Comercio en tiempos de proteccionismo

En tanto la economía de China se desacelera y el crecimiento del mundo desarrollado sigue anémico, los gobiernos en toda Asia están esforzándose por mantener sus economías en una trayectoria ascendente. En Sri Lanka, país del que soy primer ministro, el desafío es encontrar una manera de acelerar nuestro crecimiento económico ya estable.

Algo es claro: no podemos esperar que el resto del mundo reciba nuestras ambiciones económicas de la misma manera que alguna vez le abrió los brazos al rápido ascenso de China como potencia económica o -en décadas anteriores- celebró el crecimiento de Japón y los llamados Tigres de Asia, entre ellos Corea del Sur.

Hoy, los asiáticos somos testigos, casi a diario, de ataques políticos feroces contra las herramientas y políticas que han ayudado a sacar a cientos de millones de nuestros ciudadanos de la pobreza. De hecho, este año, el libre comercio parece ser el chivo expiatorio preferido entre los diversos populistas y demagogos del mundo.

En la campaña electoral presidencial de Estados Unidos, por ejemplo, los principales candidatos, tanto en la primaria republicana como en la demócrata, han cuestionado el sentido de buscar una mayor apertura en el comercio mundial. En el Reino Unido, los euroescépticos que hacen campaña para que el país abandone la Unión Europea denigran los beneficios del mercado único europeo. En otras partes de Europa, los populistas están exigiendo que se levanten los puentes levadizos del comercio.

El comercio abierto es blanco de ataques inclusive en partes de Asia. El primer ministro japonés, Shinzo Abe, tuvo que arrastrar a algunos grupos de interés de su país para integrar el Acuerdo Transpacífico, y lo hicieron pataleando y a los alaridos. De la misma manera, el primer ministro indio, Narendra Modi, no ha logrado convencer a los gobernadores estatales de reducir las barreras comerciales al interior de su país. Y en Sri Lanka, el “acuerdo económico y tecnológico” que mi gobierno planeó firmar recientemente con India, para generar una mayor integración económica, ha sido víctima de un feroz ataque político.

Sin embargo, en su gran mayoría, los líderes políticos de Asia aún tienen una visión muy positiva de los beneficios del comercio abierto. Después de todo, gran parte de las últimas cuatro décadas de crecimiento robusto se pueden atribuir al hecho de que los mercados mundiales fueron receptivos a los productos asiáticos. Lo único que necesitábamos hacer para que nuestras economías crecieran, parecía ser, era identificar nuestra ventaja comparativa, producir bienes de calidad a precios competitivos y luego exportar lo más posible.

Durante décadas, este modelo funcionó extraordinariamente bien, beneficiando en gran medida a China, Japón, Corea del Sur y los países del sudeste asiático. Inclusive hoy, con el comercio mundial de capa caída, el comercio regional sigue siendo un componente esencial de las estrategias de crecimiento de estos países. En el sur de Asia, en cambio, hemos tardado mucho más tiempo en aprovechar las oportunidades que pueden surgir de un comercio más abierto -con consecuencias lamentables: en la región vive el 44% de la gente más pobre del mundo.

Tenemos la obligación de intentar utilizar el comercio para sacar a nuestra gente de la pobreza. Pero, en un momento en que el libre comercio se está convirtiendo rápidamente en un tormento global, la ventana para generar crecimiento accediendo a los mercados mundiales parece estar cerrándose a toda prisa. Si queremos que el comercio se convierta en un motor clave de crecimiento en Sri Lanka o en otras partes de la región, lo más probable es que tengamos que generarlo nosotros mismos -haciendo que el sur de Asia pase de ser una de las regiones con menos integración económica del mundo a convertirse en una de las más integradas.

Hoy, el comercio intrarregional representa apenas el 5% del comercio total del sur de Asia, comparado con el 25% de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático. Este vasto potencial sin explorar le brinda a la región una oportunidad de crecimiento que no se basa en la fortaleza de la economía mundial. El año pasado, el Banco Mundial estimó que el comercio anual entre India y Pakistán podía saltar de 1.000 millones de dólares hoy a 10.000 millones de dólares -si se recortaran los aranceles y otras barreras a los niveles recomendados por la Organización Mundial de Comercio.

Los aranceles y otras restricciones innecesarias coartan el comercio entre todos los países del sur de Asia. Se suponía que estos obstáculos iban a ser eliminados con la creación de la Asociación Sudasiática para la Cooperación Regional, el bloque de comercio regional más grande del mundo, con cerca de 2.000 personas. Pero la dependencia de la ASACR de las negociaciones bilaterales ha desacelerado el proceso a tal punto que hoy marcha a paso de tortuga, lo que hace que la región siga siendo mucho más pobre de lo necesario. Para que la ASACR tenga éxito, será necesario un nuevo mecanismo multilateral de cooperación.

En tanto el cambio climático siga pasando factura, los riesgos no harán más que aumentar. Nuestros países, que todavía son esencialmente agrarios, con gran parte de su territorio en regiones costeras bajas, están peligrosamente expuestos a los niveles crecientes de los mares y a un clima violento. Los glaciares que desaparecen en el Himalaya alterarán la vida -y la subsistencia- de unos 600 millones de personas en Pakistán, Nepal y el norte de India.

Los obstáculos políticos para una acción efectiva serán difíciles. En verdad, existe una oposición política a una mayor integración económica regional en cada país de la ASACR. Pero la escala de los desafíos que enfrenta la región debería incitar a todos los miembros de la ASACR a una mayor cooperación.

Es hora de que los gobiernos de los países que integran la ASACR estén a la altura del desafío. Si trabajamos juntos, podremos sentar las bases de una economía regional tan dinámica como la de nuestros vecinos al este.

Ranil Wickremesinghe is Prime Minister of Sri Lanka.

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