Cómo el término ‘género urbano’ acabó blanqueando al reggaetón

Luis Fonsi, cantante del éxito "Despacito", en el concierto Venezuela Aid Live en Cúcuta, Colombia, el 22 de febrero de 2019. (AP Photo/Fernando Vergara)
Luis Fonsi, cantante del éxito «Despacito», en el concierto Venezuela Aid Live en Cúcuta, Colombia, el 22 de febrero de 2019. (AP Photo/Fernando Vergara)

El género urbano​. La música urbana. El pop urbano. Estos términos han sido usados por medios de comunicación, artistas y la industria musical para englobar a géneros como el reggaetón, dembow, dancehall, trap, rap, raggamuffin y otros. Pero estos géneros, tan distintos entre sí, sólo tienen una cosa en común para calificar dentro de esta burbuja de términos «urbanos»: tienen raíces en la música creada por gente negra.

Las etiquetas urbano o música urbana han sido solo una manera de facilitar el camino para que artistas blancos vayan apropiándose de géneros de la música negra y ocupen esos espacios, aprovechándose de la aceptación y el éxito comercial masivo que tienen hoy en la industria musical. Este término genérico para definir a los ritmos es una etiqueta con connotaciones racistas: históricamente ha sido más fácil para los medios de comunicación apoyar a artistas y géneros blancos que a artistas y géneros afrodescendientes. Por ello, necesitamos dejar de usar los términos música urbana, urbano o género urbano para referirnos a ellos.

El género urban apareció en los 70 en la radio de Estados Unidos como una caja donde poner todo lo que tuviese raíces afrodescendientes: soul, R&B, funk, hip hop. Lo han utilizado desde entonces los artistas blancos y la industria para poder encajar mejor con estos ritmos sin necesidad de nombrarlos. Pero las cosas están cambiando.

En junio, Republic Records, sello de Universal Music Group —disquera de Drake, Kid Cudi y The Weekend—, anunció que dejará de usar el término urban. Señaló que era una práctica que “pertenecía a otras épocas”. También los premios Grammy​ comunicaron que cambiarán el término Urban Contemporary por Progressive R&B, aunque sin dar a explicar el significado de esa categoría.

Esto no ha sucedido aún con los ritmos latinos. Los medios masivos musicales en Estados Unidos que hablan de reggaetón y trap latino —como Pitchfork y Rolling Stone— siguen usando, como lo han hecho históricamente, urban o música urbana.

En América Latina el término urbano también se sigue utilizando en la industria musical: ceremonias de premios, canales de televisión y estaciones de radio. Ha sido más fácil llamarle así, por ejemplo, al reggaetón.

Este género se popularizó en las calles de Puerto Rico en los años 80 e, inicialmente, muchos de sus mayores exponentes eran afrodescendientes. En los últimos años, el reggaetón se ha convertido en una presencia global y un éxito masivo. Ha puesto a la música en español en niveles nuevos: tener la canción más reproducida en la historia de YouTube (“Despacito”), ser más popular en Estados Unidos que el country y la electrónica, y tener a sus artistas encabezando carteles de festivales masivos como Coachella o Lollapalooza.

Sin embargo, en América Latina el género ha sufrido clasismo y racismo desde sus inicios. Hasta antes de tener esta explosión comercial global, en la segunda década de los 2000, era difícil para sus artistas encontrar espacios para el reggaetón: había pocos bares, estaciones de radio y canales de televisión que le dieran lugar, por ser históricamente asociado a “clases bajas”, ser música de “mal gusto” o el contenido de sus letras.

Cuando empezó a generar ruido en medios masivos e internacionales, a comienzos de este milenio, se le llamó por su nombre propio. No se le enmarcaba en alguna etiqueta urbana. Hay textos de The New York Times en 2003 o de The Washington Posten 2005 donde se le llama reggaetón y lo describen como “hip hop influenciado por el reggae con base en Puerto Rico”.

Pero, poco después, las disqueras y medios lo catalogaron como “género urbano”: una etiqueta que encontró la industria musical para moldearlo, mercadearlo, hacerlo más “vendible” y alejar al reggaetón de sus raíces afrodescendientes. Estar asociado a la palabra reggaetón era problemático.

Se crearon entonces departamentos en las disqueras que trabajaban con artistas urbanos, canales de televisión​ urbanos, emisoras urbanas y demás. Esto generó que algunos cantantes de reggaetón tomaran distancia del nombre. Por ejemplo, en esta entrevista de 2015 a Nuevo Día, Maluma dice: “No soy reggaetonero, hago pop urbano«.​ Cantantes de música pop —como el mismo Luis Fonsi, de “Despacito”— también decidieron meterse al género urbano.

Hay quienes no están de acuerdo con la etiqueta, como Nicky Jam y Tempo (precursor del reggaetón, rap y trap en español). En una entrevista a Rapetón, el primero dijo sobre el tema: “Yo creo que está bien que a cada género se le llame por su nombre y cada uno tenga su clasificación”. Tempo agregó: “A mí la palabra urbano hasta me da alergia”.

Zion, cantante, opinó en otra entrevista: “Tendría que llamarse por su nombre. Esa parte hay que modificarla, hay que gente que canta más pop que reggaetón”. Don Omar le dijo a Billboard: “Necesitamos valorar los géneros que nuestros fans aman, llamarlos por su nombre: reggaetón es reggaetón”.

J Balvin también ha opinado mucho sobre este tema, defendiendo el uso de la palabra reggaetón, nombrando así un sencillo y señalándolo en entrevistas y videos. Incluso su mercancía aparece con esta palabra. Pero DJ Pope, colaborador y DJ de J Balvin, dijo en una entrevista a VICE En Español que el éxito “Ginza” duró un año en ser aceptado por la disquera porque la letra contenía una frase que decía “si necesita reggaetón, dale”. “Ginza”​ fue estrenada el 20 de julio de 2015 y se convirtió en una de las canciones insignia de J Balvin.

Los servicios líderes de streaming siguen llenos de playlists oficiales con le término urbano. También existe una ceremonia de premios llamada Premios Tu Música Urbano​, donde se premia a artistas que hacen reggaetón, trap, dembow o dancehall. Toda la industria musical sigue en el mismo camino.

Aunque en Estados Unidos la discusión avanza, en América Latina no hemos aportado mucho a la conversación. Estamos atrasados. Hay que adoptar una nueva cultura, encontrar nuestra narrativa propia y nombrar a los géneros cada uno por su nombre. Hay medios, como Remezcla, que han decidido nombrarlo como “el movimiento”. Pero la idea no es buscar otro término para generalizar.

Si los artistas con más representación de estos géneros, las disqueras, medios y servicios de streaming dejan de utilizar estos términos obsoletos, no pasará mucho tiempo para que esta situación sea una cosa del pasado y nombremos a los géneros por su nombre, reafirmando sus raíces afrodescendientes y el camino que sus exponentes han tenido que ir creando.

Diego Urdaneta es periodista musical y miembro asociado de la Academia Latina de Grabación (Latin Grammys).

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