¿Cómo hemos llegado a esto?

No habían transcurrido aún dos horas del final de la conferencia de Artur Mas que una voz autorizada y conocedora de lo que se cuece en el Madrid oficial me manifestaba entre perplejo y asustado: “¿No será verdad que Mas y Junqueras pueden ir juntos a las elecciones? ¡Que horror! ¿Cómo hemos llegado a eso? ¿Este Mas no se cansa nunca?”. En la distancia era evidente que algo importante había ocurrido en la tarde-noche del 25 de noviembre y que el discurso del president trazando una hoja de ruta muy detallada, con el objetivo final de la independencia de Catalunya a finales del 2016, había causado un gran impacto. Era normal que estas fueran las reacciones en Madrid, donde siempre ha existido la sensación que el proceso catalán es una apuesta que descarrilaría si unos pocos despachos lo quisieran realmente. Una percepción no muy diferente a la de aquellos que desde el principio sostienen que el movimiento soberanista está condenado a fracasar por sus dificultades intrínsecas, esas que todo el mundo sabe que existen y que no son pocas, y por una constante histórica del catalanismo político: su división y gran miopía en los momentos trascendentales y que, a lo largo de los tiempos, no ha sido otra cosa que la antesala de la derrota. José María Aznar ya hurgó hace un tiempo en esta herida cuando declaró que antes se iba a romper Catalunya que España con una frase al diario Abc que ya forma parte de las hemerotecas: “Catalunya no podrá permanecer unida si no permanece española”.

Cómo hemos llegado a estoHay que remontarse al 20 de septiembre del 2012, nueve días después de la primera Diada multitudinaria, bajo el lema “Catalunya, nou Estat d’Europa”, para comprender el 25 de noviembre de 2014. Aquel día de septiembre y en tan solo tres horas se jugó el destino de España. O, si se quiere decir más suave y detalladamente, el fracaso de aquella cita en la Moncloa convirtió en irreversible la apuesta de Mas por el Estado propio y a su vez en insuperable la afrenta que Mariano Rajoy sintió por el desafío del president. Rajoy, perfectamente conocedor desde finales de agosto del 2012 del camino que iba a emprender Mas si no había acuerdo sobre el pacto fiscal, siempre creyó, con mayor o menor convencimiento, hasta el pasado 9 de noviembre, que el líder de CiU iba, en parte, de farol.

La colocación de las urnas en contra de la sentencia del Tribunal Constitucional dejó dos cosas meridianamente claras para cualquier observador neutral: Mas iba a jugar a fondo sus cartas en Catalunya bajo un paraguas independentista y lo iba a hacer con una táctica ofensiva. En primer lugar, presionando a Esquerra para compartir una candidatura electoral que descanse en personalidades del independentismo y no en los partidos políticos. En segundo lugar, acortando los plazos sin renunciar en ningún momento al diálogo con el Estado. De ahí un calendario de 18 meses para conseguir la independencia. En política, la técnica Guardiola también puede ser ganadora, piensa Mas. Sobre todo si el rival se encuentra perdido en un laberinto de legalidades, fiscales y jueces frente a urnas, papeletas y la impecable apelación a la democracia. Hasta el momento, la iniciativa política de Mas es sorprendentemente audaz y es poco discutible que le ha permitido recuperar la iniciativa política, ganar credibilidad en el espacio independentista y reforzar su liderazgo en la siempre permeable sociedad catalana. Si Mas necesitaba un plan B antes del 9-N, hoy quien lo necesita y con urgencia es Rajoy. Y no sólo en Catalunya.

Vale la pena darse una vuelta por el Museo de Planos, Relieves y Maquetas, situado en el ático del Museo Militar, en Les Invalides. Posee una colección de maquetas única en el mundo. El museo, que hasta hace dos décadas estaba en el Louvre, ocupa una sala de unos mil metros cuadrados en la quinta planta, está especializado en el arte de las fortificaciones y muestra una importante recopilación de modelos y prototipos de defensa en más de cuarenta ciudades. Pues bien, una atenta observación permite avanzar en la asimilación de los criterios técnicos de defensa imperantes entre la segunda mitad del XVII y durante dos siglos con una notable influencia de Vauban, el ingeniero militar francés que trabajaba para Luis XIV y al que Sánchez Piñol dio popularidad entre el gran público con su imprescindible Victus. Si Vauban desarrolló un implacable método de defensa que reflejan las maquetas de Les Invalides también contribuyó a un nuevo sistema de ataque a las plazas fuertes de la época. Ataque y también defensa. O defensa y sobre todo ataque.

Aunque la hoja de ruta diseñada por el president ha sido más del agrado de una parte de los votantes de Esquerra Republicana que de algunos de sus dirigentes, también es comprensible que el partido de Oriol Junqueras pretenda hacer previamente inventario del impacto que ha producido el misil de una candidatura unitaria formada por personalidades de la sociedad catalana y representantes propuestos por los partidos. De la decisión de Junqueras va a depender el ritmo de la legislatura y una salida compartida con Mas a las incertidumbres electorales del momento. De la posición final de la ANC y de Òmnium, una idea clara sobre sus preferencias por una lista muy amplia o por el modelo clásico de listas partidistas. Y de la visita de Rajoy mañana a Barcelona, una nueva ocasión para conocer si (se) va a conceder una oportunidad al diálogo o mantiene la actitud cerrada sobre la consulta.

De entre las críticas que Mas ha recibido por su intervención hay una especialmente sintomática, no tanto por su importancia sino por la incapacidad que refleja a la hora de elaborar un diagnóstico de lo que realmente ocurre en Catalunya. Es la que se refiere al interés del president por hablar en nombre propio y no de un partido, el suyo, Convergència Democràtica, ni de la federación nacionalista de Convergència i Unió, cuya lista ha encabezado desde el 2003 en cuatro ocasiones. Mas decide asumir un tono marcadamente presidencial en un momento que pretende ser trascendente en la historia del país. Nadie se imagina, por ejemplo, a un presidente francés hablando en nombre de los partidos que le apoyan y no en su condición del cargo para el que ha sido elegido y del que es inseparable para cualquier propuesta a la ciudadanía. Este es el papel que asume Mas. Allí presidente de Francia, aquí presidente de Catalunya. Un president plenamente consciente de la extraordinaria trascendencia del paso que está dando y, por lo que parece, dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias.

En un ensayo reflexivo y biográfico que escribieron a cuatro manos François Mitterrand y el premio Nobel de la Paz de 1986, el escritor de origen judío y húngaro Elie Wiesel, que lleva por titulo Mémoire à deux voix (Editions Odile Jacob, 1995), el expresidente de la República Francesa responde a bocajarro cuando se le pregunta: ¿No le da miedo el fervor colectivo? “Tengo en esos momentos conciencia de mis responsabilidades. La tarde de mi primera elección a la presidencia de la República (año 1981) me hallaba en Château-Chinon. Se declaró una tempestad. Recuerdo haber regresado en coche bajo trombas de agua. El coche, azotado por el agua, rodeado de brumas, avanzaba dificultosamente. Sentía la alegría del triunfo y la responsabilidad de la tarea que iba a asumir, pero esa tempestad me parecía un símbolo de las dificultades a superar”. El pasado miércoles llegaron al fin las esperadas lluvias a Catalunya y con ellas, quién sabe, una apelación a aquella responsabilidad de la que hablaba Mitterrand y que Willy Brandt hizo escribir en su tumba como epitafio: “He hecho lo que he podido”.

José Antich

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