Cómo conseguir que el consumidor chino consuma

La historia tendrá la última palabra, pero existen buenos motivos para creer que el Tercer Plenario que acaba de realizarse en China será considerado un momento crucial en el desarrollo del país. Finalmente, los altos líderes de China han respaldado un conjunto de reformas que podrían provocar el viraje de la economía de una dependencia de las exportaciones a un crecimiento liderado por el consumo.

Hasta ahora, esta transformación estaba encuadrada en términos de objetivos y aspiraciones amplios. Por ejemplo, el duodécimo Plan Quinquenal, adoptado en marzo de 2011, prometía el surgimiento de una economía liderada por el consumo, que descansaría en los pilares de la urbanización y el desarrollo de un sector de servicios embrionario. Más allá de la importancia de estos compromisos a la hora de establecer oportunidades para la clase media de China, carecían de un componente crítico: incentivos para que las familias chinas convirtieran sus nuevos ingresos en un consumo discrecional.

Por el contrario, la inseguridad financiera y económica se apoderó de los hogares chinos desde que el “tazón de arroz de hierro” -el sustento que el estado socialista ofrecía a los trabajadores y sus familias desde la cuna hasta la tumba- fue eliminado a fines de los años 1990. Por temor al futuro, los hogares han acopiado el ingreso incremental, en lugar de gastarlo en bienes de consumo. Los economistas llaman a esto ahorro preventivo. Los líderes de China lo calificaban de frustración.

Las reformas respaldadas por el Tercer Plenario se centran en esta cuña entre el ingreso y el consumo, al ofrecer propuestas específicas destinadas a alterar el comportamiento de las familias chinas motivado por el miedo. De especial importancia es la propuesta para canalizar el 30% de las ganancias de las empresas de propiedad del estado (SOE, por su sigla en inglés) -que actualmente rondan los 400.000 millones de dólares- a la red de seguridad social del país, que hoy tiene un financiamiento muy deficiente. El plan de seguro de salud nacional de China, por ejemplo, se jacta de brindar una cobertura casi universal cuando, en realidad, los beneficios que ofrece son desdeñables.

Lo mismo es válido para el sistema de retiro de China: la tasa de participación de la fuerza laboral ronda el 50%, pero sólo hay disponibles 600 millones de dólares en activos por trabajador (en planes de pensiones nacionales, de los gobiernos locales y privados, combinados) para cubrir los beneficios del retiro vitalicio. No sorprende entonces que las familias chinas, temerosas ante este futuro tan incierto, ahorren en exceso. Una red de seguridad financiada adecuadamente podría servir de mucho para atemperar las expectativas detrás de este comportamiento.

Otras medidas propuestas por el Tercer Plenario buscan cambiar las normas de conducta de las familias chinas. Una reconsideración importante de la política de un solo hijo es especialmente relevante, dada la necesidad de mitigar las presiones que surgen de una inevitable reducción de la población en edad laboral de China. La reforma del sistema de hukou (permiso de residencia) para permitirles a los ciudadanos transferir sus beneficios por prestaciones sociales de una ciudad a otra es vital para una fuerza laboral cada vez más flexible que ahora incluye casi 200 millones de trabajadores migrantes.

Los consumidores de China también deberían sentirse aliviados frente a la probable adopción de tasas de depósito basadas en el mercado para sus cuentas de ahorro, lo que reforzará el aumento incremental de los ingresos salariales. Este cambio de política postergado durante tanto tiempo es un componente importante de la enunciación oficial por parte del Tercer Plenario de la fijación de precios en base al mercado como el modo “decisivo” de asignación de recursos en China.

La palabra “decisivo” encierra implicancias importantes para los recursos que son clave -entre ellos, los combustibles, el capital financiero y, por supuesto, la moneda- que históricamente han sido objeto de una fijación de precios administrada por el estado. La retórica florida siempre fue un mecanismo importante para anunciar cambios importantes en las políticas -pensemos en las “reformas y apertura” de Deng Xiaoping a fines de los años 1970-. El uso del término “decisivo” por parte del Tercer Plenario para establecer una estrategia basada en el mercado es una táctica similar.

Todo esto coloca la estrategia de desarrollo de la China moderna bajo un nuevo foco. Empezando con Deng a fines de los años 1970, científicos e ingenieros -tecnócratas con la determinación de convertir una economía planificada centralmente y disfuncional en un coloso liderado por las inversiones y las exportaciones- formularon e implementaron un modelo de desarrollo orientado a la producción. Hoy, la próxima tarea es muy diferente: transformar el marco tecnocrático del modelo de producción en una visión aspiracional de una sociedad de consumo floreciente.

La necesidad de transitar este cambio plantea la pregunta más difícil de todas: ¿el nuevo liderazgo chino de “quinta generación”, encabezado por el presidente Xi Jinping, está a la altura del desafío? Existen tres razones para creer que sí lo está.

Primero, el papel de los tecnócratas en el alto liderazgo de China está declinando. Una investigación realizada por Cheng Li de la Brookings Institution revela que sólo el 15% aproximadamente de los actuales 25 miembros del Politburó son ingenieros y científicos, muy por debajo del 40% de 2007 y del 72% de 2002-. El análisis de Li apunta a la ascendencia relacionada de funcionarios sénior capacitados en leyes y ciencias sociales -que ofrecen un conjunto de habilidades que están mucho más alineadas con la visión de una sociedad de consumo.

Segundo, el Tercer Plenario estableció una nueva organización de alto nivel -el llamado Grupo Central Líder de Reforma-. Este pequeño grupo, que probablemente sea dirigido por Xi, desempeñará un papel esencial en cuanto a redactar lineamientos específicos para implementar las reformas propuestas por el Plenario -amenazando así con marginar a los tecnócratas tan dominantes durante tanto tiempo a la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, heredera de la antigua Comisión de Planificación Estatal.

Para concluir, la base de poder de Xi es mucho más amplia que la de sus dos antecesores, Jiang Zemin y Hu Jintao, quienes tuvieron transiciones turbulentas en los primeros años de su gestión. A diferencia de Jiang y de Hu, Xi asumió rápidamente el comando del Partido Comunista Chino, del gobierno y del ejército, y piloteó de manera muy efectiva las reformas históricas del Tercer Plenario.

Como siempre, los resultados se verán en la práctica sólo cuando se lleve a cabo la implementación. Pero ahora que los líderes de China se concentran honestamente en alinear las normas de conducta de la vasta población con la próxima fase de transformación, la cuestión de una China liderada por el consumo se ha vuelto más imperiosa que nunca.

Stephen S. Roach, former Chairman of Morgan Stanley Asia and the firm’s chief economist, is a senior fellow at Yale University’s Jackson Institute of Global Affairs and a senior lecturer at Yale’s School of Management. He is the author of the forthcoming book Unbalanced: The Codependency of America and China.

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