Como cada 8 de diciembre

Como cada 8 de diciembre, y desde 1585, cuando tuvo lugar la gesta heroica del Tercio del maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla en la batalla de Empel, en la isla de Bommel, entre los ríos Mosa y Waal, llega para los infantes de España la festividad de su Patrona, la Inmaculada Concepción de María.

La jornada trae a estos soldados la sentida renovación de su compromiso de servicio a la Patria y, a los veteranos, la añoranza de ese mismo servicio, a través del recuerdo de las experiencias vividas. En todos ellos se reafirma la certeza y la satisfacción grande de pertenecer a un conjunto militar singular, con una larga trayectoria, abnegada y gloriosa, forjada en el sacrificio y la generosidad, al que saben que su Patrona entiende bien, cuida y distingue.

Así son ellos, los infantes de España: soldados que valen para todo, en cualquier lugar y circunstancia, capaces de luchar, aguantar y sufrir de forma callada y sin término. Siempre dispuestos, con naturalidad y gesto sencillo, a cumplir con el deber, por desagradable, difícil y duro que este pueda ser. Nada piden y nunca exigen, aunque, eso sí, esperan respeto, apoyo y comprensión a su dura labor.

Estos mismos infantes saben que será difícil, pues siempre lo ha sido y lo sigue siendo hoy mismo, que una parte de esa sociedad a la que sirven, entienda y comprenda y, mucho menos, reconozca su duro esfuerzo y total entrega durante el anónimo desempeño de su misión.

Misión esta llevada a cabo en muy diversas circunstancias y, a veces, bajo el sol abrasador, el frío implacable o la nieve que mata. También, y eso está muy claro y es normal para ellos, sometidos al fuego enemigo y, en ocasiones, aunque puede parecer increíble o dramático, bajo reglas de enfrentamiento que llegan a limitar el empleo de sus armas a la mínima protección propia.

Son los hombres y mujeres que, con idénticos defectos y virtudes que el resto de los españoles, durante siglos y siglos han llevado con todo orgullo el nombre, la presencia y la acción de España, por todos los rincones del mundo, defendiendo su honor, unidad e integridad. Y siempre derrochando generosidad y entrega a esa Patria común a la que sirven y servirán con fe ciega.

No hay nada nuevo y nunca lo habrá, es la fiel Infantería, la que como ayer y siempre por saber morir, sabe vencer.

Y por ello, todos los años, al alborear ese mágico 8 de diciembre, donde estén y como estén, los infantes se acuerdan de su Patrona, ejemplo de obediencia, generosidad, sencillez, humildad y entrega sin límites, a la que cantan, rezan y piden que les ayude, haciéndoles auténticos como personas y soldados, para un mejor cumplimiento de su compleja y difícil tarea.

Después, a lo largo del día, infantes de diversas edades y épocas se reúnen al amparo de sus viejas banderas, cargadas de tradición y de gloriosas y heroicas recompensas. Lo hacen para recordar las hazañas vividas en nuestra España, en Flandes, Italia, Francia, Alemania, África, Indochina y en los Andes, el Río de la Plata, la Nueva España, Cuba, Santo Domingo y Filipinas y en tantos y tantos lugares que jalonaron, a lo largo de los siglos, la gloriosa historia de la Infantería, que es la de España.

Lo mismo que antaño, los infantes han cumplido y siguen cumpliendo con su deber en los tiempos actuales, en las campañas del Sahara, Kurdistán, Bosnia i Herzegovina, Kosovo, Irak, Albania, Líbano, Afganistán, Malí y en otros escenarios más o menos lejanos y siempre difíciles.

Allí estuvieron y lo siguen estando. Firmes y valientes en el empeño, asombrando al mundo con su buen hacer, enorme sencillez, humanidad en el trato con cualquiera y su proverbial austeridad, demostrando su gran oficio y la máxima lealtad a los recios valores que les inculcaron sus mayores, a lo largo de los tiempos.

Por eso los infantes, en esa comunión de espíritu, que se renueva todos los años en la celebración del día de la Patrona, sienten, y así lo expresan al entonar su himno, que habla del deber, de la patria y del honor, dirigido a España objeto de sus amores, que, en estos tiempos de mediocridad generalizada y de oscuros nubarrones y malos vientos que amenazan, aún te queda la fiel Infantería…

Luis Palacios Zuasti, general de División (R).

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