Colombia quiere la paz y no se dejará intimidar por los exdelincuentes de las FARC alojados en Venezuela

"Los bandidos volvieron al monte", se lee en un periódico popular de Colombia al referirse al anuncio de una fracción de las FARC de su regreso a la clandestinidad. (JOAQUIN SARMIENTO / AFP)
«Los bandidos volvieron al monte», se lee en un periódico popular de Colombia al referirse al anuncio de una fracción de las FARC de su regreso a la clandestinidad. (JOAQUIN SARMIENTO / AFP)

Colombia permanece unida frente a un pequeño número de delincuentes que quieren descarrilar la histórica transformación que está en marcha. Hace unos días, este grupo de narcoterroristas publicó un video anunciando la creación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, utilizando el mismo nombre del grupo armado ilegal que firmó un Acuerdo de paz en 2016 con el gobierno.

Los líderes de este pequeño grupo de criminales disidentes son antiguos miembros de las FARC, conocidos por actividades de narcotráfico desde antes del comienzo de mi administración, y que hasta hoy continúan. Este es su más reciente intento de frustrar el progreso de Colombia hacia la paz. No lo lograrán.

Es importante enfatizar que Colombia no enfrenta la resurrección de un nuevo movimiento guerrillero, como afirman estos criminales. Esta es una banda envalentonada, cobijada y apoyada desde Venezuela por la dictadura de Nicolás Maduro.

Entre estos delincuentes se encuentra un narcotraficante que se hace llamar Jesús Santrich. Estados Unidos ha acusado a Santrich por narcotráfico, y está huyendo de las autoridades colombianas. Tomando en cuenta estos hechos, es muy probable que el objetivo de estos forajidos sea continuar sus actividades criminales para obtener mayores ganancias.

Trabajaremos para expedir alertas rojas de Interpol y para que ningún país pueda albergar a estos delincuentes. Si lo hacen, estarán violando la Resolución 1373 del Consejo de Seguridad de la ONU, que establece claramente que ninguna nación debe permitir su presencia en su territorio.

El acuerdo de paz en Colombia marcó el comienzo de un proceso de implementación de 15 años. Estamos convencidos de que cualquier iniciativa que promueva la estabilización de las regiones devastadas por décadas de violencia y criminalidad debe apoyarse en un vínculo inquebrantable entre la justicia y la seguridad. Hemos puesto todos nuestros esfuerzos e iniciativas bajo la estrategia llamada “Paz con legalidad”.

Tenemos dos compromisos: el primero es con los excombatientes que han seguido el camino de la legalidad, para protegerlos y que reciban todo nuestro apoyo; el segundo es con las personas que viven en las regiones afectadas por décadas de violencia, donde hemos implementado estrategias de desarrollo locales contra la pobreza. Un esfuerzo que hemos llevado a cabo desde el primer día de mi administración. En menos de un año, aprobamos 14 de 16 de estas estrategias regionales.

“Paz con legalidad» es nuestra hoja de ruta para lograr estos objetivos y cumplir con nuestros compromisos. Continuaremos trabajando con nuestros socios para garantizar la justicia y la legalidad, sin impunidad para todos.

Hace poco más de un año, en mi posesión invité a mis compatriotas colombianos a superar las falsas divisiones entre «amigos y enemigos» de la paz y apoyar a mi Gobierno en la construcción de una paz sostenible y duradera. No estamos haciendo política con la paz. Estamos haciendo políticas para la paz.

Pero no se equivoquen: no habrá paz sostenible con coca. El narcotráfico es una gran amenaza no solo contra nuestra democracia sino también contra cualquier esfuerzo por la paz.

Permítanme ser claro. El grupo de narcotraficantes en ese video representa solo una pequeña porción de las FARC que nunca se desmovilizaron ni abandonaron sus armas, su dinero o sus rutas para el tráfico de drogas.

Nuestra administración heredó una situación alarmante con respecto a los cultivos de coca. En 2018, estos alcanzaron más de 200,000 hectáreas, en comparación al 50,000 unos años antes. En solo un año, frenamos esta tendencia creciente y peligrosa. Erradicamos más de 98,246 hectáreas, y la extensión total ha comenzado a reducirse por primera vez en seis años.

Nuestro gobierno continuará trabajando incansablemente para lograr el progreso que los colombianos merecen, desde promulgar reformas agrícolas, promover el desarrollo rural y buscar justicia para las víctimas del terrorismo.

Colombia está especialmente agradecida por el continuo apoyo de los Estados Unidos, nuestro aliado más cercano, para ayudar a fortalecer nuestras instituciones, aumentar la seguridad regional y enfrentar los desafíos de la crisis en Venezuela. Es otra demostración del compromiso conjunto de Estados Unidos y Colombia para promover la paz, la democracia y la justicia en todo nuestro hemisferio.

Estoy seguro de que, a medida que nos enfrentemos a estos nuevos retos, Estados Unidos continuará brindando su apoyo.

Todos los colombianos queremos la paz, pero necesitamos una paz sin impunidad, sin repetición, que se base en la verdad genuina, la justicia y las reparaciones.

Nuestra administración está comprometida a garantizar el principio del Estado de derecho en todo nuestro territorio. Seguiremos luchando contra cualquier amenaza y contra todas las manifestaciones del crimen. Mi país necesita una paz sostenible. Sin embargo, esta no existirá sin legalidad.

Iván Duque es el presidente de Colombia.

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