y la perturbación. Además, al brindar refugio y asistencia a los cientos de miles de venezolanos que continúan cruzando nuestra frontera, hacemos frente a esta crisis masiva de refugiados y evitamos que una posible oleada de migrantes sin recursos intente cruzar a América del Norte.

Pero Colombia no puede resistir sola a los efectos de esta crisis. La región necesita un mayor apoyo de la comunidad internacional. Según expertos de The Brookings Institution, se estima que 16% de los venezolanos ha huido de su país y el ritmo de esa salida es mayor que la de la crisis de refugiados en Siria.

El informe Brookings también señala la desproporcionada respuesta internacional: “En respuesta a la crisis siria, por ejemplo, la comunidad internacional movilizó grandes corrientes de capital, gastando 7.4 mil millones de dólares acumulados en esfuerzos de respuesta de refugiados en los primeros cuatro años. La financiación para la crisis venezolana no ha seguido el ritmo; cuatro años después de la crisis, la comunidad internacional ha gastado solo 580 millones".

La crisis en Siria es terrible y el pueblo sirio merece nuestro apoyo. Pero el mundo necesita entender que una crisis humanitaria de mayores proporciones se está desarrollando —y acelerando— aquí mismo en América Latina.

Estados Unidos ha sido un firme aliado en los objetivos compartidos de promover la paz, la seguridad, la democracia, los derechos humanos, el desarrollo y la estabilidad en la región. Por ejemplo, el Congreso aprobó y Trump promulgó la Ley de Ayuda de Emergencia, Asistencia para la Democracia y Desarrollo (VERDAD) de Venezuela. También, el año pasado, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional prometió asistencia humanitaria.

Pero hay que hacer más. Una crisis de esta magnitud es simplemente demasiado para que Colombia y la región la asuman. Esperamos que el mundo esté a la altura de las circunstancias y aumente su respuesta a la crisis venezolana antes de que sea demasiado tarde. El destino del hemisferio occidental depende de ello.

Iván Duque es el presidente de Colombia.

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