Cómo aprovechar el incremento de capital del Banco Mundial

Construction workers ride in the bucket of a bulldozer. STEFAN HEUNIS/AFP/Getty Images
Construction workers ride in the bucket of a bulldozer. STEFAN HEUNIS/AFP/Getty Images

En abril, los gobiernos de todo el mundo acordaron un incremento de capital de 13.000 millones de dólares para el Grupo Banco Mundial, en una clara señal de que el multilateralismo está muy lejos de haber muerto. El financiamiento adicional fortalecerá la capacidad del GBM de respaldar proyectos de desarrollo a nivel global. Pero también plantea interrogantes críticos sobre la mejor manera de asignar los nuevos fondos y recaudar capital público en el futuro.

Cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la agenda de las Naciones Unidas para 2030, así como la propia meta del GBM de llevar el financiamiento para el desarrollo de “miles de millones a billones”, exige maximizar el potencial del último incremento de capital. Y para lograrlo hará falta crear una nueva arquitectura para el financiamiento del desarrollo, de manera que una multitud de actores que operan con recursos limitados tengan incentivos para optimizar el desempeño, llevar a cabo una acción conjunta y evitar duplicar los esfuerzos individuales.

Un nuevo marco obligará a todas las partes interesadas –incluido el GBM, los bancos de desarrollo regionales, las agencias bilaterales, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) y otras instituciones- a reexaminar su papel en el sistema más amplio. Sabemos, a partir de la experiencia pasada, que al fortalecer al GBM, el uso de capital público y privado en el financiamiento del desarrollo podría volverse más fragmentado. Para evitar que esto suceda, necesitamos un sistema que motive a las diferentes partes a trabajar de manera conjunta y transparente.

Un foco clave debería ser el de reforzar la estrategia de “miles de millones a billones”, que se centra en movilizar capital del sector privado y garantizar el mejor uso del capital del sector público. Por consiguiente, no se debe permitir que el incremento del dinero público desaliente los aportes del sector privado a través de una competencia oculta o un efecto de “exclusión”. Abordar estas cuestiones exigirá una división más claramente definida del trabajo a la hora de asignar riesgos y responsabilidades.

Es más, es hora de repensar la asistencia oficial al desarrollo (ayuda de los gobiernos), que sigue siendo crucial para aliviar la pobreza, proteger la dignidad humana y financiar servicios básicos para gente en lugares donde no existen otros recursos financieros. Debido a la inversión limitada en los ODS, se debe implementar la AOD de manera tal que atraiga financiamiento adicional, o canalice los recursos existentes a través de mecanismos de financiamiento mixto (público-privado).

Como accionistas mayoritarios en el sistema de banca de desarrollo multilateral, los mayores contribuyentes de AOD tienen un papel esencial que desempeñar en la alineación de los incentivos del sector público y privado. Al reunirse, pueden dirigir a la comunidad internacional hacia un sistema basado en objetivos compartidos y responsabilidad colectiva.

El incremento de capital del GBM ofrece un reaseguro en un momento crítico para el multilateralismo. Pero no se lo debería considerar una excusa para frenar la innovación, o para tomar el camino fácil de depender exclusivamente del capital público, evitando al mismo tiempo la tarea difícil de perseguir estrategias de financiamiento mixto. Más bien, debemos aprovechar el momento para abordar las causas de fragilidad, conflicto y violencia en todo el mundo, y crear un entorno alentador para una mayor inversión del sector privado. Sólo si mantenemos el impulso actual podemos hacer avanzar la agenda de los ODS.

Hasta ahora, los mecanismos de financiamiento mixto para movilizar capital privado han sido utilizados principalmente en países de ingresos medios relativamente estables. Según un estudio reciente de la OCDE, cerca del 43% del financiamiento privado recaudado mediante estos mecanismos entre 2012 y 2015 se utilizó en países de ingresos medios y altos, mientras que sólo el 7% se destinó a los países menos desarrollados.

Es de vital importancia expandir el uso del financiamiento mixto en países frágiles y de bajos ingresos. Las ramas del sector privado de los bancos de desarrollo necesitarán esforzarse más en asignar sus desembolsos de capital de maneras que mitiguen el riesgo y atraigan capital del sector privado, en lugar de excluirlo involuntariamente.

Hace pocos años que el mundo trabaja en la agenda de los ODS. Pero ya resulta evidente que, para alcanzarlos, serán necesarios nuevos incentivos para que los actores públicos y privados dirijan las inversiones hacia quienes corren el riesgo de quedar rezagados. Eso implica crear un sistema en el que los fondos públicos estén destinados de manera consistente a las áreas correctas, y para los fines correctos.

En un momento de agitación populista contra las instituciones multilaterales, el incremento de capital del GBM es, en sí mismo, un logro destacable. Pero el actual contexto político hace que resulte aún más importante que implementemos bien la próxima fase de financiamiento del desarrollo. Debemos seguir focalizados en construir y mantener una arquitectura cohesiva para cumplir los ODS y otros compromisos internacionales, como los que conforman el acuerdo climático de París.

El cambio no sucederá por sí solo. De manera que, en lugar de estar a merced de los flujos financieros globales, debemos utilizar el financiamiento como una herramienta para lograr nuestros objetivos. Esto exigirá un compromiso genuino y de largo plazo de parte de los “actores interesados”, y una presión de los ciudadanos comprometidos en todo el mundo.

Bertrand Badré es CEO y fundador de Blue like an Orange Sustainable Capital, y co-presidente del Consejo Futuro Global sobre Gobernancia Internacional, Cooperación Público-Privada y Desarrollo Sostenible del Foro Económico Mundial. Charlotte Petri Gornitzka es presidenta del Comite de Asistencia al Desarrollo en la OCDE.

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