Cómo la desigualdad impulsó la crisis del euro

Después de la Gran Recesión de 2007-2009, los economistas en general empezaron a considerar que el sistema financiero es un factor clave del ciclo económico. Pero la dinámica exacta todavía no se comprende bien.

Por ejemplo, Amir Sufi (de la Universidad de Chicago) y Atif Mian (de Princeton) sostienen que la expansión crediticia provocará una grave recesión tan pronto como las familias, por la razón que sea, pierdan acceso a la financiación que necesitan para prorrogar sus deudas. Pero este argumento pasa por alto un factor clave, ejemplificado en la crisis de la eurozona.

La creación del euro fue acompañada por una liberalización financiera a gran escala, que incluyó la eliminación de controles de capitales y la adaptación del marco jurídico para permitir a cualquier banco europeo la apertura de filiales en el extranjero. Este proceso llevó a una competencia creciente en el sector bancario y a un aumento progresivo de la proporción de bancos privados respecto de los públicos.

El resultado fue una caída generalizada de los tipos de interés a largo plazo y un aumento del crédito como proporción del PIB. En casi todos los países europeos, el endeudamiento de las familias aumentó, pero el efecto de esta expansión crediticia sobre el consumo privado fue muy diferente en los países del núcleo de la UE (donde creció el superávit de cuenta corriente) y en los de la periferia (donde se acumuló el déficit).

¿Por qué una misma alteración de la oferta crediticia produjo respuestas tan disímiles? Como muestra un estudio reciente, el proceso de liberalización financiera de la eurozona supuso un cambio más profundo en la periferia que en el núcleo: la primera tenía menos cuentas de capital abiertas, más bancos públicos en relación con los privados, tipos de interés a largo plazo más altos y ratios crédito/PIB inferiores.

El mismo estudio sostiene que en los países periféricos, donde la represión financiera era mayor, la principal expectativa asociada con el proceso de liberalización fue que quienes antes carecían de acceso al crédito (debido a, por ejemplo, bajo nivel de ingresos o de ahorro) ahora podrían endeudarse para financiar un mayor consumo. Es decir, los hogares de bajos ingresos, que representan una gran proporción de la población en los países relativamente más desiguales de la periferia, fueron los principales actores del cambio en la posición externa de esas economías.

En el núcleo de la eurozona, en cambio, el efecto inicial de la introducción del euro fue sobre todo un aumento de la cantidad y calidad de las oportunidades de ahorro, expresado en una mejora de la relación entre riesgo y rendimiento. Esto benefició ante todo a los hogares pudientes, permitiéndoles (por ejemplo) endeudarse para hacer inversiones a largo plazo que financiarían el consumo futuro, en vez del consumo presente.

Como los hogares de ingresos superiores constituyen una fracción mayor de la población total en estos países (que también tienden a tener niveles de desigualdad menores), el consumo agregado se mantuvo controlado. Y cuando en los noventa la desigualdad comenzó a aumentar (particularmente en Alemania) estos hogares tuvieron todavía más motivos para ahorrar más.

Estas tendencias contrapuestas entre la periferia y el núcleo se intensificaron tras el estallido de la crisis financiera global, y la eurozona entró en recesión. En la periferia, los primeros expulsados del mercado laboral fueron los trabajadores poco cualificados. Como las dificultades provocaron un aumento de aversión a riesgos en los bancos comerciales, esos consumidores en situación endeble ya no podían pedir prestado para prorrogar sus deudas y financiar el consumo presente, que se estancó, profundizándose así la recesión.

En los países del núcleo, en cambio, los principales deudores eran hogares pudientes que se vieron menos afectados. En caso de reducción de ingresos contaban con sus ahorros a modo de protección. Así que la gravedad de la debacle dependió no tanto del nivel de deuda de los hogares, cuanto de la distribución de la deuda entre los diversos niveles de ingresos.

Hasta cierto punto esto es bueno. Puesto que la periferia ya pasó por el shock inicial de la liberalización financiera, es menos probable que cambios futuros en la oferta crediticia la afecten demasiado. Y el traslado de la regulación macroprudencial del nivel nacional a la Unión Europea puede reforzar esto al promover una mayor armonización del crédito bancario.

Pero hay un problema: la regulación financiera en el nivel de la UE sólo se aplica a los grandes bancos sistémicos, de modo que es improbable que afecte las operaciones de pequeños bancos locales que otorgan préstamos de poca cuantía a consumidores impacientes de bajos ingresos.

El mejor modo de fortalecer la solidez financiera de la eurozona es apuntar a los incentivos para el endeudamiento. Y para esto, lo mejor es ayudar a las personas de bajos ingresos que piden prestado, mediante la inversión de recursos europeos en educación y mejora de la calidad del empleo. Incluso en el núcleo, una mayor igualdad de oportunidades puede mejorar la moral de la población y reducir el ahorro precautorio. La mejora del capital humano y una mayor igualdad de oportunidades deberían ser un tema central de las negociaciones para el próximo marco financiero plurianual de la UE, con el posible apoyo también del Banco Europeo de Inversiones.

El común denominador de las propuestas actuales de reforma de la eurozona es que se complete la creación de una unión bancaria, algo que muchos consideran necesario para reducir la fragmentación financiera y cortar el círculo vicioso entre los bancos y la deuda soberana. Es el área donde es probable que haya más avances de aquí a la reunión de junio del Consejo Europeo. Pero, aunque una unión bancaria sería un paso positivo, este no estará completo si no se toman medidas para reducir la desigualdad.

Benedicta Marzinotto is Lecturer in Economic Policy at the University of Udine and Visiting Professor of EU Macroeconomic Policies and Governance at the College of Europe. Traducción: Esteban Flamini.

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